Minnesota, el epicentro de la crisis migratoria que pone en jaque a Trump
El periodista Henrik Rehbinder analizó el despliegue migratorio de Donald Trump en Minnesota, la violencia policial y el riesgo de un cierre del gobierno federal.
La muerte del enfermero Alex Petri marcó un punto de inflexión en la política migratoria estadounidense. Según explicó Henrik Rehbinder, “esta fue la gota que colmó el vaso”, por la brutalidad del operativo: “lo desarmaron y le dieron diez balazos en cinco segundos, cuando estaba de rodillas y en el suelo”. Las imágenes difundidas desde múltiples ángulos desmintieron la versión oficial que intentó presentarlo como una amenaza.
Para Rehbinder, el problema no fue solo el hecho, sino el relato posterior: “hubo un relato de la administración que el tipo fue un agresor, un terrorista doméstico, cuando quedó muy evidente que no era así”. Esto golpea el corazón de la agenda de Trump, ya que “la expulsión de los inmigrantes ilegales es la pieza central” de su proyecto político.
Por qué Trump eligió Minnesota
Minnesota no fue una elección casual. Rehbinder explicó que “fue elegido en parte porque es un estado demócrata”, al igual que California o Illinois, donde Trump decidió concentrar operativos de alto impacto. Además, destacó la composición migratoria: “hay una gran mayoría de somalíes”, comunidad contra la cual el expresidente “ha sido muy pero muy duro”, incluso con ataques directos a representantes políticos del estado.
Otro factor clave es simbólico: “Minnesota se ha convertido en el símbolo que quería usar la administración Trump” para mostrar mano dura, enviando unos 3.000 agentes federales. Sin embargo, la estrategia fracasó. “Esto no funcionó”, sostuvo Rehbinder, señalando que los agentes fueron contratados de urgencia y conducidos por Stephen Miller, “un supremacista blanco, el de la línea extremadamente dura”, a quien responsabilizó directamente por la escalada de violencia.
Rebelión política y amenaza de cierre del gobierno
La crisis derivó en cambios internos que, según Rehbinder, no alteran el rumbo: “se hacen cambios para que todo siga igual”. Aunque fue removido el jefe de la patrulla fronteriza, “han puesto al que era su jefe”, manteniendo intacta la línea dura. Esto generó tensiones incluso dentro del oficialismo.
Hoy el escenario es inédito: “el Senado votó en contra de dar fondos a ICE si no se hacían reformas urgentes”, con apoyo de ocho republicanos. La razón es clara: “la gente está simpatizando más con los manifestantes que con los agentes”. Si no hay acuerdo, “es posible que haya un cierre” del gobierno federal, con consecuencias económicas y políticas imprevisibles.
Rehbinder cerró con un dato clave: “estamos hablando de unos 3 millones de indocumentados”, y advirtió que los operativos ya no apuntan solo a criminales, sino “también a familias con niños de 5 años”, profundizando el rechazo social.
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