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sinuosidades

Sólo humo

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A nadie parecía importarle; sólo a mi padre y a mí. Resulta que durante muchos años el pasaje Rauch existía en dos lugares a la vez. Rauch es la última cuadra de la calle Rocamora cuando cruza Medrano, con una finta nada elegante. Y hasta hace poco, también era la sinusoide que va de Callao y Lavalle hasta Corrientes y Riobamba, y que hoy –por fin– se llama Enrique Santos Discépolo.

¿Cuántos años tardó la gente que decide las calles en descubrir la falla? Las numeraciones de ambos pasajes eran incompatibles, así que imagino que la gente que debía ir a Rauch (poquísima gente) iba alertada. Pero de chico me atormentaba esta falta de cuidado. Mi padre, que me entrenaba para taxista, me hacía las preguntas capciosas del examen profesional. Y una era ésta: ¿dónde queda Rauch? Había que contestar con ambas direcciones. Otra pregunta rutilante: ¿Cuáles son las tres únicas calles que no cambian de nombre en Rivadavia? (General Paz, 9 de julio, y en aquellas épocas preautopista, creo que un pedacito de la Av. Perito Moreno).

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Yo sentía entonces que la ciudad había sido diseñada por nadie, por una suma de nadies, por acumulaciones de desidias y preferencias hacia los nombres de milicos y no de artistas, escritores, flores o maravillas del mundo. Rauch en alemán significa humo. Transito por la ciudad, años después de las preguntas de mi padre, cuya memoria se hace ya también esquiva como el humo, y esquivo el humo de los vecinos sin luz que hacen piras cáusticas en las bocacalles como ofrendas infernales a Edesur. Se va otro año.

Es posible. Las ciudades están hechas por nadie.