CIENCIA

El misterio de los pequeños brazos del T. rex tendría una nueva explicación científica

Un nuevo estudio científico propone una explicación para uno de los mayores enigmas de la paleontología: los diminutos brazos del Tyrannosaurus rex habrían evolucionado en paralelo al desarrollo de su enorme cráneo y su devastadora mordida.

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Durante décadas, los pequeños brazos del Tyrannosaurus rex fueron uno de los mayores enigmas de la paleontología. ¿Cómo podía uno de los depredadores más grandes y temidos de la Tierra tener unas extremidades delanteras tan desproporcionadamente pequeñas?

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Un nuevo estudio liderado por investigadores del University College London (UCL) propone ahora una respuesta distinta a las teorías que circularon durante años. Según los científicos, la explicación podría no estar en el tamaño del cuerpo del animal, sino en el extraordinario desarrollo de su cabeza, su cráneo y sus poderosas mandíbulas.

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La idea central es que, a medida que estos depredadores evolucionaron hacia estrategias de ataque basadas principalmente en la mordida, los brazos fueron perdiendo relevancia hasta reducirse con el tiempo.

El T. rex, que podía medir alrededor de 12 metros de largo y alcanzar varios metros de altura, poseía brazos de apenas un metro aproximadamente. La comparación que utilizan los especialistas resulta contundente: sería equivalente a una persona de 1,80 metros con brazos de apenas unos centímetros. Sin embargo, el famoso “rey de los dinosaurios” no fue el único caso.

“Todo el mundo conoce los pequeños brazos del T. rex, pero otros grandes dinosaurios terópodos también desarrollaron extremidades delanteras reducidas. El Carnotaurus, por ejemplo, tenía brazos incluso más pequeños”, explicó Charlie Roger Scherer, autor principal de la investigación.

La evolución del T. rex y la hipótesis del “úsalo o piérdelo”

Para intentar comprender este fenómeno, los investigadores analizaron datos de 82 especies de dinosaurios terópodos, el grupo de dinosaurios bípedos y predominantemente carnívoros al que pertenecía el Tyrannosaurus rex.

Los resultados mostraron que el acortamiento de las extremidades delanteras apareció en distintos linajes de manera repetida, incluyendo tiranosáuridos, abelisaúridos, ceratosáuridos, megalosáuridos y carcharodontosáuridos.

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Los científicos pensaban inicialmente que los brazos reducidos estarían asociados a un mayor tamaño corporal. Sin embargo, el análisis reveló otro patrón: la característica que más se repetía no era el gigantismo, sino la presencia de cráneos robustos, cabezas grandes y mandíbulas adaptadas para ejercer mordidas devastadoras.

En otras palabras, cuanto más especializada estaba la cabeza para atacar, menor parecía ser la importancia funcional de los brazos.

Los autores relacionan esta tendencia con un principio evolutivo clásico conocido como “use it or lose it” —“úsalo o piérdelo”—: si una estructura deja de cumplir un papel decisivo para la supervivencia, puede reducirse progresivamente a lo largo de millones de años.

La hipótesis cobra fuerza si se observa la evolución de ciertas presas gigantescas. Los investigadores sostienen que intentar sujetar con garras a enormes herbívoros, como algunos saurópodos, probablemente no era la estrategia más eficaz para estos depredadores.

“Intentar agarrar con las garras a un saurópodo gigantesco no parece ideal. Atacar y controlar a la presa usando las mandíbulas pudo haber sido mucho más efectivo”, señaló Roger Scherer.

Aunque el estudio no establece una relación definitiva de causa y efecto, los autores consideran altamente probable que la evolución de cabezas más fuertes y especializadas haya precedido a la reducción de las extremidades delanteras.

Las otras teorías sobre los brazos diminutos del “rey de los dinosaurios”

El debate, sin embargo, está lejos de haber sido sencillo. En los últimos años surgieron distintas hipótesis para explicar la peculiar anatomía del Tyrannosaurus rex.

En 2022, un trabajo de investigadores de la University of California, Berkeley, sugirió que los brazos cortos podrían haber ayudado a evitar lesiones o mordidas accidentales durante frenéticos episodios de alimentación entre varios individuos.

Ese mismo año, otra investigación impulsada desde el Museo Paleontológico Ernesto Bachmann, en Neuquén, Argentina, planteó una interpretación diferente. El paleontólogo Juan Canale propuso que las extremidades podrían haber tenido funciones relacionadas con el comportamiento reproductivo, como ayudar a sujetar a la pareja durante el apareamiento o colaborar para reincorporarse después de una caída.

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Aunque estas teorías siguen formando parte de la discusión científica, el nuevo trabajo vuelve a colocar el foco sobre el verdadero “arma” del T. rex: su cabeza.

No es un dato menor. El animal poseía una de las mordidas más poderosas conocidas en el reino animal, capaz de triturar huesos y ejercer una fuerza extraordinaria sobre sus presas.

El Tyrannosaurus rex habitó el oeste de América del Norte entre hace 83 y 66 millones de años, durante el Cretácico tardío, y hasta el momento se recuperaron más de 50 ejemplares fosilizados.

Aun así, uno de los dinosaurios más estudiados de la historia continúa alimentando preguntas. Y aunque la ciencia todavía no tenga una respuesta absoluta, la explicación de sus famosos brazos diminutos parece estar cada vez más cerca de sus mandíbulas que de sus extremidades.

LV