POLITICA
El padre del presidente en un conflicto rural

Juan Grabois, Norberto Milei y el acuerdo por tierras que desató una disputa en Santiago del Estero

Dirigentes del Mocase enfrentados, acusaciones cruzadas y denuncias de violencia rodean el acuerdo que firmó el padre del Presidente por la cesión de 3.300 hectáreas a una comunidad campesina indígena.

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El momento de la cesión. El padre del Presidente sonríe junto a dirigentes cuestionados por sus pares. | cedoc

La visita de Juan Grabois a Santiago del Estero volvió a poner el foco en el conflicto territorial que tiene como protagonista a Norberto Milei. El diputado celebró que un grupo de campesinos lograra que el padre del presidente cediera 3.300 hectáreas de uno de sus campos a las familias que las reclamaban como propias. Pero el relato que circula como un triunfo para los sectores involucrados tiene un lado B: hay dirigentes que sostienen que el acuerdo firmado fue un atropello y un negociado entre un puñado de actores vinculados a la política local. La trama tiene un componente adicional, ya que todos dicen actuar en nombre del Mocase.

PERFIL habló con Adolfo Farías, el hombre que encabezó la firma del acuerdo con Milei. Se trata de un dirigente que se presenta como líder del Mocase, con aceitados vínculos con el peronismo provincial y que actuó como anfitrión de Grabois. “Hay personas poniendo palos en la rueda y diciendo mentiras. Me senté en la mesa de diálogo con el padre del presidente por mandato de la comunidad con el objetivo de resolver, a través del diálogo y no de la violencia, un conflicto que lleva más de 30 años”, aseguró.

Farías tiene la intención de defender su postura. En noviembre, PERFIL publicó que un grupo de dirigentes del Mocase lo había expulsado de la organización y que, desde entonces, el hombre avanzó con acuerdos que no fueron consultados con las comunidades, incluido el de Milei. Sus adversarios, entre quienes se cuenta a Javier Montenegro y Deolinda Carrizo -una mujer con una larguísima trayectoria en la lucha indígena campesina-, lo acusan de todo tipo de prácticas violentas, de amedrentamiento y de pactar por igual con el peronismo, La Libertad Avanza y el empresariado local.

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Montenegro y Carrizo ahora ratificaron sus cuestionamientos y aseguraron que a fines de diciembre, “Beto” Milei les hizo llegar un mensaje a través de una persona que trabaja para él en el campo. “Nos dijeron que el padre del presidente quiere tener una reunión para dialogar porque está arrepentido del acuerdo, que no quiere conflictos ni problemas judiciales y nos hicieron saber que había sido traicionado por Farías y gente”, aseguró Montenegro. El grupo decidirá en conjunto su respuesta en la próxima asamblea.

Farías desconoce el pedido de la reunión y dice que su acuerdo no tiene marcha atrás porque fue firmado ante escribano. Además, desconoce a Montenegro y Carrizo como autoridades del Mocase.

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Desde Buenos Aires resulta imposible saber qué sucede en el territorio santiagueño. Sin embargo, hay una voz que podría despejar ciertas dudas: la de Milei. PERFIL trasladó la consulta a la Casa Rosada y a Mario Habra, el representante legal de Beto Milei en la provincia, pero nadie quiso responder.

El padre del Presidente no está en medio de un conflicto cualquiera ni se trata de una pelea por el uso del nombre del Mocase. En Santiago del Estero, la historia de las luchas campesinas indígenas está atravesada por la violencia. Hoy, quienes apuntan contra Farías, dicen temer por su integridad y cuentan historias de amenazas permanentes. El dirigente, que tiene un pasado intransigente pero que ahora apuesta al diálogo con la clase política, rechaza todas las acusaciones.

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La visita de Grabois a la comunidad de Pampa Atún fue interpretada como una legitimación a Farías. El diputado utilizó sus redes para contar la historia de la recuperación de esa tierra y aseguró: “Lograron frenar el desalojo, pero no solamente lograron eso, sino tener un reconocimiento con escritura de que la tierra es de ellos”. El dirigente celebró la “heroica” lucha de los campesinos que “le ganaron a Milei”.

El acuerdo que festejó Grabois se firmó en septiembre de 2024 y consistió en la cesión de 3.300 hectáreas de un campo de 7 mil. En el paraje de Pampa Atín, el territorio en disputa, viven las familias de la comunidad Sentimiento de mi Tierra desde antes de la conformación del Estado argentino. Fue adquirido en 1995 por la empresa agropecuaria La Ponderosa SA, cuyo dueño mayoritario es Beto Milei.

Según cuenta Farías, cuando el gobierno de la provincia conformó una mesa de diálogo para resolver el conflicto se enteraron de que el dueño de la firma era el padre del presidente. Hasta entonces, en el lugar solo aparecían encargados y trabajadores. Montenegro y Carrizo sugieren que el acuerdo fue una especie de alianza entre el pejotismo y los libertarios locales.

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Consultados por la visita y por las acusaciones contra Farías, en el entorno de Grabois respondieron: “Lo que sucedió fue que hubo una ruptura en la organización (Mocase) y en ese marco hay disputas internas. Ni Juan ni el MTE están metidos en esas internas. Juan fue a conocer las tierras que se recuperaron a partir de ese acuerdo”.

“Esto no es una interna. Lo quieren hacer ver así. Pero aquí se trata del derecho a la tierra, del acceso al territorio y de las formas de gobernanza que tienen las familias en el territorio”, remarcó Carrizo. Esta versión sostiene que no todas las familias que están en el territorio fueron consultadas por el acuerdo y que desde entonces hay un grupo que resultó perjudicado, ya que tuvieron que abandonar algunas zonas (las que quedaron en manos de Beto) y reducir el radio de pastoreo de sus animales.

