Nada es igual desde el 28 de junio, y todas las fuerzas políticas, económicas y sociales iniciaron un difícil tiempo de readaptación; no sólo los derrotados, también los vencedores.
Obviamente el Gobierno y sus aliados son los que llevan la peor parte, por cuanto están frente a una situación que no conocían: la debilidad.
Néstor Kirchner, el otrora hombre fuerte del nuevo período post crisis del 2001, hoy está recluido en su cueva tratando de elucubrar una forma de resurgir, aunque con pocos, casi ningún instrumento útil para lograrlo.
Cristina Fernández está pagando caro las consecuencias de haber optado por allanarse totalmente al poder de su esposo, en vez de buscar su propio estilo, su forma y su método: una de dos, o ambos son idénticos, o ella demostró ser más frágil y sumisa que la imagen que dio hasta el día antes de sentarse en el sillón de Rivadavia.
El kirchnerismo en el Congreso está comenzando a entender que ya no existe la dichosa mayoría automática, y que ahora sí hay que trabajar duro para conseguir los objetivos que les imponen desde el Poder Ejecutivo. Les toca bailar con la más fea, y para colmo ven como día a día sus filas se van desangrando con deserciones que ya comenzaron pero que todavía no tienen un final.
De nada sirvió, hasta ahora, la batería de tímidas, casi fintas urdidas por el oficialismo para dar una imagen de que en algo cambió y algo advirtió sobre el cambio de su naturaleza.
Los retoques en el gabinete no significaron más que un trámite burocrático de juegos de figuritas, con la única excepción del otorgamiento de más poder al ahora jefe de Gabinete Aníbal Fernández.
Los trueques en la fundamental cartera económica tampoco dicen nada: nadie acierta a definir el rumbo que va a tener el país en los dos años que quedan de la administración kirchnerista.
El llamado diálogo político no está dando fruto alguno, tal como vaticinó la única política que decidió darle la espalda para no perder el tiempo, Elisa Carrió.
Precisamente esa dirigente está atravesando uno de sus peores momentos: pecando de personalista y autocrática, se está quedando sola y optó por un ostracismo que no se sabe cuánto tiempo llevará, pero a la postre saldrá a contarle a todos sus aliados y sus ex amigos que ella tenía razón.
Hasta ahora, el desfile de políticos, de gobernadores y de representantes de los factores económicos, no parecieron más que comparsas que llegaron a la Casa Rosada para regalarle un plus a la Presidenta. Todos se allanaron a ir al "pie" y ninguno salió satisfecho de los convites. Le hicieron el juego al Gobierno, y salieron con las manos vacías.
En el seno de la oposición tampoco nada es como era entonces, pero paradójicamente los triunfadores en las elecciones no parecen haber reaccionado aún frente a la suerte que les tocó. Siguen desconcertados, cavilando, caminando en laberintos sin conocer ni la salida ni los propósitos de esa marcha.
Tampoco quedaron muy amigos entre sí. Los que se aliaron para ir a ganar en las elecciones legislativas, consiguieron lo que buscaban pero ahora se miran entre sí con desconfianza: ellos tampoco parecen tener un plan.
Ni Francisco de Narváez se amigó más con Felipe Solá, ni ambos están de acuerdo en el lugar que le tienen que dar al mentor de esa alianza, Eduardo Duhalde.
En el seno del Acuerdo Cívico y Social la situación no es mejor. Margarita Stolbizer dio el grito de libertad y virtualmente se peleó con Carrió, pero ahora ella tampoco sabe muy bien el lugar que le toca.¿ Cuál es el futuro de Stolbizer?¿ Seguirá en la Coalición Cívica o volverá al redil del radicalismo? Y si vuelve al centenario partido, ¿qué chances tendrá frente a la figura creciente de Julio Cobos? Tal vez su aspiración de máxima sería la de lograr algún día la gobernación bonaerense, pero allí tendrá que vérselas con Ricardo Alfonsín.
Los gobernadores del oficialismo también atraviesan su peor momento, comenzando por un hombre que ya es paradigmático en el patetismo: Daniel Scioli. Antes obrando con una sumisión ciega hacia Néstor Kirchner, ahora haciendo esfuerzos ingentes por mostrarse diferente. ¿Alguien le cree? Para colmo la provincia hace agua por todos lados y no consigue la ayuda financiera de los patrones a los que supo servir con tanta diligencia.
Algo parecido les pasa a los otros gobernadores kichneristas o aliados. Están todos atenazados por una crisis económica que es el verdadero monstruo que se cierne sobre todos.
Lógicamente ese monstruo a los que verdaderamente está amenazando es a la sociedad.
La crisis económica ya no puede ser ocultada: tal como pronosticaban economistas de la oposición, la profecía se cumplió: después de las elecciones comenzaron a descorrerse los velos. Ya no sólo la inflación es un hecho inocultable, sino que por añadidura se lanzó la loca carrera de "reajustes" en los servicios públicos que estaban retenidos bajo la alfombra.
Como siempre, los que pagarán los platos rotos son los ciudadanos comunes y corrientes, aquellos que no llegaron ni a oler los beneficios del crecimiento económico que definió la era de Néstor Kirchner y ahora viven bajo el temor de perder lo poco conseguido.
(*) Agencia DYN