Ximena Caminos sonríe desde la pantalla. Está sentada en el living de su casa en Miami, lleva una gorra y se toca el pelo con un entusiasmo contagioso mientras habla. La charla arranca con una anécdota hogareña que rompe cualquier solemnidad: acaban de tocarle la puerta para entregarle un enorme ramo de rosas, regalo de una amiga. Esa frescura natural contrasta con la inmensidad del proyecto que tiene entre manos y que hoy la posiciona como una referente global. Detrás de otra computadora está su encargada de prensa, lista para intervenir y compartir en pantalla los impactantes renders e imágenes submarinas que grafican lo que a veces las palabras no alcanzan a describir.
El currículum de Ximena es un peso pesado de la gestión cultural: se formó en el Centro Cultural Recoleta, fue una pieza clave en los inicios del MALBA junto a Eduardo Costantini, y luego construyó y moldeó la identidad cultural del universo Faena en Puerto Madero y en Estados Unidos. Hace poco más de diez años se instaló definitivamente en Miami. Tras alejarse de Faena, atravesó lo que ella misma define como una pequeña crisis de identidad. "¿Qué hago con toda esta trayectoria? ¿Cómo devuelvo todo este privilegio y lo pongo al servicio del planeta?", se preguntó, buscando un legado para sus hijos.
Así nació REEFLINE, un proyecto monumental concebido como un parque público de esculturas submarinas de 11 kilómetros frente a las costas de Miami Beach. La iniciativa no solo busca atraer turismo, sino funcionar como un arrecife híbrido que regenere la vida marina. El impacto fue rotundo: la revista TIME lo acaba de elegir como uno de los "World's Greatest Places" de 2026, la American Society of Civil Engineers (ASCE) lo premió como Proyecto Sustentable del Año, y Ximena fue reconocida entre las 10 Mujeres Ejemplares de la ciudad.

Hoy, el proyecto da su salto más ambicioso. Por un lado, anuncian a la artista hawaiana Kaili Chun como ganadora del Blue Arts Award para hundir su obra en 2027. Por el otro, lanzan REEFLINE Solutions, un brazo comercial con el que buscan intervenir los viejos muros de hormigón de Florida con piezas modulares (Smart Tiles) diseñadas por el prestigioso estudio de arquitectura OMA, transformándolos en hábitats para corales y peces.
Sobre todo esto, y a días de presentar su visión en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), Caminos dialogó con PERFIL sobre el arte de "hackear" el sistema para salvar el océano.
—Ximena, la semana que viene vas a estar en el MIT hablando del "Arrecife del futuro". Si tuvieras que explicarle a alguien que no sabe nada de ecología ni de ingeniería qué es exactamente ese arrecife, ¿cómo se lo definís para que lo visualice? —A mí me gusta decir que REEFLINE sólo podría haber nacido en Miami, porque es una ciudad que reúne las condiciones perfectas: tiene el problema y tiene la solución en la mano. Miami está construida arriba de una piedra coralina, y por eso cuando sube la marea, sale agua por todos lados, aunque no llueva. Estamos en el tercer arrecife más grande del mundo. REEFLINE es mitad arte y mitad ciencia; es infraestructura pública, es un arrecife híbrido. Para lograrlo, hicimos una campaña y el 69% de los residentes de Miami Beach votó en un referéndum para darnos 5 millones de dólares de sus propios impuestos para que esto pase. A mí me gusta decir que la conservación no es solamente científica, es cultural. Llegamos a este lío climático por nuestro comportamiento como especie. Entonces, con el poder del arte tratamos de hacer visible lo invisible.

—La información que nos mandaste menciona que Florida tiene 2.400 kilómetros de muros costeros de los años 60 donde básicamente no puede crecer nada. Ahora ustedes lanzaron las Smart Tiles. Contanos cómo funciona esto en la práctica: ¿cómo es que pegarle una baldosa Art Deco a un muro viejo ayuda a limpiar el agua de Miami?
—Las paredes que existen hoy en Florida repelen la energía del mar para proteger la costa de inundaciones, pero no crean hábitat. Por eso decidimos crear una compañía de triple impacto (REEFLINE Solutions) para venderle al mundo nuestras soluciones y financiar nuestra misión pública. Nuestro negocio es hacer "casas públicas” para el mar. Los corales son como los primeros arquitectos submarinos; construyen las ciudades donde vive el 25% de la población marina. Cuando esas casas colapsan, esos peces no tienen a dónde ir y se pierde muchísima biodiversidad. Lo que estamos haciendo con estas baldosas (Smart Tiles) es crear ese hábitat. Además, están hechas con un material que tiene un tipo de calcio que funciona como si les estuviéramos dando vitaminas a los corales para que su esqueleto sea más fuerte y crezca rápido. Y estéticamente son divinas, parecen escamas de pez inspiradas en el Art Deco de Miami. Es como tener una pared blanca y lisa, o ponerle un empapelado divino donde la vida pueda crecer.

