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ACTUALIDAD / Planeta en peligro
martes 2 junio, 2020

Antártida al rojo vivo

Un alga que crece sobre la nieve y absorbe el dióxido de carbono acelera, sin embargo, el calentamiento global. Provoca el derretimiento del Artico y la Antártida.

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La Chlamydomonas nivalis vive en las zonas heladas del Artico, la Antártida y también los Alpes. Foto: Shutterstock y Facebook Andriy Zotov
martes 2 junio, 2020

Matt Davey, investigador de la Universidad de Cambridge, cuenta que en Antártida hay algas especiales, Chlamydomonas nivalis, microscópicas, que viven en la superficie de la nieve y la pintan con estrías de color rojo. Así, los cielos más limpios permiten distinguir manchones verdes intercalados con otros rojizos, visibles en condiciones lumínicas óptimas.

Los investigadores sospechan que las algas se extenderán más a medida que se eleve la temperatura global. Crecen en la nieve semiderretida y absorben el dióxido de carbono. Es decir, "son amigas" del planeta. Las algas hoy presentes en la península absorben un nivel de dióxido de carbono equivalente al que producen 875.000 automóviles con los motores encendidos. Por culpa de ellas, en verano la Antártida cambia de color. Pero cuidado, porque aunque ejerzan una acción beneficiosa, son producto del calentamiento global.

Este estado de cosas también fue investigado en la Base de Investigación Vernadsky, de Ucrania, que funciona en la isla Galíndez del grupo islas Argentina del archipiélago Wilhelm. Concluyeron que estos microorganismos son muy comunes en las regiones de la Tierra que registran muy bajas temperaturas, desde el Círculo Polar Ártico hasta las zonas alpinas. “Se trata de unos microorganismos que necesitan la luz solar para crecer. Cuando en la Antártida es verano, tarde o temprano aparecen sobre la nieve”, aclaró Andrey Zotov, ecologista marino de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania. 

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Según publicó el Centro Científico Nacional Antártico de Ucrania en su página de Facebook, en su fase inicial, los Chlamydomonas nivalis son de color verde debido a sus cloroplastos fotosintéticos. Con todo, a medida que crecen, pierden su habilidad de convertir la luz en energía y se adaptan al nuevo entorno helado. Ahora es cuando desarrollan una pared celular aislante secundaria y una capa de carotenoides rojos (el caroteno que está presente en tantos de los alimentos que consumimos, desde el durazno al morrón y la zanahoria). Esta capa protege las algas de la radiación ultravioleta.  


Como se dijo, todo parecía indicar que son inofensivas o incluso beneficiosas, pero no es así porque los carotenoides rojos ayudan a estos microorganismos a ganar temperatura, absorber más calor y, en definitiva, aceleran el calentamiento global de la región. Los carotenoides están diseñados para impulsar el descongelamiento y que se activen los Chlamydomonas nivalis que estaban “hibernando”.

Ya en 2016, científicos de la Escuela de Tierra y Ambiente de la Universidad de Leeds, y de otros centros de estudio de Gran Bretaña, publicaron en la revista Nature un alerta contra estas algas: su presencia disminuye al menos 13% el albedo (el porcentaje de luz que cualquier superficie refleja respecto a la luz que incide sobre ella) en el Ártico. Y otro estudio un año posterior, desarrollado en Alaska Pacific University y también publicado en Nature, advirtió que estas comunidades microbianas colonizan el ambiente y provocan un 20% del derretimiento de los hielos de Alaska.

MM / DS


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