SOCIEDAD
Los colectivos bajo la lupa

La contaminación sonora en la Ciudad, una cuenta pendiente

Para diseñar políticas a mediano y largo plazo es necesario contar con un mapa de ruidos que falta completar. La opinión de los expertos.

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Las quejas por los constantes ruidos que generan los colectivos, las motos, las discotecas y algunos bares con la música a altos decibeles en el corazón de barrios que solían ser netamente residenciales van en aumento. Sin embargo, desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, falta completar el mapa de ruidos que, según explican los especialistas, es el diagnóstico fundamental que se necesita para poder armar políticas a corto, mediano y largo plazo para atacar de una vez por todas la contaminación sonora que padecen los porteños.

Un mapa de ruidos es una radiografía de la Ciudad que indica el grado de contaminación acústica que aqueja a los habitantes. Si bien durante el año 2005 se comenzaron las mediciones, aún el diagnóstico no está terminado. “Hasta que no se haga un análisis completo, no se puede empezar a ver donde está el problema y cómo atacarlo”, explica el ingeniero Rodolfo Gareis, presidente de la Cámara Argentina de Acústica, Electroacústica y Áreas Vinculadas (CADAE).

Si bien la iniciativa de diagnosticar la ciudad se remonta al gobierno de Aníbal Ibarra, para Gareis la actual gestión de Mauricio Macri mostró interés en el tema. “Hay que darle tiempo, por lo menos un año, para ver cómo van a trabajar en el tema, recién se están acomodando”, afirmó.

El arquitecto Alejandro Badanian, especialista de la consultora Arquisonic, también se mostró confiado en que la gestión actual trabaje sobre el tema. “Hay una intención de monitorear la ciudad. Se van a adquirir equipos, se van a hacer mapas de ruido de forma permanente, se va a tratar de tener un plan de actuación con respecto al ruido”, comenta el especialista, aunque recalca que todavía no hay nada resuelto y que es importante avanzar con las medidas para poder “implementar políticas y trazar objetivos que sean verificables”.

Hecha la ley. En el año 2005 se sancionó la ley 1540, que exige a las autoridades delinear una política para disminuir la contaminación sonora. Para alcanzar el objetivo, establece la obligación de confeccionar un mapa de ruidos cada cinco años y pauta sanciones que alcanzan los 30.000 pesos para los infractores.

Actualmente, los controles se realizan en la zona de Retiro, y si bien para los especialistas la norma constituye un claro avance, Gareis señala que lo que se debería realizar, como sucede en otros países, es una intimación a solucionar el problema reparando en cada unidad la tecnología que produce el ruido. “Si los vehículos que están proyectados para transporte no son los adecuados, entonces que no los permitan más. No se puede tener un grado de contaminación tan importante, sobre todo en avenidas”, indicó el presidente de CADAE.

Para Badanian, uno de los máximos responsables del aumento del ruido es el tráfico, que, ante la falta de control, “no ha mejorado en calidad, porque El 75 por ciento de ruido de trafico es producido por los colectivos. Ese tipo de ruido ha cambiado, las unidades no se han renovado, y las que se han incorporado como nuevas son ruidosas”.

(*) redactora de Perfil.com