Por primera vez, el zar del juego, Cristóbal López, está en la mira de la Justicia, pero Lotería Nacional y sus autoridades habían sido denunciados por el mismo delito por los que se los investiga ahora desde hacía años. PERFIL accedió a otros expedientes en los que constarían pruebas clave para avanzar no sólo sobre las irregularidades en el sistema de control de Lotería sino también en la supuesta complicidad entre funcionarios y el casino flotante.
El juez Rodolfo Canicoba Corral debe investigar si funcionarios cometieron supuesta defraudación a la administración pública omitiendo el control de lo que recauda el juego y paga de impuestos al Estado. Así, lo pidió el fiscal Guillermo Marijuan, tras una nota de La Cornisa.
En el marco de esa causa, la Justicia pidió acceso a tres causas que dan vueltas por los tribunales desde hace años. Las tres giran en torno a lo que sucedería en el casino flotante desde fines de los 90 y hasta 2005, y como un grupo de ex funcionarios y empresarios del juego montaron una mesa de dinero negro para prestar millones de pesos a jugadores vip, mesa que habría operado a la vista de Lotería. Los juzgados federales 12 y 10, y el juzgado en lo Penal Tributario número 1, recibieron denuncias de Rubén Curdi, el encargado de esa mesa de dinero, quien perdió un juicio laboral contra el ex interventor de Lotería bonaerense y hombre cercano a Daniel Scioli, Luis Alberto “Chiche” Peluso. Peluso fue el encargado de controlar el juego en la Provincia hasta que salió a la luz su pasado. Antes de llegar al sciolismo era uno de los socios de esa mesa de dinero negro que funcionó en el casino flotante que explotaba la empresa Cirsa. Por ese hecho, enfrenta una causa por evasión fiscal agravada. Tras la salida de Cirsa, el casino fue adquirido por un grupo integrado por López. Según el denunciante, la mesa siguió funcionando, al menos, hasta 2005. La función era acercar jugadores fuertes al casino y proveerlos del dinero necesario para que apuesten. El casino pagaba un 12,5% del dinero prestado para que los jugadores apuesten, según consta en la causa. Eso sucedía a los ojos de Lotería. Curdi declaró que operaba a la vista de funcionarios jerárquicos como Samuel Din e hijo. Según Curdi, la mesa tenía 170 apostadores como clientes.