SOCIEDAD

Mark Zuckerberg y la ley del embudo

¿Qué es lo que realmente cambió Facebook?

El descanso del guerrero. En una foto que dio vuelta al mundo, el joven estudiante Zuckerberg duerme la siesta con un short de Racing. Ya era un genio.
| Cedoc

No es la primera vez que lo pensás. Yo lo sé. No intentes disimularlo, porque casi todos pasamos por la experiencia de sentir una especie de envidia no demasiado sana (quedaría mejor decir “admiración”, pero es preferible evitar el vergonzoso papelón ante la inverosimilitud del término) hacia el éxito del prójimo de turno que porta cara de pocas luces.

Sí, quiero traer tranquilidad y dejar en claro que es perfectamente normal preguntarse “¿qué tiene ese salame para que le dé bola semejante minón y a mí, que soy un partidazo, ni la hora?”.

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Las malas noticias son que ese salame tiene, por ejemplo, 17 mil millones de dólares y menos de treinta años. ¿Con esa cara de colorado gil? (Quiero dejar en claro que no tengo nada en contra de Zuckerberg; de hecho tengo un amigo con cara de colorado gil).

Y sí. No saldrá muy bien en las fotos, pero alguna habilidad para que la revista Time lo haya nombrado “Hombre del Año” tiene que tener (aunque todos sabemos que nosotros somos muchísimo más piolas, y que el día que nos den una oportunidad la rompemos de acá a la China).

Para empezar a desenmarañar este misterio quizás sirva tomar una escena de la película Red social, basada en la novela The Accidental Billionaires (de Ben Mezrich), que intenta mostrar lo perverso e inescrupuloso que fue el padre de Facebook durante el proceso de creación y desarrollo de dicha red.

En la película se acusa a Zuckerberg de haber construido Facebook a partir de un código de programación robado, ante lo cual él responde –palabras más, palabras menos–: “Si todo esto se limitara a tan sólo unas líneas de código, vos habrías hecho Facebook”.

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