SOCIEDAD
Adelanto revista Hombre

Gabriela Michetti: "Era muy enamoradiza, cortaba con un novio y me ponía de novia con otro"

En la edición de Hombre que sale esta noche, un reportaje íntimo donde la vicejefa del gobierno porteño revela cómo recuperó su sexualidad y cómo es la soledad en el poder. Además: qué la seduce de un hombre. Galería de fotos

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| Cedoc

En una charla en donde habla de sus relaciones, sus sueños y de cómo afecta la política en sus relaciones personales, la mujer que acompaña a Mauricio Macri en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se confiesa. Aquí, un adelanto de las partes más jugosas de la nota.

— ¿Te soñás caminando?

— Casi nunca recuerdo lo que sueño. Las pocas veces que he recordado siempre me he soñando caminando, nunca en la silla de ruedas. Y más que caminando, corriendo. Los dos primeros años posteriores al accidente el gran tema era volver a sentirme integrada a una vida normal. El objetivo era hacer las mismas cosas que hacía parada y caminando. Soy muy aceptadora de la realidad, lo que no quiere decir que me resigne.

— ¿En algún momento sentiste enojo?

— No. Ni broncas, ni rencores, ni el resentimiento de que me haya pasado esto, ni con ninguna de las cosas tristes que me pasaron. Sí tuve y tengo tristeza, no es una cosa que me pasa de largo como si no me pasara nada. De hecho los primeros años lloré un montón. Más allá de que me despertaba, veía la silla al lado de la cama y me preguntaba por qué. Ese proceso existió. Hasta hoy a veces hay días -muy pocos-, que digo: “¡Qué cagada que no camine!”.

— ¿Tuviste muchos novios antes de casarte?

— Bastantes, era muy enamoradiza. Desde los 17 estuve de novia permanentemente, cortaba con uno y me ponía de novia con otro.

— ¿Esta es la primera vez que estás sola por un período prolongado?

— Sí, es raro desde varios puntos de vista. Primero, porque mi visión de futuro siempre fue: “me caso para toda la vida como mis papás, que tienen como 45 años de casados”. Era impensable este escenario de estar sola. Apenas me separé fue muy movilizante, como si me hubiera quedado sin mapa. Ahora tengo más contacto con la soledad como sentimiento y es absolutamente nueva.

— ¿Coincide con que la política es un lugar de soledad afectiva?

— Sí. Por eso me llama la atención cuando me dicen: “Y, ahora estás en el poder”. Me resulta hasta graciosa esa frase ridícula. Es como decir que ahora es peor porque los hombres creen que soy re fuerte y no se me van a acercar ni soñando. ¡Qué paradójico! Cuando más responsabilidades tenés y más expuesta estás, en un ambiente tan hostil, es cuando más necesitás completarte con una pareja. En realidad soy más vulnerable que nunca y emocionalmente me siento más frágil.

— ¿Cómo lo manejas?

— Y... no sé, no manejo nada (risas). Estoy como reflexionando el tema.

— ¿Estás atenta si un hombre tiene intenciones de acercarse?

— Sí, estoy más atenta que hace un año, empiezo a ser más conciente. La política es un laburo donde uno entrega mucho, pero si uno no tiene una vida personal y le da un tiempo a sus afectos se convierte en una especie de maquinita que se empieza a despegar de la realidad, de la alimentación afectiva, espiritual y de sus propias necesidades como ser humano.

— ¿Qué tendría que tener un hombre para conquistarte?

— Condición básica: sentido del humor. Ahora necesito reírme mucho, esto lo tengo reclaro. Un tipo que disfrute, que no tenga melanco. Me engancha cierta formación intelectual, siempre me enamoré de hombres muy inteligentes y con cierta formación como para tener un punto de contacto en ese tema. Que o sea cagador, ni egoísta, ni todas esas cosas. Físicamente nunca me gustó un rubio, y de ojos celestes menos.

— ¿Cómo vivís tu sexualidad?

— Al principio, obviamente, no podía tener relaciones porque estaba en un estado de inmovilidad. De la cintura para abajo no tenía ni sensibilidad ni movilidad, como si mi cuerpo no existiera. Es una sensación terrible, mucho peor que la de no caminar. Con la rehabilitación, en dos años recuperé parte de sensibilidad y de motricidad. Yo tuve una lesión irregular, que me cortó algunas fibras medulares y otras me las comprimió. Tengo sensibilidad irregular hasta las rodillas, y de allí para abajo no siento nada.

— ¿Agradeciste poder tener una vida sexual normal?

— Absolutamente. No sé cómo debe ser un caso como el mío reflejado en un hombre, pero me parece que debe ser más complejo.

— ¿Fantaseás con ser presidenta?

— No es que tengo una fantasía, no me pasa así. Yo concibo la política desde un lugar bastante más amplio que un cargo.

— Mel Brooks decía "que lo que los presidentes no le hacen a sus esposas se lo hacen al país". ¿Cómo te llevás con las metáforas de Mel Brooks?

— Me parece una humorada. Soy muy contraria a las generalizaciones. Supongo que habrá algún presidente que canaliza algo que no puede canalizar en otro lado.

— ¿Alguna vez te dijiste "la puta que no vale la pena estar vivo"?

— No. Nunca llegué a decir no quiero estar viva. Yo tengo mucho enganche con la vida. Soy muy vital.