La reciente desaceleración inflacionaria en Estados Unidos abre interrogantes sobre su impacto global y las diferencias con la Argentina. Leonardo Alberto, contador y analista de mercados destacó que “la inflación haya llegado al 0,9 en el mes de marzo”, un dato que calificó como trascendente tras el shock de precios generado por la guerra en Ucrania.
En contraste, el escenario local sigue mostrando tensiones. El economista explicó que, aunque existen herramientas clásicas para combatir la inflación, su efectividad depende del contexto. “Un aumento de la inflación podría llegar a ser subsanado con un aumento de la tasa de interés”, señaló, aunque advirtió que en el caso estadounidense la suba de precios responde más a factores externos, como el petróleo, que a un exceso de demanda.
Inflación persistente y tasas negativas en Argentina
Al trasladar el análisis al plano local, Alberto fue contundente sobre las inconsistencias del esquema económico. “Tenemos tasas negativas de colocación”, afirmó, al tiempo que explicó que esta situación debería, en teoría, empujar la inflación a la baja, algo que no está ocurriendo.
Para el economista, la clave está en los desequilibrios internos: “todavía tenemos una alta puja distributiva entre productores de bienes y servicios”, lo que sostiene la inercia inflacionaria. En ese marco, los servicios lideran los aumentos mientras los bienes enfrentan competencia externa y restricciones productivas.
Además, advirtió sobre el atraso cambiario y sus consecuencias. “Nosotros ya estamos caros, estamos caros en dólares”, sostuvo, y remarcó que incluso con un tipo de cambio contenido, una eventual corrección podría trasladarse rápidamente a precios.
Un modelo en discusión y la crítica al enfoque oficial
El núcleo de la crítica de Alberto apunta a las herramientas elegidas para controlar la inflación. Según explicó, el Gobierno se apoya en dos pilares principales: el control del tipo de cambio y la restricción monetaria. Sin embargo, el diagnóstico es claro: “ninguna de las dos ha funcionado correctamente a la fecha”.
El economista reforzó su argumento con una comparación histórica. “En la época de Guzmán teníamos una inflación entre el 2% y el 3% y considerábamos que era alta”, recordó, señalando que hoy se repiten esos niveles, pero con un deterioro significativo en consumo e inversión.
Finalmente, cuestionó el uso de la recesión como herramienta antiinflacionaria. “La decisión para mí es errónea la de buscar reducir las tasas de inflación sólo a través de la recesión”, afirmó, alertando sobre el impacto negativo en el empleo y la actividad económica.