El primer marido de la princesa Carolina de Mónaco, el empresario parisino Philippe Junot, falleció el 8 de enero en Madrid a los 86 años, anunció su hija, Victoria Junot, en una publicación de Instagram.
"Partió de este lado del mundo rodeado de su familia el 8 de enero de 2026 en Madrid después de una larga y hermosa vida aventurera", escribió Victoria.
La historia de Junot es, en esencia, la crónica de un hombre que se convirtió en el primer gran dolor de cabeza del legendario príncipe Raniero III y de la princesa Grace de Mónaco, los padres de Carolina.
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Nacido el 19 de abril de 1940 en París, Junot no era un desconocido en los círculos de poder. Su padre, Michel Junot, había sido un destacado político francés, subprefecto y miembro del gabinete ministerial, lo que garantizaba a Philippe una educación de élite y un acceso natural a las altas esferas de la sociedad europea.
Sin embargo, su destino no estaba en la administración pública, sino en el vibrante y a menudo escandaloso mundo de la "Jet Set" internacional de los años setenta.
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Junot se forjó una reputación en París y Nueva York como un inversor astuto, pero su verdadera tarjeta de presentación era su carisma inagotable. En el ambiente nocturno de la época, se le conocía como un "bon vivant" que dominaba el arte de las relaciones públicas.
No fue hasta 1976 cuando su nombre saltó a los titulares de la prensa mundial al iniciarse su romance con la princesa Carolina, que actualmente tiene 68 años.
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Ella, de apenas 19 años y una belleza que cautivaba a Europa, representaba la esperanza de la corona monegasca. Él, de 36 años, una fama de seductor impenitente y una diferencia de edad que escandalizó a Mónaco, era visto por el palacio como una amenaza a la estabilidad dinástica.
La resistencia de Raniero III y la princesa Grace fue notable. El soberano monegasco desconfiaba profundamente de las intenciones de Junot, a quien consideraba un oportunista sin el linaje ni la seriedad necesarios para acompañar a la heredera. A pesar de la oposición familiar, Carolina se mantuvo firme.
La prensa de la época reflejó esta tensión de manera cruda. El diario británico The Times describió la situación señalando que la unión era vista como un acto de rebeldía juvenil frente a la imagen conservadora que Rainiero III buscaba dar.

Finalmente, el 28 de junio de 1978, la pareja contrajo matrimonio civil, seguido de una ceremonia religiosa al día siguiente.
El matrimonio fue, desde su inicio, un terreno de fricción constante. La vida de casados no aplacó el espíritu de Junot, quien continuó frecuentando sus círculos habituales y manteniendo un estilo de vida que la prensa francesa calificaba como incompatible con los deberes de un consorte real. Las ausencias prolongadas de Philippe y los rumores de infidelidad comenzaron a socavar la relación casi de inmediato.
Según el autor James Spada en su biografía sobre la princesa Grace, la situación era insostenible para la familia real. Spada recoge en su obra: "Raniero estaba furioso por el hecho de que Junot seguía actuando como si fuera un soltero en París, descuidando sus responsabilidades en el palacio y humillando públicamente a la princesa".
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La ruptura definitiva llegó apenas dos años después. En 1980, el Palacio Grimaldi anunció la separación oficial. El divorcio civil se concretó rápidamente, pero la batalla por la anulación eclesiástica se convertiría en un proceso administrativo y legal de dimensiones épicas que duraría doce años.
Durante este tiempo, la Santa Sede examinó minuciosamente la validez del consentimiento matrimonial. El caso llegó hasta la Rota Romana, el tribunal de apelación más alto de la Iglesia Católica. La defensa de Carolina argumentaba que la inmadurez de las partes y la falta de una intención real de formar una familia estable invalidaban el sacramento.

Mientras el proceso eclesiástico seguía su curso, Philippe Junot retomó su vida con una energía renovada, consolidando su imagen de "playboy" internacional pero, al mismo tiempo, demostrando una notable capacidad para los negocios.
Lejos de hundirse tras el divorcio real, Junot expandió sus horizontes empresariales. Se involucró en inversiones inmobiliarias en Marbella, España, durante el auge de la ciudad como refugio de la aristocracia y los millonarios europeos. Su habilidad para conectar personas y capitales lo convirtió en un intermediario clave en grandes operaciones financieras.
En una entrevista concedida a la revista francesa Paris Match años después de su separación, Junot reflexionó sobre su tiempo en Mónaco con una mezcla de nostalgia y distanciamiento. "Nunca busqué la fama por la fama misma; simplemente vivía mi vida con la intensidad que creía necesaria", comentó en relación a las críticas que recibió por su comportamiento durante su matrimonio.
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Desde entonces, Junot mantuvo una discreción relativa sobre los detalles más íntimos de su vida con Carolina, lo que le permitió conservar cierta dignidad dentro del círculo social que compartían.
En 1987, Junot volvió a ser noticia por su vida personal al contraer matrimonio con la modelo danesa Nina Wendelboe-Larsen. Con ella tuvo tres hijos: Victoria, Isabelle y Alexis. Este periodo de su vida mostró a un Junot más asentado, enfocado en su papel de padre y en el crecimiento de su firma de inversiones. Isabelle emparentó con la nobleza española, lo que cerró un círculo de relevancia social para el apellido Junot.
La vida posterior de Junot como empresario lo llevó a fundar y dirigir la firma Junot Investment, con sedes en París y Nueva York, especializándose en la gestión de activos para grandes fortunas. Su éxito en el sector financiero contrastaba con la imagen frívola que los tabloides habían proyectado sobre él en los setenta.

No obstante, nunca abandonó del todo el estilo de vida cosmopolita que lo hizo famoso en los años '70. Se le veía frecuentemente en los eventos más exclusivos de St. Tropez y Gstaad, manteniendo su estatus de figura imprescindible en la escena social europea.
El 1 de junio de 1992, finalmente, el Vaticano concedió la anulación del matrimonio con Carolina. El Papa Juan Pablo II firmó el decreto que declaraba nula la unión original, alegando una "insuficiencia en el consentimiento" de la princesa Carolina.
Este hecho fue crucial para la católica familia real monegasca, ya que permitía que los hijos de Carolina con su segundo marido, Stefano Casiraghi, fueran reconocidos como legítimos herederos al trono según las leyes de la Iglesia. Junot, por su parte, reaccionó con la calma que lo caracterizaba. Para él, ese capítulo de su vida pertenecía a un pasado remoto.
La figura de Philippe Junot ha sido objeto de análisis en diversas crónicas sobre la historia moderna de las casas reales. En el libro The Grimaldis of Monaco, Anne Edwards describe a Junot como un hombre que "poseía un encanto que era casi un arma, capaz de desarmar a los críticos más feroces con una sonrisa y una anécdota bien colocada".
Esta capacidad de supervivencia social le permitió a Junot navegar la turbulencia del divorcio real más famoso del siglo XX sin ser devorado por el escándalo.
Pasados los ochenta años, Junot siguió manteniendo un aura de caballero internacional que supo transformar el estigma de ser un "playboy" en la base de una carrera empresarial sólida y una vida familiar en la que, finalmente, encontró la paz.
ds