La postura de Montenegro y Carrizo es respaldada por otros dirigentes como Francisco Orellana. “El acuerdo no fue consultado ni autorizado por la comunidad directamente afectada”, aseguró a PERFIL y sostuvo que la situación “genera una profunda preocupación en las comunidades campesinas e indígenas”. “Esta situación resulta especialmente sensible, ya que la forma en que estos acuerdos son presentados públicamente puede dar lugar a interpretaciones que profundicen los conflictos territoriales y afecten derechos colectivos preexistentes”, agregó.

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Farías niega todas estas versiones y dice que actuó con el aval de las personas que están en el lugar. “Hubo una familia que vivía afuera de la comunidad. Se habían ido hace un montón de tiempo y después de que se resolvió el conflicto quisieron meterse a la zona que le pertenece a Milei”, aseguró. El dirigente asegura que el acuerdo fue un enorme triunfo y que su decisión de sentarse con el empresariado responde a su intención de dirimir estos problemas “sin muertos”. No es una forma de decir: el acceso a la tierra en ciertas zonas está atravesado por la violencia.

Todos hablan en nombre del Mocase, la organización provincial que nació en los ‘90 y que en 1997 se incorporó a la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-Vía Campesina), una plataforma de articulación continental de movimientos campesinos, indígenas, sin tierra y trabajadores rurales.

En 2001 el Mocase tuvo su primera gran ruptura. Carrizo, Montenegro y Farías formaron parte del mismo grupo hasta 2024. Algunos hablan de expulsión, otros de separación. Lo cierto es que hoy están en veredas opuestas.

Carrizo y Montenegro cuentan que son referentes de lo que se conoce como Mocase Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y que continúan integrados a la CLOC-Vía Campesina. De hecho, la dirigente está en la comisión política de la Vía Campesina junto con otra argentina.

Según Carrizo, en la actualidad se podría hablar de la existencia de hasta cinco Mocase, cada uno ubicado en distintos puntos de la provincia.

Farías no los reconoce como referentes. Se presenta al frente de la conducción del Mocase Vía Campesina y dice que la suya es la única organización legitimada por las comunidades. Mientras que lo señalan por haberse ido con actores clave para la disputa territorial (como abogados o funcionarios del Instituto Nacional Indígena), él asegura que sus adversarios no tienen poder de representación.

Peronismo sanjuanino y libertarios

El Mocase tiene una historia combativa caracterizada por la intransigencia. Montenegro sostiene que su grupo continúa alineado a la doctrina histórica de la organización y que desde que Farías comenzó a moverse de esta forma comenzaron las confusiones. “Muchas personas nos preguntan quiénes son los del Mocase, si ellos o nosotros. Estamos haciendo un trabajo en territorio, para hablar con la gente y decirles que nosotros no hacemos negocios ni acuerdos con el gobierno y mucho menos campañas políticas”, aseguró.

Montenegro se refiere a la posición que asumió Farías en las últimas elecciones, cuando decidió militar de forma activa para el peronismo. El dirigente no lo niega y, de hecho, su foto de WhatsApp es la imagen de la boleta del Frente Cívico con la que se postularon Elías Suárez y Carlos Silva Neder para la gobernación. En el medio de los dos, aparece el rostro de Gerardo Zamora.

La buena predisposición de Beto para resolver el conflicto justo después que su hijo llegara a la presidencia genera todo tipo de suspicacias. En Santiago del Estero hay quienes ya hablan de un PJ libertario. En el Congreso, la buena sintonía entre los espacios se advirtió en noviembre, cuando Zamora le aportó los votos necesarios a La Libertad Avanza para aprobar el Presupuesto 2026.

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Sobre el vínculo con el mileísmo, Farías sostuvo: “Como en todos lados, hay acuerdos y desacuerdos. Pero cuando fue la asunción del nuevo gobernador Elías Suárez lo vi sentado a Tomás Figueroa (el referente local de La Libertad Avanza). Pueden ser proyectos diferentes, pero hay mucho respeto”.

Según Montenegro y Carrizo, el respaldo político que tiene Farías le permite moverse de forma impune. Aseguran que su grupo lleva adelante todo tipo de medidas de amedrentamiento para que las familias acaten las decisiones que toma. “A los que tenemos otra posición se nos va dejando de lado. Sufrimos amenazas como que te dejen una bala en el vehículo que usás. Está muy oscura la situación y muchos compañeros se repliegan por las presiones de los patrocinadores del negocio”, sostuvo la dirigente.

¿Cuál es el negocio? El avance de la producción agrícola. El caso de Beto Milei llega a los medios nacionales por ser quien es, pero es apenas uno. En la provincia, la tensión entre las comunidades campesinas indígenas y los empresarios que se apropiaron de la tierra es histórica. Solo por poner un ejemplo que sirve para dimensionar el nivel de violencia: en 2016, el Mocase Vía Campesina denunció que la empresa de gaseosas Manaos habría contratado a una patota para desalojar a los tiros a una comunidad. El grupo de choque no sólo habría herido a una persona sino que también habría envenenado el agua del lugar.

Según Farías, su nueva posición dialoguista pretende colaborar para ponerle fin a este patrón. Según Montenegro y Carrizo, el dirigente solo busca hacer negocios. Milei, el apellido más famoso de esta trama, se mantiene en silencio.

GL/fl