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sábado 19 mayo, 2018

“Siento una inmensa gratitud con este país”, dice la viuda de Pablo Escobar

María Isabel Santos Caballero hace 24 años que vive en Argentina con sus dos hijos. Esta semana debió presentar un descargo en el marco de una causa por narcolavado.

por Cecilia Di Lodovico

Indagados. Isabel Santos Caballero y su hijo Sebastián Marroquín. Foto: reuters

“Jamás intervine en acción u omisión ilícita, ni aquí ni en Colombia, ni en otro lugar, ni siquiera los pocos años que conviví con quien fuera mi esposo, Pablo Emilio Escobar Gaviria”. “Ser la viuda de...” es el estigma que carga María Isabel Santos Caballero y, a la vez, es el principal argumento de su defensa en una causa en la que se la investiga, junto a su hijo, Juan Sebastián Marroquín Santos, por lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

A 25 años de la muerte del jefe del sanguinario cartel de Medellín, la mujer y Marroquín Santos fueron llamados a indagatoria por el juez federal de Morón Néstor Barral, luego de que sus nombres –de forma sorpresiva para los investigadores– aparecieran en un documento que guardaba el abogado Mateo Corvo Dolcet, considerado uno de los pilares de una organización que lavó millones de dólares en el país para José Bayron Piedrahíta Ceballos, sindicado como un peso pesado del cartel de Calí.

El juez, a pedido del fiscal Sebastián Basso y el titular de la Procunar, Diego Iglesias, imputó a la familia del capo por considerar que colaboró en la estructura de lavado al intermediar entre Dolcet y Pedrahíta. El vínculo quedó plasmado en un acuerdo firmado el 15 de febrero de 2011, entre las partes. La hoja, hallada en el domicilio de Dolcet durante un allanamiento, establece que Santos Caballero y Marroquín le presentaron al colombiano con el fin de que invirtiera en su proyecto inmbobiliario, a cambio del 4,5% del monto de la transacción.

Historia. Esta semana, la viuda –al igual que Marroquín– debieron ser indagados pero, en su lugar, presentaron un descargo, al que accedió PERFIL, en el que ambos detallan los devenires de su pasado y su presente. En el caso de Santos Caballero, la historia incluye el fin del imperio de Escobar, un vecino del barrio del que se enamoró a sus 13 años, con quien se casó a sus 15 y de quien enviudó a los 33.

Según relató, debió escapar, junto a sus dos hijos (de 16 y 10 años, en ese momento), de “una muerte segura”, una “sentencia impuesta” por “no uno sino muchos enemigos” del afamado “Patrón”. La viuda de Pablo Escobar describe esa época como un “pasado cruel, amargo y devastador” al que debe recurrir para defenderse, “que implica reabrir heridas mal cicatrizadas cuyo trauma” aún no ha superado. “Aún me despierto de noche sobresaltada por el miedo”, dice y agrega: “Esa es una de las tantas razones por las que siento una inmensa gratitud con Argentina, porque vivir en este país nos devolvió el aliento para existir y me abrió las puertas para poder educar a mis hijos, ayudarlos a crecer y a transformarse en personas adultas de bien. Aquí estudiamos, trabajamos, y la vida me honró convirtiéndome en abuela”.

Cambio de identidad. Asegura que, tras el homicidio del capo, fueron perseguidos y amenazados. Pese a “las barbaries cometidas” por su marido, el Estado colombiano resolvió protegerlos y cambiar sus identidades. “Nosotros también fuimos víctimas de sus horrores”, detalla. La viuda, como símbolo de paz, colaboró con el gobierno en la negociación con cuarenta jefes de carteles de drogas para detener la guerra desatada por Escobar. Con la muerte pisando sus talones (padeció un atentado con dinamita), logró salir de su país un año después. “Ni Estados Unidos, ni Alemania, ni el Vaticano, ni la ONU, ni la Cruz Roja nos permitieron ingresar a sus territorios, y creímos haber encontrado la solución emigrando a Mozambique (Africa), donde solo estuvimos cuatro días pues las condiciones de vida eran insostenibles. De ese modo, casi por azar, llegamos a la Argentina, donde nos asentamos”. Ocurrió hace 24 años. Afirma que su verdadera identidad se mantuvo en secreto hasta que, en 1999, resultó “víctima de extorsión”. Estuvo presa dos años por lavado. En ese contexto, dice, conoció a Dolcet. Fue sobreseída y recuperó la libertad, defendida por otro abogado.

Junto al traficante de drogas, “solo me dediqué a ser madre. Pablo Escobar tan solo nos dejó de herencia horror y guerra. El Estado colombiano nos quitó casi todos los bienes que poseíamos y el resto fue el botín de los enemigos de mi marido”.

En Argentina, “he tenido un perfil bajo, vivo como una ciudadana común, pero no ocultándome”.

Una defensa incondicional de sus dos hijos

“Sebastián Marroquín tiene 41 años, y hace diez tuvo la fortaleza de mostrar su cara al mundo, de pedir perdón por los horrores cometidos por su padre”. Así describe la viuda de Pablo Escobar a su hijo, quien se desempeñó como arquitecto, profesión que abandonó para dedicarse a la literatura y producción de documentales. Escribió dos libros –Pablo Escobar, mi padre y Pablo Escobar, in fraganti– que fueron traducidos a 15 idiomas, y realizó dos documentales: Pecados de mi padre y Escobar Exposed, razón por la cual fue invitado por la ONU para celebrar el Día Mundial de la Paz en el año 2010 y da conferencias por el mundo hablando del narcotráfico, “mostrándoles a los jóvenes que ese es el camino que no se debe seguir”, cuenta María Isabel Santos Caballero. “Ha llegado a reunir 6.200 chicos en una sola conferencia, mostrándoles el precio que ha pagado en su vida por el accionar de su padre”, detalla. “Aprendió la lección y no osaría repetir ni siquiera mínimamente el camino ilegal de Pablo”, concluye.

Sobre su hija Juana, de 33 años, dice: “Aún vive paralizada. No ha podido salir del asombro del dolor que le dejó la guerra, pues el horror la acompañó desde que estaba en mi vientre. Hasta hoy siente que no cabe en este mundo, a pesar de su buen comportamiento, pues la discriminación no la deja crecer”.

“Llevo una vida austera”

La viuda detalla que, al llegar a Buenos Aires, “sin conocer a nadie” debió ir de “hotel en hotel”, hasta que la ayuda económica llegó por parte de sus familiares y coterráneos solidarios. Luego de un infructuoso paso por el negocio immobiliario, se graduó como coach organizacional. “Desde octubre de 2016 trabajo con la Editorial Planeta, para quienes escribo mi primer libro”, afirma. “Llevo una vida austera –agrega–, me levanto todos los días como cualquier ciudadana y me dedico a trabajar. Hace 25 años que alquilo los departamentos en donde he vivido porque no tengo dinero para comprar una propiedad”.


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