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Quién es quién entre los socios históricos del 'Zar del Juego'

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En los negocios de Cristóbal López, en Estados Unidos, aparecen algunos de sus socios argentinos. Uno es el empresario cercano al macrismo Federico de Achával. Y también figuran los históricos accionistas de su holding Casino Club: el “especialista” en juegos de azar Ricardo Benedicto, el hotelero patagónico Juan Castellanos Bonillo y el ex militar Héctor Cruz.

De Achával es un hombre que se dedica sobre todo a los negocios hípicos. Es propietario de la compañía Hapsa, que tiene la concesión del redituable Hipódromo de Palermo en Buenos Aires. Allí, explota con Cristóbal unas cuatro mil máquinas tragamonedas, un emprendimiento que el ex presidente Néstor Kirchner prorrogó por decreto hasta el año 2032.

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Este socio de López se encuentra cerca de un espacio opositor al Gobierno. Mantiene una excelente relación con José Torello, un dirigente del PRO que es amigo de Mauricio Macri. Eso les permitió entablar con el Jefe porteño una negociación –después frustrada– para una mayor recaudación de los slots. El año pasado, la dupla Cristóbal-Achával compró tres salas de bingo en el conurbano bonaerense.

En el emprendimiento norteamericano, López participa a través de la empresa Inverclub. En esa compañía también es accionista Ricardo Oscar Benedicto, el socio que más sabe sobre juegos de azar y que aportó el know how del negocio. Ingeniero de profesión, lo conoció a Cristóbal en la industria petrolera y lo convenció de invertir en mesas de ruleta. Dio resultado: en el año 1992, abrieron un casino en la ciudad de Comodoro Rivadavia, el primero de todo el imperio.

Benedicto es el “cerebro técnico” que diseñó cada una de las 25 salas de juego en Argentina. Para conocer –y copiar– los casinos más importantes del mundo, viajó varias veces a la ciudad de Las Vegas, el mismo lugar donde ahora el holding quiere hacer pie con la firma Centenary International Corp. Estuvo en pareja con Miriam Elisabeth Costilla, ex dueña de la constructora Kank y Costilla, empresa sospechada de haber pagado sobornos a funcionarios kirchneristas en la provincia de Santa Cruz.

Otro socio de Cristóbal es el empresario hotelero Juan Castellanos Bonillo, que parece la contracara casi perfecta del anterior, porque conoce muy poco sobre el juego. Conocido entre sus amigos como “el Gallego”, su principal actividad siempre fueron los hoteles. ¿Cómo llegó entonces a este negocio? Hace varios años, López le habría pedido que invirtiera en el 30% de sus casinos para realizar un contrapeso interno a Benedicto y evitar que se apoderase del control total de la compañía.

Finalmente, un 10% de Inverclub pertenece a Héctor José Cruz, un militar retirado que fue mandamás del Casino de Neuquén durante la última dictadura. Sargento retirado, entró a trabajar en ese establecimiento como empleado raso y en el gobierno de facto ya ocupaba el puesto de “interventor”.

A partir de mediados de la década del noventa, pasó a trabajar para Cristóbal López. La función que cumplió fue clave: ayudar al empresario a quedarse con distintos casinos provinciales, que estaban en manos del Estado y que en esos años empezaban a privatizarse. Los organismos de derechos humanos denuncian que Cruz figuraba en los listados de “personal civil de inteligencia del Ejército”. Es decir, que fue un espía de los militares.