—Estás juntando en una misma mesa a arquitectos de OMA, biólogos marinos y artistas. Me imagino que deben hablar idiomas completamente distintos laboralmente hablando. ¿Cómo hacés para que el capricho estético de un artista no arruine lo que necesita un coral para sobrevivir?
—Ahí es donde entra el científico a marcar la cancha. El ecólogo marino es el que va a decir: "Tiene que ser más así, más profundo, con más complejidad o agujeritos más chiquitos". Esto es como diseñar jardines abajo del agua. Estás diseñando hábitats para distintas especies, desde un tiburón martillo hasta peces minúsculos. Todos necesitan un hogar, y los científicos garantizan que el diseño del artista realmente funcione biológicamente para ellos. Además, trabajamos con ingenieros en materiales, con el MIT y con Coral Vita para medir el impacto ecológico con tecnología de punta.

—Acaban de anunciar a Kaili Chun para la Fase 3 del parque. Ella es hawaiana, surfista, y va a hundir unas rayas gigantes inspiradas en los indígenas tequesta. ¿Por qué ella? ¿Qué tiene que tener una obra de arte para que digan "esto sirve para tirarlo al fondo del mar"?
—Cuando llamás a concurso para algo así, una parte del criterio es estrictamente técnico. Esta es una ciudad de huracanes, no podés tirar cualquier cosa al agua. Tiene que pesar ciertas toneladas y tener una morfología específica aprobada por la ingeniería marina. Hubo un jurado internacional increíble que evaluó 30 propuestas. Creo que eligieron a Kaili porque fue la única que no solo cumplió con todo lo técnico, sino que creó algo increíblemente poético. Su obra, The Sea Remembers (El mar recuerda), honra a los Tequesta, los indígenas que habitaban Miami. Ellos vivían en un equilibrio perfecto con el ecosistema y cazaban estas rayas que eran su principal sustento. Una gran parte del "arrecife del futuro" no pasa por diseñar algo súper tecnológico, sino por recuperar ese equilibrio indígena que entendía que no podés tomar más de lo que la naturaleza te puede dar.

—Con este nuevo brazo de REEFLINE Solutions y el aval que les dio la ley en Florida, la idea es que esto se replique. ¿Te imaginás estos muros vivos en otras partes del mundo? ¿Se podría hacer algo así en la costa atlántica argentina o el Río de la Plata, por ejemplo?
—Yo creo que sí. La costa atlántica argentina tiene escolleras y estructuras donde se podría aplicar. Quizás Buenos Aires específicamente no necesite las Smart Tiles tal cual, pero sí algunos de nuestros otros módulos regenerativos. Lo lindo que tiene esta tecnología es que no tenés que exportar el bloque de cemento: exportás la idea, el archivo digital, y lo fabricás en el lugar. Te ahorrás muchísima plata en transporte. Es una solución ideal para reemplazar, por ejemplo, los viejos muros de metal que se corroen y se oxidan. De hecho, desde el Caribe ya nos están contactando porque les interesa muchísimo.
—Sabemos que se viene el anuncio fuerte para la Miami Art Week la semana que viene. Sin spoilear toda la sorpresa, ¿con qué vibra o con qué concepto nos vamos a encontrar este año?
—Todo va a girar alrededor del cruce entre arte y ciencia, como siempre. Vamos a tener nuestros barcos de acceso gratuito para que la gente de la comunidad, que quizás jamás fue al mar, pueda acercarse a ver el arrecife. Y en la playa, vamos a hacer una performance increíble con Subodh Kerkar, un médico de la India que se convirtió en "artista oceánico" al darse cuenta de que la salud de la gente está ligada a la salud del mar. Lo vamos a hacer en colaboración con el Miami City Ballet. Queremos honrar la conexión entre la tierra y el océano. Nosotros nos movemos muy cómodos en el high-end del arte, pero lo que más nos importa es hacer todo eso accesible a la comunidad. Hay mucha sangre y empuje argentino en todo este equipo; fuimos con el arte y hackeamos el sistema para lograr hacer algo por el planeta.
TC/MSS