SOCIEDAD
Contrucción tradicional, afuera

Casas prefabricadas chinas desembarcan en Argentina: cuestan hasta un 60% menos y se instalan en horas

Las viviendas modulares importadas comenzaron a comercializarse en Mendoza y buscan ganar terreno en Córdoba y la Patagonia. Prometen reducir costos frente a la construcción tradicional, aunque advierten sobre los desafíos vinculados a garantías, financiamiento y regulaciones.

Casas chinas 05062026
Casas chinas | NA / Mercado Libre

En medio del fuerte aumento de los costos de construcción en Argentina, las primeras viviendas modulares importadas desde China comenzaron a abrirse camino en el mercado. Con precios que arrancan en $5 millones y tiempos de instalación que pueden reducirse a apenas unas horas, estas casas prefabricadas aparecen como una alternativa al ajuste.

La diferencia de precio es uno de los principales argumentos de venta. Mientras una construcción tradicional puede costar entre $1,6 millones y $2,5 millones por metro cuadrado, dependiendo de la ubicación y las terminaciones, las viviendas modulares importadas se ofrecen entre $600.000 y $931.000 por metro cuadrado.

Según los importadores, los módulos básicos parten desde los $5 millones, mientras que un monoambiente de unos 30 metros cuadrados ronda los $15,5 millones. Los modelos más completos, con dos habitaciones y baño, se ofrecen cerca de los $25 millones.

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Las casas prefabricadas chinas cuestan desde u$s660 por m2

Cómo son las casas que llegan desde China

Las viviendas llegan prácticamente terminadas desde origen. Están construidas con estructuras de acero galvanizado y paneles tipo sándwich, una tecnología ampliamente utilizada en la construcción industrializada por su rapidez de montaje y capacidad de aislación térmica.

Los modelos disponibles pueden incluir cocina equipada, baño completo, instalaciones eléctricas, aberturas de aluminio, ventanas con doble vidrio y distintas terminaciones interiores.

Actualmente se comercializan unidades de 37, 56 y hasta 74 metros cuadrados, aunque también existen versiones más pequeñas destinadas a oficinas, depósitos o ampliaciones habitacionales.

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Otro motivo de venta es la velocidad de ejecución. Mientras una vivienda tradicional puede requerir varios meses de obra, e incluso años, algunos fabricantes aseguran que los módulos pueden quedar instalados en apenas diez horas una vez que el terreno y la base se encuentran preparados.

El interrogante de la garantía y la posventa

A pesar del atractivo que generan los precios, referentes de la construcción industrializada señalan que uno de los aspectos más importantes al momento de evaluar estas viviendas es la garantía posterior a la instalación.

Según explican, el debate no pasa necesariamente por la calidad de los materiales, ya que muchos de los componentes utilizados son similares a los que emplean fabricantes nacionales. El principal interrogante surge cuando aparece un problema meses después de la entrega.

"Una cosa es recibir el módulo y otra muy distinta es saber quién responde si aparece una falla a los seis meses o al año", explican desde el sector. Razón por la cual, las empresas argentinas dedicadas a la construcción modular destacan como principal diferencial la posibilidad de brindar asistencia técnica, reposición de piezas y servicio posventa de manera directa.

Mendoza, Córdoba y la Patagonia, entre los mercados con mayor potencial

Las primeras experiencias comerciales comenzaron en Mendoza, aunque algunos consideran que el fenómeno podría expandirse hacia otras regiones donde la construcción industrializada ya tiene aceptación.

Córdoba aparece como uno de los mercados más prometedores debido al desarrollo que alcanzaron allí los sistemas steel frame y las soluciones prefabricadas.

La Patagonia también figura entre las regiones con mayor potencial. La actividad petrolera, minera y turística suele demandar soluciones habitacionales rápidas, transportables y de fácil instalación en zonas alejadas de los grandes centros urbanos.

Además, la construcción modular viene ganando terreno por su eficiencia energética y por la reducción de tiempos de ejecución, características que ya impulsaron su utilización en proyectos de alta complejidad, desde hospitales modulares hasta instalaciones científicas en la Antártida.

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El costo final puede ser mayor

Los especialistas coinciden en que el precio publicado no siempre refleja la inversión total necesaria para habitar la vivienda. Al valor del módulo deben sumarse movimientos de suelo, fundaciones, conexiones de agua, cloacas y electricidad, además de gastos de transporte, montaje e impuestos asociados a la importación.

En algunos casos, estos costos adicionales pueden reducir significativamente la diferencia respecto de una construcción convencional. Por eso, recomiendan analizar el presupuesto completo antes de tomar una decisión y comparar no sólo el valor de compra, sino también los servicios asociados y la cobertura de garantía.

Normativas municipales, un desafío

Más allá del interés creciente, el sector enfrenta varios obstáculos para expandirse masivamente. Uno de ellos está relacionado con las normativas municipales. Muchas regulaciones urbanísticas fueron diseñadas para construcciones tradicionales y todavía no contemplan con claridad este tipo de soluciones industrializadas, lo que obliga a revisar cada proyecto según la jurisdicción donde se instalará.

Otro desafío importante es el financiamiento. Actualmente, numerosas entidades bancarias no incorporan estas viviendas dentro de sus líneas tradicionales de crédito hipotecario, una limitación que reduce parte de la demanda potencial.

Mariana López, representante de CasaArgentina, señaló que existe una demanda concreta de personas que buscan resolver necesidades habitacionales sin atravesar procesos constructivos que pueden extenderse durante meses o incluso años. Según explicó, también crecen las consultas vinculadas al turismo, oficinas remotas, viviendas temporarias y desarrollos de pequeña escala.

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Un cambio en la forma de pensar la vivienda

Para los especialistas, el auge de las casas modulares responde a una transformación más profunda en las preferencias habitacionales. La rapidez, la practicidad y la eficiencia comienzan a ganar relevancia frente a otros atributos que históricamente dominaron el mercado inmobiliario. En ese contexto, las viviendas prefabricadas encuentran oportunidades tanto en zonas urbanas como rurales y aparecen como una alternativa complementaria.

"La construcción modular no busca reemplazar completamente a la obra tradicional. Se presenta como una alternativa adicional para determinados perfiles de usuarios y proyectos donde el tiempo y la eficiencia resultan determinantes", indicó López, quien observó que muchas consultas provienen de propietarios de lotes que permanecían sin desarrollar debido a los altos costos constructivos de los últimos años.

RM