POLITICA

Mis amigos K

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Me llaman por teléfono y me invitan a marchar, valiente, contra el golpe de hace 34 años. Me mandan ristras de mails, me piden que apoye a la jujeña Milagro Sala, que haga un clic para darle de comer a un bebé wichi, que me sume a la cadena de oración contra la prensa canalla. Abren el chat a las 4 de la mañana para hacerme acordar que al día siguiente no deje de ver el programa de Felipe Pigna, que hará justicia sobre no sé cuál deformación histórica. Me envían cartas abiertas redactadas con los pies, tan antiguas, tan aburridas, tan directora severa de escuela. Me linquean youtubes del programa 678, para que vea cómo lo basurearon a Martín Caparrós, y lo que observo me da ganas de estamparme la cara de Caparrós en una remera y salir a marchar por la avenida Colón. Qué capo ese Orlando Barone, me comentan y yo, que recorté y leí durante años las columnas de Puerto Libre que Barone publicaba en La Nación, me pregunto qué clase de lobotomía le tiene reservado el destino a los periodistas lúcidos cuando llegan a viejos, porque nunca se puede haber sido simulador tiempo completo. Mis amigos K festejan los insultos tribuneros de Hebe de Bonafini. Yo recuerdo que muy derechayhumanamente les gritó ¡Bolivianos de mierda! a una familia que protestaba paseando el cadáver de un pariente en Plaza de Mayo, y cada vez quiero ser más boliviano, y quiero que a Bonafini le den el Nobel, así está más tiempo viajando. Mis amigos K me hablan de la teoría de los dos demonios, y me viene a la cabeza que a Sábato un abogado le cambió el prólogo del Nunca Más, para adaptarlo a las conveniencias actuales, a sus conveniencias actuales, y entonces digo que podríamos hacer lo mismo con Rodolfo Walsh, con los discursos de Perón, con las frases de Maradona: La pelota es derecha y humana. Hay un fusilado que vive, pero como no nos votó, a las muertes te las va a investigar tu tía. Mis amigos K, como los empleados que andan entre las góndolas de un supermercado, suelen tener etiquetas para casi todo, y Argentina es fácil de entender porque ahora la teoría es la de las dos veredas, y yo y muchos somos de esos a los que nos gusta caminar por el medio de la calle o colgarnos de cualquier árbol, o ir mejor a gritar a la tribuna de Belgrano, qué se yo, pero odio los consensos permanentes, las solidaridades que parecen complicidades, la obligación de pensar igual toda la vida, de conservar las mismas ideas como partenones cerebrales. Mis amigos K son capaces de llorar en las sentencias a Bussi y a Menéndez, y yo hace años que moqueo mejor frente a los hermanitos que limpian parabrisas y hacen malabares con dos piedras en los semáforos de Córdoba .Peor aún, mis amigos no se enteran que la letra K tenga también su responsabilidad sobre los hermanitos de la avenida Monseñor Cabrera. Mis amigos K parece que nunca leyeron nada sobre el festival del loteo en El Calafate, sobre la usura en Río Gallegos en los años setenta, sobre los días transcurridos en prisiones inexistentes, sobre la cocaína que daba vueltas en el maletero del aeropuerto de Barajas, sobre las coimas a las empresas constructoras, sobre los testaferros de los casinos, sobre la hija no reconocida de Aníbal Fernández, no parecen saber que Skanska no es el nombre de la rubia cantante de Abba. Les basta con que Cobos parezca una ablación de De la Rúa, les basta gozar ante la comprobación de que el deseo último de Carrió es ser crucificada sobre la pirámide de Plazo de Mayo, les basta la sospecha mafiosa sobre Duhalde, la sospecha de la indecisión eterna de Reutemann, les basta el papá impresentable y la billetera de Mauricio Macri, les basta que Juez sea gracioso para poderlo ignorar. Yo también tengo ganas de votar a los K cuando veo al ramillete de la oposición. Pero me resisto. Mis amigos K escuchan a León Gieco, y yo creo que los discursos K son largas, interminables canciones del Gieco menos inspirado, que si querés que me vuelva a mi Traslasierra natal yo quiero que tu empresa se vaya de mi país, y así seraaaá... Mis amigos K son capaces de hacer homenajes a magistrados o profesores adaptados a las nuevas circunstancias que ahora señalan con el dedo, por ejemplo a Menéndez, pero, saben -vamos, muchachos, ustedes saben- que esos pensaban igual que él hace 30 años y que hoy siguen pensando que menos mal que mataron a esos tipos, que así no se podía vivir, viste Mecha. Mis amigos K critican a los políticos y funcionarios arribistas, si no son arribistas K. Mis amigos K pelean por la nueva ley de medios, igual que yo, pero no pueden explicar por qué tanto apuro, por qué tiene que ser a los puñetazos, para qué compran tantos medios los amigos K. Mis amigos no hablan sobre los presos políticos de Cuba, sobre el tropicalismo del amigo Chávez, sobre los pagos K de la deuda externa, sobre los hechos que no sostengan los cartones de esta obra en cartel. Mis amigos K son a veces mis mejores amigos, entonces los quiero, los defiendo, me emborracho con ellos, vamos a discutir a las estaciones de servicio, a recitales, al bar, a la mierda, adonde sea, nunca los tolero porque me da algo de asquito decir que a un amigo uno lo sabe tolerar y no quisiera que alguna vez ellos dijeran eso de mí, que me toleran. Mis amigos K van a seguir llenándome la casilla con patrias en ofertas de temporada, con loterías para ganarse un presidente, con invitaciones a plantones heroicos frente a los feroces enemigos de turno, con memorias interesadas y convenientes progresismos. Mis amigos K saben que los quiero, aunque no sea tan cínico para hacer click para darle de comer a nadie mientras tengo el culo pegado frente a la computadora. Mis amigos K tienen mis casillas abiertas, tienen mis perfiles donde ofrendarme saludos, tienen mi blog para volver a insultar, para tuitearme que me recontra, para skypearme hasta el último gol presidencial. No quiero ver este texto en ninguna cadena antinada. Solamente lo escribí para contestar y quizá molestar un poco.

(*) De su blog "Un periodista dice".

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