SOCIEDAD
Opinión

Un impacto que deja huella

En los casos de abuso en menores, ¿qué sucede con las huellas de lo vivido, más allá de las modificaciones psíquicas que hayan podido ser operadas a ese respecto?

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En los casos de abuso en menores, ¿qué sucede con las huellas de lo vivido, más allá de las modificaciones psíquicas que hayan podido ser operadas a ese respecto? ¿Qué de ellas vuelve a encontrarse en la cura analítica de estos pacientes?

Por supuesto, las secuelas dependerán de la personalidad y la historia de cada uno, además de otros factores como sexo, edad, contexto (padre o madre, un pariente, un extraño), tipo de abuso (frecuencia, severidad, si hubo o no violencia durante el acto) y descubrimiento del hecho, porque la desmentida de lo ocurrido por parte de los adultos es lo que hace más patógeno al trauma. Lo patógeno es no solo el forzamiento, sino también la desmentida y la calumnia siguiente.

El impacto dejado por el hecho y las “explicaciones causales” que connota, aun si en un segundo tiempo puede ser recubierto de buenas explicaciones, marcará con su sello la actividad del menor, y dejará huellas indelebles en la relación con el pensamiento y con el deseo de conocimiento.

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Una confusión espantosa es esperable cada vez que un menor sufre abuso sexual. El agredido ve desbordadas sus defensas, se abandona, por así decirlo, a su destino. Cuando se trata de la transmisión de lo irracional, trata de otorgarle un sentido para poder procesarlo.

*Médica psicoanalista (APA), especialista en niños y adolescentes.