El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea comenzará a regir de forma provisional el 1 de mayo, marcando un hito en la integración económica entre ambos bloques. Sin embargo, lejos de implicar un libre comercio inmediato, el proceso será gradual y con diferencias entre sectores.
En este sentido, Yanina Lojo, especialista en comercio exterior, explicó que “a partir del 1 de mayo va a entrar en vigencia lo que sería un acuerdo provisorio”, y aclaró que “esto implica un programa de desgrabación, no es libre comercio para todas las posiciones de manera inmediata”. Esto significa que algunos productos tendrán arancel cero desde el inicio, mientras que otros se beneficiarán de reducciones progresivas o cuotas.
Desgravación gradual y sectores beneficiados
Uno de los aspectos centrales del acuerdo es la asimetría en los tiempos de apertura. Según Lojo, “la Unión Europea va a ser un programa de desgrabación mucho más acelerado de lo que lo va a ser la República Argentina”, lo que representa una ventaja inicial para las exportaciones locales.
Entre los sectores más favorecidos aparecen la agroindustria y la carne. La especialista remarcó que “los sectores que tienen mucho para ganar hoy es agroindustria, carne”, aunque aclaró que en el caso cárnico se mantendrán cupos: “el sector cárnico argentino va por cuota”.
Además, detalló que habrá productos con beneficios inmediatos: “tenemos animales vivos, pescados y mariscos, insumos industriales, materias primas, todo eso entra con arancel cero ya desde el principio”. A esto se suman bienes industriales como cueros y pieles, que también verán reducciones arancelarias.
Las proyecciones son optimistas: “en 5 años podría incrementar sus exportaciones un 76% y en 10 años superando ampliamente el 120%”, sostuvo Lojo, destacando el potencial del acuerdo para dinamizar el comercio exterior argentino.
Un acuerdo parcial en medio de tensiones políticas
El entendimiento que entra en vigencia corresponde únicamente al capítulo comercial. Lojo explicó que “el acuerdo provisional era la parte puramente comercial”, lo que permitió su implementación sin necesidad de aprobación total de todos los parlamentos europeos.
Sin embargo, el proceso no estuvo exento de conflictos. “Hay una fuerte resistencia del sector agropecuario en Europa”, indicó, en referencia a los temores por la competencia de productos sudamericanos.
A pesar de esto, la Comisión Europea avanzó con la aplicación: “decide poner en funcionamiento esta parte, la parte comercial, sin necesidad de esperar el ok del Parlamento”, priorizando los beneficios económicos del acuerdo.
Finalmente, Lojo destacó la importancia estratégica del entendimiento para ambas regiones: “para la Unión Europea se estaban perdiendo millones de euros al año por no poner en funcionamiento este acuerdo”, lo que explica la decisión de avanzar pese a las resistencias internas.