SOCIEDAD

Lucas Rebolini Manso, un fanático de la música y del club Huracán

Su vida estuvo marcada por dos grandes pasiones que lo acompañaron desde chico:la música y el fútbol. Crónica de un trágico final.

0316grimauhijo468
| Facebook

Dos pasiones marcaban la vida de Lucas Rebolini Manso, el hijo de los actores Antonio Grimau y Leonor Manso: una era la música, con la que se ganaba la vida, y la otra era Huracán, el club de sus amores. Antes de desaparecer y esfumarse sin dejar rastro, llevaba su guitarra a todos lados y no se perdía ningún partido del Globo, tanto de local, como visitante. Su fanatismo lo hacía ir también a los entrenamientos en La Quemita.

Fueron precisamente esas dos pasiones las que alertaron a sus padres y amigos, dándoles la pauta de que algo raro ocurría cuando después de varios días dejaron de tener noticias de él. La primera pista fue que en su casa, intacta, sola y abandonada, estaba la guitarra, como esperando su regreso. La segunda, su llamativa ausencia al partido que Huracán jugaba de visitante contra Estudiantes en la cancha de Quilmes, en ese partido bonaerense. Desde chico, compartía con su padre actor la pasión por la camiseta roja y blanca. Lucas era fanático del fútbol: su padre lo sabía; por eso siempre lo llevaba a jugar con el equipo de actores que integraba.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

En sus 36 años de vida, la música y el fútbol lo habían visto crecer. "Los que lo hemos visto correr con su camiseta en los entrenamientos o en el Ducó sabemos que es un quemero de ley. Recemos por su pronta aparición", escribió un hincha del Globo en el grupo que lo buscaba por Facebook. En esa red social, sus fotos lo muestran casi siempre con una guitarra como fiel compañera.

Su padre, en medio de la desesperación, lo describió como "buena gente". Lucas era rellenito, le gustaba usar el pelo corto, tenía ojos marrones y era siempre cuidadoso cuando caminaba por la calle. "Estaba muy alertado de los peligros en la calle", dijo Grimau. Sus últimas horas siguen siendo un misterio. El expediente de la causa que investiga su muerte afirma que corría desnudo por la calle, gritando; que se abalanzaba sobre los autos y se tiraba a los charcos de agua de la vereda, antes de ser detenido. Después su corazón se habría parado varias veces, antes de su trágico final.

Fue entonces cuando esa alegría que llevaba siempre en su sonrisa, con sus dientes algo amarillos por el cigarrillo, se apagó, dejando no sólo a una familia destrozada, sino también a sus dos pasiones, la música y Huracán, con un profundo pesar.