Gambetas discursivas

“No diga empatía”: la nueva palabra prohibida del credo mileísta

Patricia Bullrich ensaya paráfrasis para decir lo que el presidente no quiere escuchar y copar la agenda de la sensibilidad social.

Patricia Bullrich Foto: Captura

Las palabras son poderosas. Lo sabía George Orwell, que en su novela 1984 ideó la neolengua (Newspeak) como una de las herramientas clave de su régimen totalitario, que permitía moldear el pensamiento de los ciudadanos a través de las palabras en circulación. Y lo saben también todos los poderosos del mundo, entre ellos Javier Milei, que acaba de nombrar un director nacional de Discurso.

El presidente elige cuidadosamente los términos que salen de su boca. Tiene sus palabras fetiche, como libertad, pero igual de importante es su lista negra. Y ahí, ahora, la nueva palabra tachada es “empatía”. Pero pasa algo curioso con las palabras: cuanto más se las quiere prohibir, más vuelven. No hay eufemismo ni circunloquio que les baje el precio. 

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Lo sabe sin duda Patricia Bullrich, experta en caminar por cuerdas flojas. Este jueves se balanceó tanto haciendo equilibrio sobre lo que decía, en el marco del debate por el ajuste en el área Discapacidad, que el periodista Pablo Rossi le advirtió: “¡Cuidado!”, y Eduardo Feinmann dijo: “Acaba de decir una palabra que al gobierno no le gusta”.  El periodista catalogó la situación como un “desmarque” del gobierno. 

Hay que cuidar mucho la sensibilidad de todas las familias que tienen una persona con discapacidad, y de toda la sociedad que se solidarice con ellos.”, estaba diciendo la jefa de senadores de La Libertad Avanza, todavía en el Congreso. “Entonces, es una sociedad que está sensible, porque estamos, digamos, en un momento difícil, estamos sensibles. Entonces, ¿nosotros qué tenemos que hacer? Acompañar eso y no dejar a la gente sola”. 

“¡No hable de empatía! ¡Cuidado”, la interrumpió entonces Pablo Rossi. y reforzó: “No mencione dos veces la palabra ‘empatía’, porque la van a…”. Bullrich sonrió: “No, no voy a usar la palabra empatía porque… No, por supuesto que no voy a usar esa palabra”. Como si fuera un hechizo que no hay que invocar.

No pienses en un elefante. No pienses en empatía. Desde fines de agosto, el presidente Javier Milei prohibió a sus equipos usar la palabra “empatía” a la que asocia con “populismo”. Así lo dijo en un tuit publicado el 23 de agosto: “Periodistas ignorantes e imbéciles te quieren vender que hacer populismo es empatía”.

El mandatario prohibió el término a sus ministros en las reuniones de Gabinete, bajo la idea de que la única "verdadera empatía" es bajar la inflación y ordenar la macroeconomía. Cualquier otra muestra de sensibilidad social la considera una claudicación ante el "paternalismo populista", en línea con sus recortes más feroces, contra las personas discapacitadas o los niños con cáncer

“Los imbéciles empáticos condenan al gobierno por hacer lo correcto”, dijo, citando un posteo en el que se condena a una periodista por decir que el mandatario no tiene empatía. 

La palabra empatía proviene del griego empatheia (formada por el prefijo en-, que significa "dentro de", y pathos, que se traduce como "sentimiento", "aflicción" o "pasión"). Literalmente, su filología alude al acto de introducirse en el sentimiento del otro, una comunión emocional casi física. A fines del siglo XIX, los filósofos alemanes acuñaron el término Einfühlung ("sentir hacia adentro") para describir cómo un espectador se proyecta e identifica con una obra de arte. A principios del siglo XX, la psicología anglosajona tradujo ese concepto como empathy, entendida como la capacidad cognitiva de comprender el universo emocional ajeno sin perder la propia identidad. Eso es lo que el presidente busca catalogar como una forma de populismo. 

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Pero las palabras se empecinan. Y Bullrich también, a sonrisa plena, hablando de “cuidar la sensibilidad” y “acompañar”. “Es lo mismo”, dijo Feinmann. Bullrich remató: “Uno cuando está en el gobierno tiene que ponerse siempre en el zapato del otro”. “Eso es empatía”, cerraron Feinmann y Rossi. Punto para Bullrich: ella no dijo la palabra maldita, pero se encargó de que fuera dicha.  Igual que en el video publicado en sus redes sociales este viernes, donde usa la voz de Lali Espósito, una de las artistas más atacadas por Milei, para decir lo que quiere decir: “Nunca fui lo que querían de mí y no importa”. 

 

ff