En diálogo con Canal E, Andrés Borthagaray, arquitecto y urbanista, reflexionó sobre los 30 años de la elección directa y la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, y sostuvo que, aunque hubo avances, la democracia participativa aún enfrenta desafíos estructurales.
Al cumplirse tres décadas de la reforma institucional en la Ciudad de Buenos Aires, Borthagaray destacó que la Constitución local introdujo innovaciones clave al proclamarse como un modelo de democracia participativa. “Tenemos este año, ya son los 30 años de elección directa en la Ciudad de Buenos Aires y de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que entre sus innovaciones se proclamaba como democracia participativa”, recordó.
Avances institucionales y herramientas de control ciudadano
El especialista subrayó que en estas tres décadas se consolidaron instrumentos que fortalecen la transparencia y la participación. “Hoy tenemos una ley de acceso a la información muy buena, tenemos mecanismos de doble lectura para aprobar leyes que antes no existían”, explicó, y puso como ejemplo los códigos urbanísticos, que ahora deben atravesar instancias más rigurosas de debate.
También resaltó la importancia de las audiencias públicas: “Tenemos también posibilidades de audiencias públicas que aunque son consultivas y no vinculantes, mejoran mucho las cosas”. Si bien no obligan a modificar decisiones, amplían el debate y exigen mayor fundamentación por parte del Estado.
En materia presupuestaria, Borthagaray reconoció avances, pero señaló que aún hay margen para profundizar la transparencia. “Inclusive en términos de transparencia presupuestaria, creo que todavía podríamos profundizar bastante más”, afirmó, marcando una de las asignaturas pendientes del sistema institucional porteño.
Participación real y cambio cultural: la deuda pendiente
Consultado sobre cuánto participa realmente la ciudadanía, el urbanista planteó que el desafío no es solo normativo, sino cultural. “Que se conozca un poquito mejor la normativa, que se consulte más sistemáticamente, que se tengan en cuenta las consultas más allá de lo formal”, enumeró como prioridades.
En ese sentido, advirtió que la expectativa de que la sola existencia de la Constitución modificara la cultura política fue excesivamente optimista. “La expectativa de que la Constitución cambiaba la cultura política de la ciudad por el hecho de existir en la norma, creo que era un poquito voluntarista”, señaló con autocrítica institucional.
Para Borthagaray, el fortalecimiento de la democracia participativa requiere una doble estrategia: mayor compromiso ciudadano y una actitud más abierta por parte del Estado. “Si bien hay organizaciones y ciudadanos con un espíritu superactivo, poder ampliarlo desde la base de la sociedad y desde las instituciones públicas también”, propuso.
Finalmente, remarcó la necesidad de ir más allá de los mecanismos formales: “Más allá de las formalidades que en general se cumplen, darle a eso otro tipo de entidades, otro tipo de consultas en la elaboración de las normas, otro tipo de control en el uso de los recursos públicos”.
A 30 años de la autonomía porteña, el balance combina avances concretos y desafíos estructurales: una arquitectura institucional más sólida, pero aún en proceso de consolidar una cultura política verdaderamente participativa.