La Nochebuena pasada fue la peor de su vida para el empresario argentino Juan Carlos Tosi. Ese día, miembros de la Policía local de Guangzhou, China, le informaron que su hija Lucía, que se encontraba desaparecida desde el 27 de octubre de 2009, estaba muerta.
Le mostraron las fotos de la joven en la morgue y el certificado de defunción que explicaba que había fallecido pocas horas después de su desaparición, por causas naturales. Le dijeron que había sido encontrada muerta en la calle y que la morgue de Foshan procedió a incinerar el cadáver, sin autopsia.
“Es muy sorprendente que el cuerpo de una extranjera de 22 años no haya tenido una autopsia antes de la cremación,” comenta a PERFIL Steve Vickers, ex policía en Hong Kong y presidente de la empresa de seguridad FTI International Risk.
Para Tosi, también hay cabos sueltos en la explicación del fallecimiento de su hija, y asegura que quiere averiguar qué fue lo que verdaderamente ocurrió con Lucía, tal como hizo aquella noche no bien se enteró de que su hija no había vuelto a su casa después de ir a cenar con amigos.