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Qué tiene Obama que tanto le falta a Cristina Kirchner

"Inspiring" (estímulo integrador) es la clave de la popularidad del candidato demócrata en los Estados Unidos. Qué puede aprender la Presidenta.

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El senador Barack Obama, de sólo 46 años, puede convertirse en las elecciones en noviembre en el primer negro en llegar a la presidencia de Estados Unidos.

Las últimas encuestas le otorgan una ventaja de entre 3 y 15 puntos. La razón de su carrera meteórica es una sola: "inspiring", su capacidad para expresar los sueños de la mayoría de los estadounidenses, un carisma que hace que quienes lo escuchan se vuelvan más optimistas sobre sus posibilidades individuales y colectivas.

Obama es un gran orador: por ejemplo, nunca estuvo en América latina y se ve que sabe poco de nuestros países, pero hace tres semanas, en su primer discurso sobre esta región, comenzó diciendo: "Lo que es bueno para América latina es bueno para Estados Unidos", y se comprometió a terminar con "los niños pobres de las favelas de Río y los policías muertos en México".

Quienes lo conocen coinciden en que una de sus grandes virtudes es hacer que quienes lo escuchan se sientan muy cómodos porque tiene esa capacidad de que sus discursos integren y estimulan al auditorio al rescatar y enfatizar lo que tiene de común y proyectarlo hacia el futuro. "No hay un EE.UU. liberal y un EE.UU. conservador; no hay un EE.UU. blanco y un EE.UU. negro; hay un solo Estados Unidos de América", dijo en su famoso discurso de 2004, el que lo proyectó a la escena nacional, rescatando el deseo partidario de terminar con las divisiones internas.

Con la presidenta Cristina de Kirchner pasa todo lo contrario. Por ejemplo, en el discurso del miércoles pasado en la Plaza de Mayo criticó con la vehemencia de una analista maniquea e inexperta a la Argentina de 1910, la del primer Centenario, y a la Generación del 80 (Urquiza, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Pellegrini y algunos otros muchachos). Ese tipo de discursos dividen a los argentinos porque hay muchos que siguen pensando bien de la Generación del 80, en especial al compararla con las clases dirigentes que nos han tocado después. No integran a los argentinos hacia el futuro, hacia el Bicentenario, que está ahí a la vuelta. O el lunes por la noche, al anunciar obras para Corrientes, se detuvo innecesariamente en criticar a los gobiernos anteriores que, en su opinión, habían elegido dejado al NEA en el atraso en virtud de presuntas teorías geopolíticas. Esos contenidos, más allá del tono, dividen a los argentinos.

Una Argentina que llegue al Bicentenario como una potencia mundial de los alimentos necesita más "inspiring", más estímulo integrador.

*Editor del diario Perfil.