Un episodio tan insólito como preocupante ocurrió este miércoles por la mañana durante una cobertura televisiva en Dock Sud, por las inundaciones que ocurrieron durante la madrugada. Un equipo del programa conducido por Pamela David fue víctima de un robo en pleno móvil en vivo, y la reacción del periodista quedó registrada ante las cámaras.
Todo comenzó cuando el equipo regresó al vehículo en el que se trasladaba y encontró señales evidentes de un ataque. La ventanilla estaba rota, el interior revuelto y faltaban tanto pertenencias personales como herramientas de trabajo esenciales para la transmisión.
“Se llevaron todo”, relató el cronista Diego Lewen en vivo, visiblemente alterado, mientras describía que entre los objetos robados había mochilas, equipos de grabación e incluso la rueda de auxilio del auto.
Pero la situación no terminó ahí. En medio del desconcierto, el periodista y su equipo divisaron a uno de los sospechosos que escapaba del lugar. Sin dudarlo, iniciaron una persecución improvisada por la zona, guiados también por indicaciones de vecinos.

La escena fue tan caótica como impactante. En vivo, el movilero corrió detrás de los delincuentes, que huían con los elementos robados. En un momento, logró identificarlos a la distancia, y uno de ellos llevaba incluso el trípode de la cámara mientras escapaba.
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A pesar del intento, la persecución no tuvo éxito. Los ladrones lograron perderse y escapar con todo lo robado.
Más allá del episodio puntual, el hecho volvió a poner el foco en la falta de seguridad en el partido de Avellaneda. Durante la transmisión, el equipo denunció la ausencia total de controles, cámaras y presencia policial. “No hay nadie”, señalaron, y aseguraron que incluso los delincuentes pasaron frente a un puesto policial sin ser interceptados.

El episodio, que rápidamente se viralizó, expone no solo la vulnerabilidad cotidiana frente a la inseguridad, sino también el nivel de desprotección en situaciones públicas y en pleno horario de trabajo. Una escena que mezcla absurdo y alarma, pero que, sobre todo, deja abierta la pregunta de qué tan naturalizado está ya convivir con este tipo de hechos incluso frente a una cámara en vivo.
RG / EM