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La reelección de Alberto Fernández

Esta noticia podría modificar sustancialmente el cuadro político, obligando a revaluarlo. En principio, el presidente inexorablemente tendría un conflicto con su principal socia, Cristina Kirchner.

Esta semana trascendió una noticia que podría modificar sustancialmente el cuadro político, obligando a revaluarlo. Me refiero a la intención de Alberto Fernández de ir por su reelección. Algo que su círculo más íntimo dejó trascender a periodistas que suelen reflejar su punto de vista.

La revaluación gira en torno a un hecho que los analistas prácticamente habían descartado, que el presidente tuviera un proyecto político autónomo y si lo tuviera, entonces inexorablemente tendría un conflicto con su principal socia, Cristina Kirchner, que por cierto, tiene otros planes impulsar a su hijo Máximo y eventualmente Axel Kicillof.

También, si no pudiera consensuar, abriría un frente con Sergio Massa, que también tiene sus intenciones presidenciales. Todas estas especulaciones se proyectan a las elecciones de medio término de octubre o noviembre. Si al Gobierno le fuera bien, tal vez se trata de encontrar al padre o a la madre de la Victoria. Alberto Fernández cree que él puede reivindicar ese lugar y desde ahí catapultarse a la reelección.

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Podríamos preguntarnos si es factible esta estrategia. La respuesta es que si Alberto Fernández recupera el liderazgo sanitario, que fue el tramo mejor de su presidencia y logra bajar un poco la inflación sin que se desacomode el dólar y la desocupación, la respuesta sería sí. En realidad él tiene, según mi visión, ventajas sobre Cristina Kirchner.

En primer lugar, ejerce el rol presidencial, lo cual lo expone a los fracasos, pero resalta o puede resaltar mucho sus éxitos. Además, tiene mejor imagen que Cristina Kirchner, sobre todo menos rechazo. Ella, en cambio, está en su laberinto. Un laberinto que es judicial, ideológico y cronológico. Judicial, porque no se puede librar por más esfuerzos que hagan el kirchnerismo de las causas que tiene. Ideológico, porque no puede superar un techo de entre el 25 y el 30 por ciento debido a sus posiciones radicalizadas. Y cronológicos, porque le corre el desgaste de la edad que tiene.

Podríamos decir que el juego de poder está abierto y es dinámico, y en tiempos de pandemia, como todas las demás cosas, resulta impredecible. De modo que lo mejor es no hacer afirmaciones rotundas y seguir viendo la evaluación de la situación política