Tras un largo derrotero de casi nueve meses y más de 13 mil kilómetros recorridos, dos ballenas australes -Sodium y su cría Cloruro- regresaron al Golfo Nuevo, en península Valdez, Chubut. Los ejemplares transmitieron todo su recorrido por medio de un sistema de GPS que les colocaron los científicos del proyecto Siguiendo Ballenas.
Este grupo depende de instituciones científicas como el Conicet, la Universidad del Comahue y la ONG ambiental WCS Argentina, entre otras.
Los científicos que estudian la conducta de la ballena franca austral lograron compilar los datos del GPS satelital colocados a esto animales y obtuvieron el primer registro de recorrido completo de la temporada de investigación 2025-2026. El mapa marcó que viajaron durante casi nueve meses y recorrieron más de 13 mil kilómetros. En ese período hicieron desplazamientos mar adentro sobre la plataforma y el talud continental, en una zona rica en nutrientes que concentra peces, invertebrados, aves y mamíferos marinos.
Recorrieron parches productivos, considerados "supermercados marinos” que son esenciales para la alimentación de varias especies, entre ellas, la ballena franca austral, por lo que su protección resulta clave para la conservación marina.
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Con esta data se logró generar el cuarto mapa completo de un viaje migratorio de una ballena de la población de Península Valdés.
Desde 2014, y a lo largo de diez temporadas, el proyecto logró monitorear los movimientos de 145 ballenas por el Atlántico Sur y los mares australes. En 2015 ya se había documentado el recorrido de Papillon, un macho juvenil; en 2022, el viaje de Electra y su cría; y en 2025, el caso de Aurum, una hembra solitaria.
Completar el registro de un viaje desde que una ballena abandona las aguas de los golfos norpatagónicos hasta su regreso es un logro fundamental para comprender los patrones migratorios de una especie que recorre miles de kilómetros cada año. Y es posible gracias al desarrollo tecnológico para el monitoreo de especies al que ha contribuido el propio proyecto, mediante dispositivos de mayor duración que permiten documentar recorridos de escala y detalle crecientes.
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Vale destacar que el equipamiento de seguimiento satelital es colocado por los biólogos y veterinarios siguiendo todos los protocolos que priorizan la salud y el bienestar de los animales. Por ejemplo, transcurrido un tiempo variable -de días a meses-, estos los dispositivos se desprenden solos sin generar daño.
De las 30 ballenas monitoreadas en esta temporada, cuatro continúan transmitiendo datos accesibles en www.siguiendoballenas.org.
Todo este proyecto suma información muy relevante para conocer el ciclo de vida de la especie. Tras meses en áreas de alimentación, el retorno refleja tanto la recuperación energética de la madre como un aprendizaje esencial para la cría: durante su primera migración, los ballenatos aprenden de sus madres la ubicación de las zonas de alimentación, un conocimiento que determina su supervivencia futura. Este proceso de transmisión cultural -vinculado a la fidelidad de sitio- es una de las razones por las que documentar estos recorridos resulta clave para identificar y proteger los ambientes marinos esenciales para la especie, promover la creación de áreas protegidas y regular actividades humanas con impacto potencial sobre el mar: la pesca, el transporte marítimo y la extracción de hidrocarburos.