domingo 04 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Adicciones y contradicciones

El cine malo puede arruinar cualquier foco de interés, para no hablar de la televisión mala, que lo hace sin remordimiento alguno.

13-11-2022 01:19

Como dentro de unos días vamos a estar podridos de que todo el mundo hable de fútbol, voy a hablar de fútbol también ahora. Aunque en realidad voy a hablar de cine, o más bien de televisión. En estos días vi una serie inglesa llamada Fever Pitch, que no debe confundirse con dos películas llamadas de la misma manera basadas en el libro homónimo y autobiográfico de Nick Hornby, publicado en 1992 y traducido como Fiebre en las gradas. El libro es de lo mejor que se ha escrito sobre el amor del hincha por su equipo (en su caso el Arsenal) entendido como una adicción. Una de las películas, con un guion adaptado por el propio Hornby, es de 1997. La otra, de 2005, es la versión hollywoodense, con béisbol en lugar de fútbol. No sé para qué quiere el lector esta información, tal vez solo para avisarle que la serie trata de otra cosa. De hecho, mientras que la primera edición del libro de Hornby lleva como subtítulo A Fan’s Life (luego suprimido), el subtítulo de la serie es The Rise of the Premier League. 

Alguna gente piensa que la Premier League existe desde siempre pero no, lo que existe desde siempre es el fútbol inglés, mientras que la PL empezó en la temporada 1992-1993, apenas hace treinta años. De su nacimiento y de sus primeras temporadas se ocupa la serie en cuatro capítulos de una hora. Si tuviera que calificarla en dos palabras, diría que es bastante mala. Pero ¿por qué hablar de una serie mala? Tal vez porque lo interesante es entender por qué es mala, aun para un asiduo consumidor del fútbol inglés: de hecho veo más partidos de los que Hornby vio en su día, tal vez porque él se especializaba en el Arsenal y yo veo a todos los equipos que, para seguir con las metáforas de las adicciones, sería como inyectarse heroína pero también consumir cocaína, LSD, marihuana y jarabe para la tos. Es cierto que la serie tiene un montón de datos que ignoraba y de imágenes que nunca había visto. Pero el cine malo puede arruinar cualquier foco de interés, para no hablar de la televisión mala, que lo hace sin remordimiento alguno.

¿Qué problemas tienen Fever Pitch y tantos otros productos similares, que tratan temas que les aseguran una audiencia y tienen buen material de archivo? Uno de ellos es que no son capaces de conformarse con un aspecto de lo que cuentan y quieren abarcarlo todo. Por una parte, el negocio (la PL nace con la decisión de Rupert Murdoch, el magnate de los medios, de pagar una fortuna por los derechos de televisión), lo que (contra todo pronóstico) lleva a una fabulosa expansión internacional de la liga y a su explotación vía merchandising. Por otra, la campaña de los primeros campeones y de los que no lo fueron (el Manchester United, el Blackburn Rovers, el Newcastle, el Arsenal). En tercer lugar, los héroes y antihéroes como Eric Cantona, David Beckham (coproductor de la serie) o su compañero en juveniles Keith Gillespie, arruinado por su adicción al juego. Los tres aspectos se mezclan como en una batidora sin ir a fondo en ninguno. Pero el verdadero problema es otro: la serie está hecha desde ese espíritu de sordidez tan familiar en el cine británico y que termina impregnando cada imagen. Fever Pitch no puede analizar un fenómeno ni construir una épica ni formular una denuncia. Se limita a sugerir que todo es horrible.

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