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SOCIEDAD / no venden, solo convidan
domingo 7 enero, 2018

Con la marihuana legal, crecen los hostels ‘weed friendly’ en Uruguay

En Punta del Este y Rocha, tienen ambientación temática y son furor entre los argentinos. El gobierno intensifica controles de venta a turistas.

por Santiago Carrillo

La marihuana recreativa es legal en Uruguay desde 2014. Foto: CEDOC

Acaba de instaurarse en California, pero ya se podía hacer aquí nomás, en Uruguay. La posibilidad de fumar marihuana con fines recreativos –con venta controlada y en farmacias, y autocultivo permitido para el consumo propio– hizo que surja, en el país vecino, una nueva tendencia que llegó hasta Punta del Este: el turismo cannábico.

En ese exclusivo balneario –y en otras localidades de Rocha y Montevideo– hay hostels que se promocionan como weed friendly (o ‘amigos de la hierba’, según su traducción coloquial del inglés) para atraer a los viajeros de todas las edades. Uno de ellos, bautizado THC Hostel, cobra US$ 270 la noche y está ambientado con almohadones y cortinas con dibujos de la hoja de la marihuana, varios cuadros con cogollos –la flor que se fuma– y plantas. Camila Giannattasio, una de las dueñas, cuenta que “la ley no permite venderles a los extranjeros, pero siempre convidamos”. Su otro dueño, Gabriel Montiel, es fundador del primer club cannábico de Uruguay. Miguel Moltedo es dueño del Hostel Playa Mansa, ubicado en la entrada de Punta del Este. En su promoción de hospedaje en la web dice que “las leyes uruguayas referentes al cannabis hacen del sitio un lugar privilegiado para los amantes de la marihuana”.

Sin embargo, Moltedo sostiene que “no les vende a los turistas porque es ilegal”. Pero, al igual que en THC, convida “porque la marihuana es la planta madre”.

Más allá de los controles que existen por parte del gobierno uruguayo, para Moltedo “debería permitirse venderles marihuana a los turistas extranjeros” porque “son miles los que llegan en búsqueda de la planta”. “Desarrollé un proyecto de la marihuana y el turismo y se lo envié al ex presidente Pepe Mujica”, agrega Moltedo.

Facundo Sierra es un argentino que elige cada año las costas uruguayas para sus vacaciones. Ya participó de una cata con variedades de cannabis exóticas y busca repetir la experiencia. “Tuve experiencias en grow shops y hostels donde me hospedé, con marihuana de gran calidad, y de cultivadores muy profesionales con los que compartimos junto a otros argentinos”, cuenta.

En Rocha, otro de los destinos preferidos de los argentinos, también se ve el fenómeno.

En Cabo Polonio viven los hermanos Lucas y Tomás Núñez, dueños de los hostels Green House y El Ajo Aloha. Cada uno tiene en su casilla de madera un jardín de invierno con seis plantas de marihuana, el máximo permitido por la ley. “Nosotros fumamos de nuestra propia cosecha todo el año, y así no financiamos el narcotráfico”, dice Tomás. “Los turistas que llegan pueden ver las plantas pero no le vendemos a nadie”, agrega. Ellos enfrentan otro problema, que surgió con la llegada de viajeros atraídos por el turismo cannábico: el robo de plantas (ver aparte).


Regulación.
La ley uruguaya estipula que “es lícito el consumo en el hogar y se puede compartir el autocultivo con cualquier persona. Cada consumidor puede tener hasta 480 gramos en su domicilio”, afirma Diego Silva Forné, abogado y corredactor de la Ley de Regulación de Marihuana de ese país. El organismo encargado de velar por la aplicación de la ley es el Instituto de Regulación y Control de Cannabis (Ircca), que el viernes anunció que “intensificarán los controles a los locales que reciben turistas” y que se aplicarán “más multas”.

Sin embargo, en los últimos meses se generó un conflicto de envergadura internacional por la venta de marihuana en las farmacias: los bancos estadounidenses amenazaron con cerrarles las cuentas a los locales que vendieran cannabis recreativo (ver aparte).


Ladrones de plantas, el nuevo delito

Luego de la legalización del cannabis para uso recreativo en Uruguay, que se produjo en 2014, surgió un nuevo tipo de delito no asociado con la venta ilegal sino con los cultivadores: el robo de plantas de marihuana.

Este mismo problema enfrentan hoy los dueños de los alojamientos en los balnearios de ese país. “Hay que poner trampas porque cuando la planta está a punto de cosecharse, aparecen de noche los ‘planteros’ y las cortan de raíz”, dice Lucas Núñez, dueño del hostel Green House. “También duermo adentro del invernadero, por las dudas”, afirma.

Núñez cuenta que en Cabo Polonio, la gente suele caminar descalza y que el año anterior encontró una trampa de clavos de las que se arman para detener a los ‘planteros’ llena de sangre. “Estoy seguro que las roban para venderles a los turistas”, asegura. Las policías locales también están alertas ante el fenómeno.


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