La oficialización de la eliminación del impuesto vitivinícola abrió un nuevo frente de conflicto en el sector. Según explicó José Luis Belluscio, periodista especializado en vitivinicultura, la medida quedó firme mediante la resolución 55 de la Secretaría de Agricultura, dependiente del Ministerio de Economía, y ya fue comunicada al Instituto Nacional de Vitivinicultura.
El especialista aseguró que “la eliminación ya está vigente” y remarcó que el tributo “ya no se cobra más”. Sin embargo, señaló que la reacción de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) fue inmediata y con fuerte oposición. En ese sentido, advirtió que “está pendiendo de un hilo un pedido de recurso de amparo en la Justicia”, lo que podría derivar en una judicialización del conflicto.
Exportaciones en alza, pero con predominio del vino a granel
Belluscio sostuvo que los números de exportación muestran un crecimiento, aunque pidió mirar el fenómeno “más allá de la foto”. Según explicó, el incremento de ventas externas durante abril de 2026 estuvo impulsado principalmente por el vino a granel y no por el vino fraccionado, que es el segmento que más empleo e inversión genera.
“Tenemos que tirar la película completa y desgranar los números”, afirmó el periodista, al tiempo que detalló que el crecimiento del vino fraccionado fue de apenas 4,7%, mientras que el granel alcanzó un salto del 82,7%.
Para el especialista, el problema central es que el vino exportado sin fraccionar pierde valor agregado fuera del país. “Todo lo que tiene que ver con el fraccionamiento es el trabajo intensivo, es la verdadera industria”, explicó. Además, enumeró toda la cadena productiva que se activa con el embotellado local: etiquetas, cápsulas, corchos, envases y logística.
El riesgo de perder industria y empleo
Durante la entrevista, Belluscio recordó que desde 2011 comenzó una caída sostenida de las exportaciones argentinas de vino y que varias bodegas optaron por exportar a granel para fraccionar en el exterior. Mencionó especialmente operaciones en países escandinavos, donde el producto se envasa con marcas propias o incluso con etiquetas de bodegas argentinas.
El especialista planteó que este modelo puede mejorar los ingresos por volumen, pero genera consecuencias negativas sobre la producción nacional. “Estamos perdiendo no solamente industria, sino puestos de trabajo también”, alertó.
Además, subrayó que aunque las botellas indiquen “vino elaborado en la Argentina”, gran parte del proceso industrial termina realizándose en otros países. En esa línea, concluyó: “Vos sumás cantidad de dinero, pero restás industria”, una definición que resumió su preocupación sobre el rumbo del sector vitivinícola argentino.