POLITICA
EL BARRIO LOS HORNOS, LA PLATA

De fábrica de ladrillos a cantera de crímenes

Fue creado por la Generación del 80 para abastecer de ladrillos a la recién creada capital provincial y, por eso mismo, fue símbolo de progreso. De ahí salieron los asesinos de José Luis Cabezas y volvieron, ya liberados. Allí desapareció el testigo Julio López, hace cuatro meses, y doce días atrás fue asesinado Darián Barzábal, de 17 años, supuesta víctima del gatillo fácil policial. En Los Hornos, un grupo de vecinos se encarga de garantizar la seguridad; la Policía detiene a menores por no llevar documentos; 300 comedores alimentan a los pobres y los punteros políticos prosperan. Violaciones y robos son moneda corriente.

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MEMORIA. Jos Luis Cabezas, Jorge Julio Lpez y Darin Barzbal, tres casos ligados al barrio caliente. La virgen de Los Hornos representa el trabajo y la solidaridad de sus fundadores. Sntesis de la Argentina. | Cedoc

Podría haber sucedido en cualquier barrio pero pasó en Los Hornos, La Plata. Fue la cuna de los asesinos de José Luis Cabezas, el jueves 25 hará exactamente 10 años; fue la desaparición de Jorge Julio López hace cuatro meses; y el asesinato de Darián Barzábal, doce días atrás. El desempleo, las drogas, la inseguridad y la pobreza estigmatizan el barrio. El caso Cabezas marcó a los hornenses para siempre pero “no todo Los Hornos son los horneros”, como asegura Tota, histórica farmacéutica del barrio y víctima de 38 robos, boquete incluido.

En Los Hornos, las denuncias no se toman en la comisaría sino en “las embajadas”, como llaman a las casas de Betti Roses y Ángela Escobar. Ambas vecinas integran el Foro de Seguridad, una institución clave para combatir la inseguridad, y defienden al comisario Eduardo Zaffini, detenido por el crimen de Darián, “porque fue el único que nos ayudó”. “Los principales delitos son robos, violaciones y violencia familiar, venta de drogas y cobro de peaje. Le pedimos a la Policía que ingrese al barrio de civil para tomar las denuncias sin comprometer a los vecinos”, afirma Betti. “También alojamos en nuestras casas a las mujeres y niños golpeados hasta que los maridos se calmen. Salimos a buscar a López, pero la gente no se mete, participan muy poco. Ahora nos vienen a buscar de otros barrios como Olmos o Punta Lara para que los ayudemos”, agrega Angélica.

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María Alicia Lugo regresa del sueño profundo al que la arrastra la diálisis y escucha la noticia de la liberación de cuatro de los seis policías de la Comisaría 3ª, acusados por el encubrimiento del crimen de su hijo Darián. Quiso irse de Los Hornos pero su esposo se negó. “No nos vamos hasta que haya justicia”, dice. “A mi hijo le decía que lleve los documentos porque acá es una de las excusas para detener a los chicos. Siempre se la agarran con la gente del Bajo, la zona sur de Los Hornos. Se llevan a los menores y no avisan a sus familias.”

“Los Hornos es peronista desde siempre y, en general, católico –tiene nueve parroquias-”, explica el puntero kirchnerista Juan Peiro, a las órdenes del precandidato a intendente platense Carlos Castagneto, quien ya cuenta con 30 punteros en la zona. “Me considero un ‘junta votos’. Los vecinos piden trabajo y alimentos. Yo se los consigo. Cuando vienen las elecciones, cada puntero tiene una zona, la gente ya te conoce y sabe que puede confiar en tu candidato.”

Barro platense. Los 520 kilómetros cuadrados de Los Hornos incluyen zonas duras donde el asfalto nunca llegó y las casas son precarias, como en el barrio de la 153, entre 72 y 76, muy diferente de la avenida 66, centro comercial del barrio donde vive una clase media próspera. “Es difícil ser bombero en Los Hornos”, explica el sargento Da Silva. “En las zonas pobres tenemos casas de madera y chapa con tres garrafas. Nos dificulta entrar con el autobomba cargando 60 litros de agua por calles de tierra. Llegar dos minutos más tarde puede ser una tragedia”.

Ana María Moreno es trabajadora social, tiene 51 años, nació en Los Hornos y jamás se fue. “Este es el típico barrio de tanos y gallegos que vinieron a trabajar en los hornos de ladrillos, después se hicieron quintas de alcauciles y tomates. En los años 50 se instalaron las fábricas y el hornense se hizo obrero. En los 90, llegó el desempleo, y después, la droga”, relata. La fábrica más grande fue la Ripoll, dedicada a las conservas. Los vecinos dicen que ahora sirve de guarida para los delincuentes.
Los Hornos cuenta con una importante flota de carreros, o cartoneros a caballo, una opción para los desempleados. Un carro cuesta 3 mil pesos, a cuotas semanales de 100, pero es un trabajo de riesgo: el robo de caballos es un delito común. Alberto Romero fundó el comedor Madre Teresa en una de las villas de carreros. Se crió en un instituto de Menores y a los 20 entró en el servicio militar. “Al lado del instituto, la colimba me parecía el paraíso. Creo que a los pibes les hace falta el servicio militar para alejarlos de la droga, darles disciplina, que aprendan un oficio”, asegura. Recibe a 271 chicos por día y fue el primero en La Plata en implementar el sistema de viandas. “Los chicos se llevan los alimentos preparados para comer en familia. La Secretaría de Desarrollo Social municipal nos sacó la ayuda porque no hicimos campaña por el intendente Alak. Acá no damos comida por votos. Sería como cobrarla. El político siempre te pide algo a cambio pero los vecinos ya no creen en nadie. Seguro te aceptan la dádiva pero después te cortan boleta en las urnas”, afirma. Con las elecciones, los comedores se multiplicarán, aparecerán calles asfaltadas. Luego, Los Hornos volverá a su normalidad. Algún día, cuando nadie lo espere, volverá a ser noticia nacional.