Una de las primeras cosas que hizo Leonardo Sarmiento, una vez que volvió a su casa, fue sentarse a ver las tapas y recortes de los diarios y revistas en los que aparecía con su camiseta de Boca, colgado del tren después del accidente de Once. “Pasé cuatro horas esperando que me rescataran. Era tanto el sufrimiento y la impotencia, que le pedí a Dios que si pensaba llevarme, lo hiciera y no me dejara sufrir más. Hoy las veo y no puedo creer que soy yo el que estuve ahí”, relata aún conmovido.
Setenta y cuatro días pasaron desde aquella mañana del miércoles 22 de febrero cuando este plomero de 30 años subió al tren Sarmiento en la estación Ramos Mejía rumbo a Once. Desde entonces, se convirtió en uno de los símbolos del trágico accidente ferroviario que dejó un saldo de 52 muertos y 700 heridos. Después de estar internado durante más de dos meses en el Hospital Santojanni, adonde llegó con fractura de pelvis y debió ser operado de urgencia por aplastamiento de las dos piernas, fue dado de alta y recibió a PERFIL en su casa de Palomar.
—¿Cuáles son los recuerdos del día del accidente?
—Esa mañana tomé el tren a las siete y media para hacer un trabajo de plomería. Cuando estaba llegando a Once, me paré junto a la puerta para bajarme. De repente, escuché un ruido muy fuerte y después no me acuerdo nada más. Cuando desperté, aparecí colgado de la ventana.
—¿Cómo vivió el largo proceso de rescate?
—Fue espantoso, un infierno. Debajo mío había gente viva y muerta y para poder sacarme, los bomberos debían retirar todo los cuerpos. Sólo oía gritos y llantos. Durante cuatro horas, de la cintura para abajo no sentía absolutamente nada. Llegó un punto en que me desesperé. Era tanto el sufrimiento y la impotencia, que le pedí a Dios que si pensaba llevarme, lo hiciera. Me entregué a su voluntad. Hubo un bombero que después de sacarme, se descompensó por los nervios. Ese hombre fue una maravilla, sólo tengo palabras de agradecimiento hacia él y la gente del SAME.
Mónica Chegoriansky, su novia, recuerda que esa mañana encendió la tele a las diez y media y enseguida lo reconoció. “Entré en estado de shock, paré un auto y me fui directo para allá”, recuerda. Un día antes del accidente él le había propuesto casamiento.
—Después vino el período de internación en el hospital.
—Fue un proceso muy largo. Además de la fractura de pelvis y la atrofia muscular en las piernas, tuve daño neurológico a raíz del aplastamiento del nervio ciático. Por si fuera poco, perdí mi oreja derecha, aunque el tímpano no quedó comprometido. Estuve un mes en terapia intensiva, luego de la operación tuve fallas renales y me asistieron con hemodiálisis. Después pasé a terapia intermedia, hasta que el doctor Parada, jefe de traumatología del Santojanni me dio el alta el jueves 26 último.
Actualmente, Leonardo usa muletas y asiste a sesiones de kinesiología tres veces por semana. Debajo de la venda que lleva en su pierna izquierda, puede verse la cicatriz de una herida muy grande. El próximo paso será una nueva intervención de las dos rodillas, por ligamentos cruzados: “Los médicos y enfermeros me trataron súper bien”.
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