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Martin Iofrida: “Se está yendo una persona por día del sector nuclear”

El ingeniero y secretario general de la Asociación de Profesionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Actividad Nuclear, participó del Ciclo de Entrevistas organizado por la Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA). Habló de sobre la actualidad de su sector y cómo el mismo está siendo perjudicado por medidas gubernamentales.

Martin Iofrida
Martin Iofrida | Martin Iofrida| Linkedin Martin Iofrida

—¿Qué lectura hacen desde la Comisión Nacional de Energía Atómica sobre las prioridades del gobierno en materia científica y tecnológica?

—Bien, qué pregunta. El Gobierno nacional, desde el comienzo, ha generado un embate muy duro contra la ciencia y la tecnología en general. Los principales ataques han sido la asfixia salarial, también presente en otros organismos científicos, pero en particular en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Hay por lo menos un 40 por ciento de trabajadores cuyo salario básico está por debajo de la línea de pobreza. Estamos hablando de técnicos, profesionales y administrativos formados en la administración del Estado, que hoy están bastante menospreciados, pero que realmente hacen mucha falta. Los presupuestos se encuentran congelados. Estamos hablando de instalaciones que valen centenares de millones de dólares. Son de las inversiones más grandes que realiza el Estado y que los privados, en general, no hacen justamente por la magnitud que tienen. Por otro lado, lo que está pasando es que, debido a los bajos salarios y a la falta de dinero para proyectos, la gente empieza a irse. Hoy firmaron una carta 500 personas, trabajadores y trabajadoras de la CNEA, de los cuales 180 son jefes, gerentes, subgerentes y jefes de departamento. Piensen el nivel de presión que tiene la gente para animarse a poner su nombre y enviar una carta a las autoridades. Estamos realmente muy mal.

—Martín, te referías al comunicado que acaban de difundir sobre la situación de 350 trabajadores y el fin de sus contratos en el mes de junio. Ante este panorama, ¿tienen pensado un plan de contención y diálogo con el Gobierno para poder sostenerlos?

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El Gobierno tuvo dos gestiones distintas del sector nuclear. Esta nueva gestión no tiene diálogo con los gremios y asociaciones, hicimos diez pedidos de los cuales ninguno fue respondido, entendiendo así que esta vía se encuentra agotada. Los contratos históricamente se renovaban por un año y desde diciembre, se decidió renovar cada tres meses. Esta es la primera vez en mucho tiempo que buena parte de los funcionarios no provienen del sector, por lo cual es muy difícil trabajar. Y la falta de diálogo con los profesionales que conocen el trabajo, que conocen la tecnología, genera que se traben los proyectos, cueste mucho avanzar, no se firman contratos para darle servicios a las centrales nucleares. La Comisión le brinda servicios a las centrales nucleares y todo eso está muy demorado. Los períodos se están alargando y posiblemente pueden llegar a comprometer la energía o productos que tienen que ver con el sector nuclear como los radioisótopos.

—¿Hubo algún avance en las conversaciones con inversores y con Estados Unidos desde que se lanzó el plan nuclear, hace un año y medio, con la vinculación que promete el gobierno norteamericano?

Es interesante. Los proyectos nucleares requieren muchos años de desarrollo y fuertes inversiones, por lo que iniciativas recientes como los pequeños reactores aún están en una etapa muy preliminar. Mientras tanto, Argentina está perdiendo capacidades estratégicas en el sector nuclear debido a la paralización de proyectos históricos y a la fuga de profesionales hacia empresas privadas o al exterior. Se había construido una política nuclear basada en uranio natural y agua pesada, una tecnología que le daba mayor independencia energética al no depender del uranio enriquecido que controlan pocas potencias. Esa línea tecnológica se fue abandonando progresivamente con la cancelación de grandes centrales nucleares proyectadas con financiamiento chino. Argentina todavía conserva recursos estratégicos como gas y uranio, pero están orientados principalmente a la exportación en lugar de impulsar industria nacional y energía accesible. Sin una estrategia de desarrollo industrial y soberanía energética, el país puede avanzar hacia una economía más primaria y desigual.

—Con esto que hablaba de los recursos estratégicos y de esta forma progresiva de perder soberanía, y con foco en la electricidad, hay una política del Gobierno que es la privatización de Nucleoeléctrica Argentina. ¿Aumentarían los costos de la energía? ¿Cuál sería el impacto directo en la población?

El impacto directo es un aumento de la tarifa. Las centrales nucleares producen del orden del 9% de la energía eléctrica que se produce en la Argentina, y es una energía de base. Quiere decir que están todo el tiempo produciendo, a diferencia de otras que se prenden y se apagan dependiendo de la demanda. El otro impacto grande es que no va a haber nuevas centrales, porque en ningún lugar del mundo, ni siquiera en los Estados Unidos, los privados construyen centrales nucleares. O sea, hay privados que operan centrales nucleares, pero no que construyen. Entonces lo que va a pasar es que en el no tan largo plazo, la industria nuclear va a ir achicándose y en 20 o 30 años la industria nuclear argentina va a desaparecer. Nosotros estamos trabajando en el Congreso con diputados y senadores para que esto no suceda.

martin iofrida entrevista zoom USBA

—Tras la visita de una delegación estadounidense a instalaciones nucleares estratégicas y la apertura de la CNEA a inversiones privadas extranjeras, ¿ven algún riesgo de una mayor injerencia de Estados Unidos y de una pérdida de control argentino sobre recursos nucleares estratégicos?

