Uruguay es presentado muchas veces como un ejemplo de orden macroeconómico: baja inflación, riesgo país controlado y cuentas fiscales prolijas. Sin embargo, para Juan Sánchez, economista uruguayo y analista regional, ese éxito tiene un costo oculto. “Es muy lindo todo, pero la pregunta es cómo nos va”, resumió en Canal E, al describir el núcleo del problema.
Tras la crisis que golpeó a ambos países, Uruguay logró salir con apoyo externo y consensos políticos amplios. “Si Uruguay no conseguía esos recursos, se volvía Afganistán”, recordó Sánchez, citando a un expresidente del Banco Central. Esa salida permitió fortalecer el sistema financiero y reformular la banca pública, pero también dejó una marca estructural.
La macro protegida, la micro abandonada
Según Sánchez, el error fue claro: “Se cuidó el trasero de la macro y se descuidó a la gente”. La política económica puso el foco en bajar inflación y riesgo país “a cualquier costo”, sin atender las señales que venían de la economía real. Exportadores, industriales y productores agropecuarios comenzaron a advertir una pérdida severa de competitividad.
“Para los exportadores la pérdida de competitividad ya no es incomodidad, es desesperación”, citó Sánchez, aludiendo a un reciente titular del semanario económico Búsqueda. La estrategia antiinflacionaria fortaleció el peso y encareció al país, afectando especialmente a los sectores transables.
El impacto fue directo sobre personas y pymes. “Las tasas que pagan los uruguayos no tienen nada que ver con el riesgo país”, afirmó. Aunque Uruguay exhibe indicadores financieros envidiables, “la gente y las pymes no pagan medio punto, pagan tasas altísimas”.
Uno de los datos más contundentes es el endeudamiento: “Casi un millón de personas estuvieron en el clearing; en un país de tres millones y medio, eso es devastador”. Si bien hubo correcciones tardías para los deudores más vulnerables, el problema estructural persiste.
Correcciones tardías y una advertencia para Argentina
En los últimos meses, el propio gobierno uruguayo comenzó a ajustar el rumbo. Sánchez aclaró que no hubo un mea culpa explícito, pero sí señales claras. “No es que hagan mea culpa, hacen correcciones porque la situación no es nada buena”, explicó. El ministro de Economía reconoció problemas de competitividad y el Banco Central debió corregir su postura tras afirmar que era “deseable” que Uruguay fuera más caro.
Para Sánchez, el paralelismo con Argentina es inevitable. “Esto se soluciona en un Excel, pero no se solucionan las personas”, advirtió, cuestionando la idea de que la microeconomía se acomoda sola una vez ordenada la macro. Su mensaje es claro: estabilidad sin desarrollo productivo ni alivio financiero para la sociedad termina siendo una bomba de tiempo.