Pasaron 2 horas y 8 minutos desde que el diputado Luis Petri acusó a Victoria Villarruel de apostar al fracaso del gobierno libertario hasta que la vicepresidenta decidió contestar. No se trató de un ataque de furia. Vio las declaraciones, pidió el recorte, evaluó qué decir y lo hizo.
Javier Milei subió al ring a su compañera de fórmula mucho antes de lo que Villarruel hubiese querido, al acusarla –sin nombrarla, pero sí con gestos– de ser parte de un grupo de dirigentes dispuestos a darle un golpe interno. Pero la titular del Senado niega cualquier posibilidad de querer adelantar los tiempos, mientras está convencida de jugar en 2027 y de que tiene mucho para decir de este Gobierno, sobre todo de su rumbo económico. Este no era su momento, pero no la dejó pasar y sus posteos son solo una muestra de lo que está dispuesta a decir.
La respuesta esta vez fue a Petri, por ser quien le puso su nombre a la acusación que había hecho en las horas previas el jefe de Estado. “Preocupante es que no responda aún por el vacío que dejó en IOSFA y que hizo su funcionario mendocino. Dejó a cientos de miles de militares y familias sin atención médica en los confines del país. Creo que, antes de divagar y comentar como una vecina chusma, debería ubicarse y ver cómo afronta judicialmente lo que parecería fue un desfalco de la obra social de los militares y sus familias. Sigo atentamente la causa judicial”, fue uno de los primeros posteos de Villarruel contra el exministro de Defensa.
En su calendario hacia 2027 ese momento aún no llega. Sin embargo, cuando decide apuntar, lo hace. Su campaña –sin hacer anuncios sobre su futuro electoral– serán las recorridas por el país. Y después de la pelea con Petri, su desembarco fue en Mendoza. Cuando le consultaron sobre su relación con el Presidente en medio de la visita, dijo que no quería desviar la atención. Su diferenciación, con buenos modales, con la Casa Rosada llega por ahora cuando habla de las “dificultades” que atraviesan los sectores a los que visita, como en este caso la vitivinicultura.
Cuando decide ir a una provincia, el personal de protocolo y ceremonial del Senado avisa al gobernador. No hay ningún aliado del oficialismo que le haya dicho que no vaya por miedo a alguna represalia de Javier Milei. Lo máximo que pueden llegar a hacer es no cruzarse. No fue el caso de Alfredo Cornejo, aliado del libertario, con quien este fin de semana compartió la Fiesta Nacional de la Vendimia. Llegó allí como presidenta a cargo, mientras Milei se fotografiaba con Donald Trump en Estados Unidos.
La vicepresidenta aún no desembarcó en la provincia de Buenos Aires, uno de los distritos en los que el próximo año le puede ocasionar más de un problema a La Libertad Avanza. “¿Qué hubiese pasado si en las elecciones de 2025 hubiese habido una lista de derecha allí con el aval de Villarruel?”, es la pregunta que se hace un dirigente cercano, y la responde de manera inmediata: “Si ponías a Claudia Rucci y caminaba con Victoria, no importaba cuánto sacaba; lo que importaba era que Diego Santilli perdía la elección”.
Pero la titular del Senado demostró durante este tiempo que no tenía decidido correrse de su rol institucional. No iba a jugar en contra en esta elección. Se cuidó, en campaña, de no dar ninguna señal que significara una ruptura de su parte.
A su alrededor miran números para saber qué piensan de ella los votantes de Milei que aún bancan al Presidente. También escuchan a los arrepentidos y a los votantes opositores. Pero, sobre todo, la titular del Senado lee cada uno de los comentarios que le dejan los distintos usuarios en sus redes sociales.
Cuando decida jugar apuntará a darle respuesta a los reclamos que recibe a diario. Hay un desencantado de Milei al que le tiene que hablar, pero quienes están detrás creen que también necesitarán del voto peronista. Por eso habrá espacio para hacer peronismo sin decir que son peronistas. ¿Cómo? Hablará de la necesidad de recuperar el trabajo, de atender a los sectores más vulnerables como los jubilados y, sobre todo, defenderá la industria nacional. El objetivo es convertir a Villarruel en la candidata opositora más fuerte y así poder ingresar a una segunda vuelta.
¿Quién la acompañará? Es demasiado pronto para salir a buscar aliados, pero cerca de la titular del Senado aseguran que Javier Milei se equivocó en ponerla en escena. El votante aún no le presta atención a la política, pero el discurso no pasó desapercibido para dirigentes y para un círculo rojo que se muestra cada vez más incómodo con el jefe de Estado, quien hizo que su mirada se posara un rato sobre Villarruel mostrando que hay una alternativa. Lo que marcan como un error del discurso presidencial creen que provino del enojo de Karina Milei, primera en apuntarla más que de una estrategia pensada.