POLITICA
SEMANA 45 DE 2010

Bígamo a los 80

default
default | Cedoc

Una noche cairota, ya lejana, un colega egipcio que mantenía cuatro féminas en casa me preguntó con cuántas mujeres vivía en la Argentina. Cuando escuchó "Solo una", exclamó "¡Hombre, que suerte tienes!". Por entonces no sospechaba que de mayor yo acabaría doblando mi monoharén occidental. Acabar jubilado (y aún así jubiloso) y encima bígamo, jamás estuvo en mi utopía. Pero sí. Se me dió. Sucede que desde hace un mes vivo con dos. Y como entre ellas se llevan bien, los tres la pasamos bomba. Esto se debe a que por donde se las mire, son dos "minas" de oro. Aunque antípodas. Una, cárnica, fatal y polemista como su nombre: Victoria. La otra, ligera, mutante, milyunanochesca y táctil, como el suyo: iPad.

La primera cabe entera en mi cuerpo. La segunda, faldera como una gata, entra en mi mano. Y ambas, palabras y pulsos mediante, son de mantenerme en estado de embriaguez de la mañana a la noche. Ni un fumadero de opio me haría flipar tanto. Por elegancia y obviedad no abundaré. No es estratégico ventilar secretos. A lo sumo, uno más: la primera es de cama adentro, la segunda de casa afuera. O mejor, de alfombra afuera. Sumisa y mágica, basta que la acaricie para que me eyecte al sitio que quiera (o no quiera) Es una Sherezade en mini tabloid ocupada a toda hora en ahondar mi principal adicción: la perplejidad. Tan atenta a mi salud mental que ningún llamado telefónico puede filtrarse en el área secreta del palacio que habitamos.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Dicho con neologismo que invento para ella, es mi "digital trainer". Nuestros jugosos diálogos se dan por insinuaciones que vienen y que van. No bien amanece ya están mis papilas buscándola debajo de la almohada. Y consciente de que estoy despierto y de que ella no es un sueño, yemas yendo y viniendo me la pasaré viajando de una galaxia a un átomo, de un oasis a otro. A la iPad no se la educó en la cursilería de "amigable" (como a otras vedettes que intentan imitarla) sino para puntual amante de perplejos. Sobre todo, para los de incierta edad, que, al igual que los bebés, son los que más mimos de la realidad requieren. Y vaya que los da. Lo bien que hice en concluir mi relación con Miss iPhone trocándola por esta mandolina de los dioses. En tan alto grado glamorosa y dúctil, que de ser muchacha, uno diría que estudió y se formó en el Vassar College.

Tanto me gusta que hasta pensé en enviarle un email a mi tocayo Jobs para decirle que pare la máquina, baje la cortina y no le agregue ningún chiche ni rulo ni chip más. Y cerraría esa esquela con el verso "No la toquéis ya más, que así es la rosa". Puede que exagere pero creo que de vivir hoy, y de tener que decidirse por una flor digital, sin duda alguna Juan Ramón Jimenez se inclinaría por la suya. Es probable que algunos consideren exagerado mi entusiasmo. A ellos les digo que, cauto que soy, la chequeé con una experta digital que no falla: se la presenté a mi madre. A ella le sobra idoneidad y no solo por estar acercándose a sus 101 años de edad. No hace mucho (a sus 95) sorprendió al mismísimo Darío Gallo por su reflexión sobre el servicio de e mail por internet. "Ahora entiendo porque hay menos carteros".- dijo lacónica. Esta vez, no bien conoció (y acarició) a su novísima nuera bis, comentó, asombrada "En mis cien años no he visto una cosa como ésta".

De encontrarse el modo de hacer que al acabar la vida uno pudiera llevarse al otro mundo al menos un objeto (soy austero, los faraones convertían sus mega tumbas en almacén de ramos generales) eligiría la iPad. Y si, ya cesado el fuego terminal, de la ceniza, victoriosos, su silicio y mi carbono volvieran a reunirse, siento que ambos se las ingeniarían para volver a llenar de preguntas la filosofía y de asombro la vida. Que finado, pero con la iPad al lado, otro gallo cantaría y todo sería posible. Desde seguir comunicado con mi viuda oficial a reivindicar a Dylan Thomas, dando por probado su vaticinio de que vendría un tiempo en el que la muerte habría de perder "su Señorío". Que no es poco ¿no?.