El empresario Carlos Miguens Bemberg, uno de los empresarios más reconocidos de la Argentina y heredero de la histórica familia Bemberg, murió este domingo a los 77 años como consecuencia de un cáncer. Su trayectoria estuvo marcada por la conducción de Cervecería y Maltería Quilmes, la diversificación de inversiones en distintos sectores estratégicos y un rol activo en la representación del empresariado a través de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).
Se formó en los colegios San Jorge y Cardenal Newman antes de estudiar Economía en la Universidad del Salvador. Nacido el 16 de febrero de 1949, era hijo de la cineasta María Luisa Bemberg y del arquitecto Carlos María Miguens.
Además, como integrante de la familia Bemberg, una de las dinastías empresarias más importantes del país, ocupó distintos cargos dentro del grupo y llegó a presidir el directorio de Cervecería y Maltería Quilmes, entre 1989 y 2006. La compañía había sido fundada en 1890 por Otto Bemberg, inmigrante alemán que creó la cervecería que con el tiempo se convertiría en la marca líder del mercado argentino.

Carlos Miguens Bemberg: el responable de la expansión de Quilmes
Durante su gestión, Quilmes consolidó su liderazgo en el mercado argentino mediante la ampliación de su capacidad productiva y la apertura de nuevas plantas en Argentina, Chile y Bolivia. Sin embargo, durante la década de 1990 comenzó el proceso de venta de la compañía, que se concretó en dos etapas: primero con el ingreso de la brasileña Brahma como accionista y, finalmente, en 2006, con la adquisición total por parte de la multinacional belga Interbrew —que luego pasó a integrar AB InBev—.
Miguens fue el integrante de la familia que más se opuso a la operación y años después recordó que la decisión fue "muy traumática", porque le tocó, como presidente de la empresa, "firmar el certificado de defunción de una compañía que había sido argentina por muchas generaciones".

Encabezó, en su etapa de Quilmes, Miguens Bemberg Holdings, desde donde diversificó las inversiones familiares hacia distintos sectores estratégicos. Fue uno de los empresarios que apostó tempranamente al desarrollo de proyectos mineros en la cordillera argentina, especialmente vinculados a la exploración de oro y litio.
Sumado a eso, participó en empresas energéticas como Piedra del Águila y Central Puerto.
Además, integró el capital de San Miguel, una de las principales compañías citrícolas del mundo dedicada a la industrialización del limón y sus derivados.

Quienes trabajaron junto a él destacaban su capacidad para detectar oportunidades de negocios y su decisión de desarrollar emprendimientos sin depender de subsidios o asistencia estatal.
Uno de los impulsores de la AEA
Luego, fue uno de los cofundadores de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), entidad creada en 2002 para representar a las principales compañías del país y promover políticas de desarrollo económico e institucional.
A partir de ese espacio mantuvo una participación activa en los debates sobre competitividad, inversiones, reglas de juego y crecimiento económico. Su relación con distintos gobiernos estuvo marcada por momentos de tensión, especialmente durante las administraciones kirchneristas, cuando la AEA cuestionó medidas vinculadas con la intervención estatal en la economía y reclamó mayor seguridad jurídica para las inversiones.

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Un reconocimiento a su trayectoria
En 2024 recibió el premio al CEO de Mayor Trayectoria, distinción en la que reivindicó la importancia de la ética empresarial. Sostuvo que "la Argentina necesita ir por el camino de los valores, los premios y los castigos" y afirmó que en su carrera habían realizado "negocios buenos y negocios malos, pero siempre en un marco sin privilegios".
También destacaba la importancia de conformar equipos de trabajo sólidos, escuchar distintas opiniones y construir empresas con objetivos compartidos.
LT MV