A 50 años del comienzo de la dictadura: recuerdo y memoria
“La entrega de los activos nacionales fue la otra cara que tuvo el golpe de facto; la destrucción de un país inclusivo y equilibrado socialmente, otro de sus objetivos”, sostiene el autor.
El repudio al golpe, desde ya. Con todo y sin dobleces. No hay comprensión de contextos ni relativismo alguno. Repudio al golpe, a sus organizadores, ejecutores, beneficiarios. Su categoría es clara, son asesinos seriales. La criminalidad fue su marca más importante. La entrega de los activos nacionales la otra cara que tuvo el facto. La destrucción de un país inclusivo y equilibrado socialmente otro de sus objetivos.
Y este repudio debe combinarse en este 50 aniversario con la necesidad de fijar en la memoria social, política y cultural de los argentinos que esta fecha es una marca del pasado que nunca, que jamás debe repetirse.
Pasaron 50 años del derrocamiento de un gobierno constitucional y aun pervive en nuestra memoria ese día de terror y angustias.
Desde el primer crimen que cometió la junta militar que usurpó el gobierno, que no casualidad fue en la figura del ex delegado del Gral. Perón, el inolvidable compañero Bernardo “Yorma” Alberte asesinado en las primeras horas del golpe, hasta el último día de su mandato en diciembre de 1983, esa dictadura fue una constante avasallamiento de todos los derechos, de todas las libertades.
Los crímenes de lesa humanidad fueron moneda corriente, desaparecidos, encarcelados, exiliados y la tortura como naturalizada forma de dominación rodearon el marco conceptual de la dictadura que marcó la entrega económica del país y su desindustrialización, que en definitiva terminó con 30 años del, con sus más y sus menos, llamado Estado de Bienestar.
Porque a eso vinieron. A finalizar con un ciclo que permitía la paridad en la distribución del ingreso y la autonomía en las decisiones de política exterior. La excusa fue la violencia existente.
Lo real fue la necesidad del dominio del Estado, sin interferencia alguna, por parte de civiles y militares fuertemente comprometidos con intereses ajenos a la Nación. Por eso es tan criminal Martínez de Hoz como Videla. Los grupos de poder favorecidos como los propios militares que mancharon con sangre sus manos, sus uniformes y sus instituciones.
Y no dejamos de reconocer que nuestro movimiento no estaba en su mejor etapa. Y el gobierno constitucional tampoco. Su conducción y rumbo, fuertemente influenciados por presencias contradictorias con la esencia liberadora del peronismo desde la muerte del Gral. Juan Domingo Perón, fueron actores también de prácticas represivas previas al golpe.
Aun así, hubo defensa de intereses nacionales en políticas públicas y no puede dejar de reconocerse que la conducta de Isabel Martínez de Perón fue, una vez secuestrada la misma noche del golpe, de enorme dignidad y afrontó prisión pudiendo haber convenido irse del país o mejorar su situación. Hizo gala de un gran respeto por la investidura que ostentaba.
Tampoco hay que dejar de mencionar la veloz y desacertada militarización de organizaciones políticas que hubieron gozado del favor popular y que desbarrancaron en una vorágine de violencia donde el asesinato de Rucci y el atroz e irracional asalto al cuartel del Formosa, fueron la muestra más real de la descomposición del capital político que habían tenido.
Y eso también incidió en la opinión masiva de una sociedad harta de pólvora, atentados y violencia. Nosotros sabemos la diferencia entre terrorismo desde el Estado y otras formas, la sociedad argentina no tenía por qué hacer esas disquisiciones. No quería más sangre y por eso tomó al golpe con calma y cierta ponderación social.
Y no olvidemos que estaban convocadas elecciones generales para ese año de 1976 y menos olvidemos que el peronismo es el “hecho maldito del país burgués” y el objetivo de su destrucción también formó parte de las causas de los golpistas del 24 de marzo.
Bien vale la pregunta por los 30.000
Los peronistas fuimos el blanco predilecto del castigo dictatorial. En todas las variantes sociales, culturales, políticas y gremiales que se eligieron como sujeto de represión, ahí estaba nuestra identidad como dato sobresaliente.
Delegados de fábrica, dirigentes gremiales, estudiantes, profesionales, artistas, dirigentes políticos, obreros, campesinos, cooperativistas. En la ancha franja de reprimidos, desaparecidos, presos y exiliados los peronistas estuvimos a la cabeza del odio de los genocidas seriales de la dictadura.
Recordamos con emoción, dolor y orgullo a los 30 mil desaparecidos y a los miles que anónimamente lucharon contra los dictadores, los de uniforme y los de saco y corbata.
Y queremos sintetizar la representación de esa lucha en las madres y abuelas que mostraron un rumbo de coraje a la hora de buscar a sus familiares y enfrentar el terror y en los cientos de delegados gremiales y “líderes” del momento que en cada fábrica pelearon por sus derechos (que los hubo, y muchos y son los grandes ignorados de la historia, tanto oficial como popular, a la hora de reconocer las causas del desgaste de la dictadura)
Nunca más una dictadura - Nunca más un proyecto entreguista en el país - Nunca más represión
También te puede interesar
-
Porqué son 30.000 desaparecidos
-
El tormento de los delitos sexuales cometidos en dictadura
-
En Argentina, una “trampa” estadística confunde la medición
-
El fin de la hipocresía: ¿Es la honestidad la mejor política para el orden internacional?
-
Rumores de salida de Adorni y versiones sobre su reemplazo en el Gobierno
-
Tuberculosis: la pieza que falta para frenar la mayor amenaza infecciosa del mundo
-
Caso Libra: dudas sobre las pruebas, tensión en el Gobierno y el impacto en la opinión pública
-
Cuba al borde del colapso: apagón total, amenazas y señales de tensión con Estados Unidos
-
Rusia avanza con medidas polémicas para forzar la natalidad y crece la controversia