POLITICA
el vicejefe de gabinete

Derrotado, Quintana busca recuperar poder

Fue relegado por el ascenso de Dujovne como coordinador. Enfrentado a algunos de los ministros, en el oficialismo creen que le pasó factura su apetencia por una candidatura.

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Explicaciones. Esta semana fue a radio Mitre por Farmacity. | TELAM

Las peleas internas que venía teniendo con parte del gabinete ya son solo una anécdota: los cambios en el área económica y las acusaciones sobre Farmacity dejaron al secretario de Coordinación, Mario Quintana, en su peor momento desde que asumió como vicejefe de Gabinete. Influyente como pocos en la mirada económica ante el presidente Mauricio Macri, y brazo ejecutor de Marcos Peña, Quintana sufrió el desgaste de haber sido corrido como coordinador del gabinete económico, hoy en manos de Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda.

“No quedaba claro cuál era el objetivo, si era el gradualismo, cómo se componía ese gran sustantivo. Con Nicolás está claro que la idea es bajar el déficit”, lo explica uno de los ministros que participa de la mesa. La primera cachetada la había recibido cuando, la semana pasada, Macri dijo en conferencia de prensa que había habido “problemas de coordinación”, ante la atenta mirada de Quintana.

Pero eso no es todo: el “mini gabinete” que ahora anima Dujovne se llevó a los funcionarios con los que más batallaba Quintana, el de Modernización, Andrés Ibarra, y el del Interior, Rogelio Frigerio. A ellos se pueden sumar Federico Sturzenegger, del Banco Central, y el propio Dujovne. “Mario bajó la guardia con ellos”, sintetiza un funcionario que conoce las peleas de cerca.

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En el primer caso, Ibarra, quien goza de una relación privilegiada con el Presidente desde sus años en el club xeneize y Socma, tuvo que soportar los permanentes embates del vicejefe de Gabinete: intervino en el Correo y logró hacer renunciar a Miguel de Godoy, del Enacom. Con Frigerio es una guerra fría: se pasó el 2017 deslizando que sería ministro del Interior e intentó, en varias oportunidades, meter funcionarios de su cosecha en la estructura. Nunca pudo.

Defensa. Quintana tuvo que salir, por primera vez, a responder denuncias por sus negocios. Jorge Lanata reveló que seguía manejando Farmacity, a pesar de que repetía que “solo” tenía el 3% de las acciones, sin contar un entramado que lo dejaba con más del 50% del paquete. En los papeles, Quintana, por ley de ética pública, no debería participar de las negociaciones con laboratorios.

Golpeado internamente pero, por primera vez, externamente, muchos dan como causante su apetencia de dedicarse a la política y, acaso, echar a correr una candidatura en 2019. “Quiso ser político, y la política te lo cobra rápidamente y te da la bienvenida así”, resume un funcionario que lidia a diario con él. Para completar su peor semana renunció Vladimir Werning.

Mientras tanto, se contenta con seguir al frente del gabinete de Desarrollo Humano, donde participan los ministros del área social. Esta semana corrió fuerte el rumor de que Carolina Stanley sería coordinadora. Ella lo desmintió. Más erosionada quedó la figura de Quintana, cuyo hijo, Pablo, dejó su cargo como funcionario en Desarrollo Social hace unos meses.

Pese a todo, el vicejefe de Gabinete seguirá teniendo su despacho en el primer piso de la Rosada donde la espiritualidad se puede observar: desde una figura de un Buda y de San Francisco de Asís a las lecturas que le recomiendan en la Fundación Vocación Humana, donde se refugia en sus peores momentos.