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Teatro argentino

Oscar Barney Finn analizó el presente de las salas: "Estamos teniendo 300 personas en cada una de las funciones"

El director habló sobre sus dos obras en cartel, la respuesta del público y la vigencia de los clásicos en la escena actual.

Oscar Barney Finn
Oscar Barney Finn | CEDOC

El director teatral Oscar Barney Finn atraviesa un momento de intensa actividad artística con dos propuestas en simultáneo que lograron una destacada recepción del público. Se trata de La niña sobre el altar, basada en un texto de la dramaturga irlandesa Marina Carr, y Banya, una adaptación unipersonal del clásico de Antón Chéjov protagonizada por Pablo Brunetti.

En diálogo con Canal E, el reconocido director reflexionó sobre el proceso creativo detrás de ambas obras, la respuesta de los espectadores y los desafíos de llevar al escenario textos clásicos desde una mirada contemporánea.

Dos propuestas diferentes con una misma búsqueda

Barney Finn destacó que nunca existe una certeza absoluta sobre la respuesta del público cuando se apuesta por espectáculos alejados de las fórmulas comerciales tradicionales.

"Nunca sabés cuando elegís una obra qué va a pasar con la gente, con la temática que elegís", señaló. En ese sentido, explicó que ambas producciones apelan principalmente al texto, al contenido y a una fuerte propuesta estética.

Las dos obras presentan formatos muy distintos, aunque comparten una misma intención artística: generar una conexión emocional profunda con la audiencia.

Los clásicos desde una mirada actual

Uno de los principales desafíos de La niña sobre el altar fue trasladar personajes de la mitología griega a una lectura contemporánea sin caer en reconstrucciones históricas tradicionales.

Sobre este punto, el director sostuvo que "la intención mía era no hacer una cosa arqueológica". Por eso, la puesta evita reproducir una Grecia antigua literal y se concentra en problemáticas que siguen vigentes.

Según explicó, temas como las relaciones familiares, la violencia o la guerra atraviesan la obra y permiten establecer puentes con la realidad actual. "Estamos hablando de los griegos, pero viéndolos desde una perspectiva muy cercana a esta realidad", afirmó.

La importancia de los equipos de trabajo

Barney Finn destacó especialmente el compromiso de los actores y del equipo técnico que participan en ambos proyectos.

Para el director, el teatro es una construcción colectiva donde cada integrante resulta fundamental para alcanzar los objetivos artísticos. "Cuando uno hace teatro, una de las cosas fundamentales es tener un buen equipo", expresó.

Además de los intérpretes, resaltó el aporte de los responsables de escenografía, vestuario y música, elementos que contribuyen a construir la identidad de cada espectáculo.

El desafío de conmover al espectador

Más allá de las diferencias entre las obras, Barney Finn identificó un elemento común que explica la buena recepción del público.

"Hay algo que es común a los dos espectáculos y son los sentimientos", indicó. Para el director, esa dimensión emocional es la que genera un intercambio genuino entre la escena y la platea.

En ese sentido, remarcó que los espectadores llegan interesados por las propuestas, aunque muchas veces sin saber exactamente qué encontrarán durante la función.

La respuesta del público y el interés de los jóvenes

Uno de los aspectos que más sorprendió al director fue la presencia de jóvenes en las funciones, incluso en espectáculos que exigen una atención sostenida durante más de una hora y media.

"Lo que me asombra es el silencio, la concentración y la reacción final que tienen frente a esos actores", comentó. Para Barney Finn, esa respuesta demuestra que existe una sensibilidad latente que puede ser estimulada mediante propuestas de calidad.

En esa línea, aseguró que el desafío del teatro actual consiste en despertar el interés del público. "Hay que despertarla con buenas propuestas", sostuvo al referirse a la sensibilidad de los espectadores.

La convocatoria en las salas

Respecto de la asistencia, el director afirmó que ambas experiencias muestran resultados positivos, tanto en el circuito oficial como en espacios más pequeños.

En el caso de La niña sobre el altar, detalló que las funciones reúnen entre 280 y 300 espectadores por presentación. Mientras tanto, la propuesta del circuito off también registra una buena respuesta dentro de una sala de menor capacidad.

Finalmente, destacó el valor del tradicional boca en boca como motor para atraer nuevos espectadores. "Eso ha hecho estas dos realidades que son estos dos espectáculos", concluyó.