Antes de convertirse en uno de los rostros más emblemáticos de la lucha por los derechos humanos en la Argentina, Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, más conocida como Taty Almeida, durante décadas su vida estuvo atravesada por los valores del mundo militar, la educación pública y la vida familiar. Mucho antes del pañuelo blanco, hubo una infancia feliz, una formación conservadora y una existencia que ella misma definiría años después como vivida "dentro de una burbuja".

Nacida en Buenos Aires en 1930, aunque inscripta por error el 4 de julio en lugar del 28 de junio, Taty provenía de una familia de profundas raíces castrenses. "Mi padre era militar, un oficial del Ejército, de Caballería", recordaba. Por la carrera militar de su padre, la familia pasó por distintos destinos en el país, especialmente Mendoza, donde transcurrieron algunos de sus recuerdos más felices.
Murió Taty Almeida, emblemática Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora
"Tuve una infancia divina", solía decir. En Campo de los Andes, junto a sus hermanos, pasaba los días montando a caballo, jugando en la nieve y disfrutando de años que evocaba con alegría: "Tuve una infancia divina, no sólo una infancia: una niñez, una adolescencia, una juventud maravillosas, un hogar estupendo". Así lo recordó décadas más tarde en una entrevista con la revista del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.
Su padre, contaba, era un hombre de fuerte sentido ético. "Mi padre dejaba las botas en la puerta y adentro era un padre común, divino". Solía recordar una anécdota que consideraba ejemplar: siendo jefe del Regimiento 7° de Caballería en San Rafael, rechazó una propuesta para obtener electricidad gratis mediante conexiones irregulares. "Nosotros jamás anduvimos en el auto oficial, nunca, íbamos en colectivo al colegio público", relataba con orgullo.
La familia se instaló definitivamente en Buenos Aires en 1945, en un departamento sobre la avenida Federico Lacroze, en Belgrano. Allí celebró sus 15 años. Estudió magisterio en la escuela pública y se recibió en 1950. Décadas más tarde encontraría una definición inesperada para ese oficio: "Nunca pensé que iba a seguir ejerciendo como maestra: maestra de la vida, con un pañuelo blanco en la cabeza".
"No me quiero ir sin tocar sus huesos": Alejandro, el hijo que Taty Almeida buscó hasta el final
En 1953 se casó con Jorge Almeida y tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana. Ejerció como docente durante algunos años hasta dedicarse de lleno a la crianza de sus hijos. En 1970, a los 40 años, tomó una decisión poco frecuente para la época: separarse. "Reconozco que fui pionera", decía entre risas, recordando el apoyo que recibió tanto de su familia como de su exsuegra.
Pero si algo definió la primera mitad de su vida fue el universo ideológico en el que creció. Ella misma lo reconocía sin eufemismos: "Toda mi familia militar: mi padre, oficial de Caballería; mi hermano, coronel; los maridos de mis hermanas, oficiales de Aeronáutica; los hermanos de mi ex marido, oficiales del Ejército. Yo me crié en ese ambiente, o sea, antiperonista".
Con el humor y la honestidad brutal que la caracterizaban, Taty no ocultaba su mirada de entonces. En una entrevista con Perfil en 2006 recordó que su hijo Alejandro solía abrazarla y decirle: "Esta gorilita de mierda. Sin embargo, ¡cómo la quiero, cómo la quiero!", escandalizado por su falta de formación política. Ella misma admitía: "Yo era gorila. Lo único que sabía de política era que me sentía antiperonista". Esa identidad política, explicaba, estaba profundamente ligada a su historia familiar: su padre, un oficial de Caballería fallecido en 1961, no había ascendido durante el peronismo y, por el lado materno, pertenecía a la familia Uranga de Entre Ríos, una tradicional familia con participación política. "Yo era 'anti' a más no poder", resumía.
"Yo tenía 45 años y vivía en una burbuja", admitiría años después. La desaparición de Alejandro, el 17 de junio de 1975, no sólo la enfrentó a una tragedia personal: también derrumbó las certezas con las que había sido criada. Hasta entonces, Taty Almeida era una mujer formada en los valores del Ejército y del antiperonismo de la época. A partir de ese momento comenzaría una transformación personal y política que la convertiría en una de las voces más potentes de la lucha por la Memoria, Verdad, Justicia.
Años después encontraría las palabras exactas para describir ese cambio: "Así como yo estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, Alejandro me parió". La mujer criada entre cuarteles se transformó en Madre de Plaza de Mayo, y el pañuelo blanco terminó siendo más fuerte que cualquier uniforme.
MSS/ML