Cada vez son menos las parejas que deciden dar el sí frente al altar para convalidar su relación. De todos modos, sí eligen pasar por el registro civil. De esta manera, el rito legal logró jerarquizarse y convertirse en la única celebración.
La revista Noticias da cuenta de este nuevo fenómeno. La periodista Milagros Belgrano Rawson explica que “para suplir el valor simbólico que tradicionalmente tuvieron los casamientos religiosos, muchos novios que no pasan por la iglesia –porque son divorciados o no creyentes- recurren a algún tipo de ceremonia en medio de la fiesta”.
En algunos casos, se opta también por hacer que el oficial público se traslade a al lugar en el que se lleva a cabo la celebración. “Es la opción que adoptaron Pablo Echarri y Nancy Dupláa”, grafica la periodista. Otros, inventan sus propios ritos. “Por ejemplo, en su segundo matrimonio, Luis Brandoni y Mónica López, recitaron sus votos ante un particular sacerdote, Pepe Eliaschev”, indica.
La unión civil es otro de los recursos que los porteños pueden utilizar. Contra lo que se cree, las parejas heterosexuales que hicieron uso de este derecho son muchas más que las integradas por personas del mismo sexo. “Desde su sanción en 2003, el número de uniones heterosexuales ha ido superando – hasta un 60 por ciento- a las celebradas entre dos varones o dos mujeres”, explica Belgrano Rawson.
En tanto, para alentar la concurrencia de las parejas al registro civil, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lanzó el programa “Si quiero”, que prevé la remodelación de las salas de casamiento de los Centros de Gestión y Participación.
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