Sí, sin dudas ya hay una injerencia creciente de Estados Unidos sobre el sector nuclear argentino. Lo vemos en la extranjerización de empresas estratégicas y en proyectos con capitales norteamericanos destinados a explotar y procesar uranio en el país. Si bien la visita de delegaciones estadounidenses a instalaciones nucleares responde, en parte, a acuerdos históricos vinculados al uranio enriquecido que Argentina compra a Estados Unidos, también existe un interés claro de ese país por influir y reorientar nuestro desarrollo nuclear de acuerdo con sus propios intereses.

—En 2007, Argentina logró exportar un reactor nuclear de investigación a Australia, considerado uno de los grandes hitos del desarrollo tecnológico nacional. Frente al escenario actual, ¿cuánto tiempo piensa que le llevaría al país recuperar la capacidad tecnológica e industrial necesaria para volver a exportar este tipo de desarrollos nucleares?

Acá es importante distinguir dos cosas dentro del sector nuclear. Por un lado están los reactores de potencia, que son los que generan electricidad y requieren inversiones y tiempos muy grandes. Y por otro lado están los reactores de investigación y producción de radioisótopos, que son mucho más pequeños pero estratégicos. En ese segundo campo, la Argentina tiene un rol muy destacado a nivel mundial. Es uno de los pocos países con capacidad real de diseñar, construir y operar este tipo de reactores, una capacidad que hoy está principalmente resguardada en INVAP, una empresa estatal de Río Negro. De hecho, INVAP sigue exportando tecnología, como el reactor que está construyendo en Holanda. Argentina también tiene experiencia histórica en exportaciones, como los reactores vendidos a Perú hace décadas. Sin embargo, operar este tipo de instalaciones no es simple, y en algunos casos los países receptores necesitan apoyo continuo, como suministro de combustible y asistencia técnica, algo en lo que Argentina todavía participa.

—En relación con los distintos casos de corrupción y denuncias vinculadas a Nucleoeléctrica Argentina, ¿observa algún patrón común con otros procesos, como intentos de privatización o de control de empresas del sector? ¿Cómo lo vincularía con las políticas de los años 90, el desmantelamiento de planes nucleares y la situación de presión o debilitamiento del recurso humano en la Comisión Nacional de Energía Atómica?

Sí, lo veo como parte de una continuidad de proyectos de tipo neoliberal en la Argentina y en otros países, que tienden a debilitar las capacidades estatales, especialmente en sectores estratégicos como el nuclear. En ese marco, muchas veces se construye un discurso que deslegitima a los trabajadores del Estado, incluidos los científicos, asociándolos a ineficiencia o corrupción. En el caso de Nucleoeléctrica, más allá de algunos intentos de irregularidades de baja escala que la propia estructura de la empresa logró contener, el problema central hoy es otro: la pérdida acelerada de recursos humanos estratégicos. Se está yendo aproximadamente una persona por día del sector nuclear. No se logra consolidar la formación porque se contrata gente, se la capacita, y rápidamente se va; no hay una rotación de talento, sino una pérdida constante de personal altamente calificado. Eso implica que capacidades claves, especialmente en ingeniería y operación segura de centrales nucleares, se están debilitando. Se están perdiendo líneas completas de conocimiento, tanto en investigación como en operación, y lo más grave es que se trata de capacidades que no se recuperan fácilmente. Es una tendencia que, por ahora, no veo que se esté frenando.

—Con este ajuste que plantea, ¿puede haber algún riesgo para la seguridad, tanto de los trabajadores como de la población, debido a que se trabaja con materiales muy sensibles y delicados?

Hay que ser muy cuidadosos con este tema porque la actividad nuclear requiere una relación muy sólida con la cultura de la seguridad. En Argentina, la operación de las centrales de Nucleoeléctrica tiene estándares de los mejores del mundo y los indicadores de seguridad son excelentes. Pero la seguridad no depende solo de la tecnología, sino también de las condiciones del personal. Y hoy hay un problema: muchos trabajadores del sector no alcanzan a cubrir un salario digno y tienen que hacer otros trabajos, incluso después de turnos de ocho horas. Eso genera cansancio y afecta la cultura de seguridad, que es clave para evitar errores. No significa que haya un riesgo inmediato de catástrofe, pero sí que se empieza a debilitar un sistema que debe ser extremadamente estricto. Y en este tipo de actividades, cuando se empieza a deteriorar la cultura de la seguridad, aunque sea de forma gradual, se está jugando con un riesgo que no se puede subestimar.

—¿Cuál es su opinión acerca de que un argentino formado justamente en energía nuclear tenga muchas posibilidades de presidir las Naciones Unidas?

Creo que Rafael Grossi ha hecho un buen trabajo al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica, especialmente en contextos muy complejos, como la guerra en Ucrania. Es un tema extremadamente delicado y su rol ha sido relevante. Dicho esto, más allá de su candidatura, lo importante es que quien ocupe esos espacios en Naciones Unidas sea una persona enfocada en el diálogo, la paz y el sostenimiento de un orden internacional basado en reglas. Grossi puede ser una buena opción, pero no es la única persona capacitada. En definitiva, lo que se necesita es reforzar un sistema internacional que permita evitar una mayor escalada de conflictos, porque la situación global actual es preocupante.

Por Lourdes Monzón Domé y Martin Tiscornia.
Estudiantes de la Licenciatura en Comunicación
Universidad del Sur de Buenos Aires