Las denuncias de corrupción y el análisis político con miradas apocalípticas son su fuerte. Sin embargo, su faceta humorística no había emergido públicamente. Chistes, fotos graciosas y comentarios sarcásticos ya forman parte de la campaña de Elisa Carrió.
Con la ayuda de las redes sociales, Lilita desplegó su cara poco conocida: la bromista.
“Son cosas que se le ocurren a ella, todos los que la conocen de hace muchos años saben que tiene mucho humor, pero ahora con las redes sociales se hizo masivo”, explica uno de los dirigentes que la acompaña desde los 90.
Un grupo de asesoras, en su mayoría amigas, la ayudan con el Twitter y el Facebook, y suben las imágenes.
“Está de muy buen humor e intenta comunicar de otra manera. No hay un equipo de comunicación diciéndole que se saque una foto, es ella a la que se le ocurren esas ideas”, apunta uno de los legisladores de la CC-ARI.
“Siempre tuvo picardía, ahora la tiene más a flor de piel”, agrega. Según cuentan en el Congreso, su padre era un hombre muy divertido y quien le inculcó la ironía y las bromas como forma de sobrellevar situaciones complejas.
Una de las imágenes con mayor repercusión fue la que se tomó debajo de un auto, acostada. Lilita estaba de viaje por Salta. Minutos antes, una pareja de jubilados la alertó de que Aníbal Fernández la había amenazado con buscarla por todos lados tras haber sido acusado de tener vínculos con el narcotráfico. Ella les respondió a los jubilados que se tranquilicen, y segundos después se le cayó una cadenita al piso y, al agacharse a recogerla, se le ocurrió retratarse debajo del auto para “esconderse” de Aníbal.
Otro paso de comedia: tras ver dos sketches en el programa de Jorge Lanata donde se la imita “casada con Pino” (Solanas), tomó el chiste y la semana pasada llevó un bebé de plástico, llamado “La Republiquita”, a Mar del Plata, donde presentaba su nuevo libro, y le pidió a una pareja un cochecito para llevarlo.
Otra foto divertida se dio en un café de un bar en Recoleta cercano al Instituto Hannah Arendt, donde da clases. Allí se fotografió con un senegalés que vendía joyas y artesanías.
Las fuentes coinciden en que el humor no es algo nuevo en su intimidad. En 2001, cuando lideraba la comisión de lavado de dinero, a horas de firmar el dictamen, la diputada Cristina Kirchner se acercó a la casa de Lilita y la encontró sentada en una cama, con una computadora, una caja de bombones y una serie de libros. Se fue espantada.