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COLUMNISTAS / 1° de mayo
sábado 27 abril, 2019

El trabajo

Los idiomas, desde siempre, son objeto de controversia. Hay lenguas que se han impuesto sobre otras, confirmando una dominación política.

por Federico Recagno

sábado 27 abril, 2019

Los idiomas, desde siempre, son objeto de controversia. Hay lenguas que se han impuesto sobre otras, confirmando una dominación política. Hay idiomas que se evaporan y otros en riesgo de desaparecer. El propio español, tan vigoroso, con la discusión del lenguaje inclusivo es, por estos días, motivo de debate, y así podríamos seguir.

La historia de la torre de Babel viene a cuento ya que se vincula con el origen mítico y el desarrollo del lenguaje oral.

En el relato bíblico de la construcción de este monumento se narra que todos los seres humanos hablaban la misma lengua hasta que un grupo decidió construir una torre que llegara al cielo.

Yahvé, el Dios del Génesis, ante esta soberbia, decide castigar a los hombres con el desentendimiento y confunde sus lenguas para que no puedan comprenderse mientras los dispersa por toda la Tierra. Es verdad que, aun con las posibilidades actuales de estudios idiomáticos y de los traductores, la variedad de idiomas sigue siendo un escollo en la comunicación.

Argentina, como lugar tradicionalmente receptor de varias corrientes inmigratorias, ha ido recogiendo en su lenguaje términos derivados de cada colectividad llegada a nuestras tierras.

Un hecho curioso en torno al idioma sucedió en nuestro país con la primera celebración del Día del Trabajador el 1º de mayo de 1890.

La convocatoria partió del club socialista alemán Vorwarts, fundamentalmente en Rosario y en Buenos Aires, en el Paseo del Prado, en la zona de Recoleta. Concurrieron cerca de 2 mil obreros y los oradores dieron sus discursos en sus respectivas lenguas: alemán, italiano, francés y el último en español. Los diarios de entonces publicaron acerca del encuentro: “No sé por qué se reúnen y hablan en distintos idiomas, si no se entienden ¿para qué se reúnen?”.

El Día del Trabajador es en memoria de los sindicalistas que fueron ejecutados en Chicago (EE.UU.) por hacer una huelga el 1º de mayo de 1886; reclamaban, entre otras cosas, el cumplimiento de las ocho horas de trabajo diarias en lugar de jornadas de 12 a 16 horas.

Desde el 1º de mayo de 1890 en adelante, en Argentina, a ese día se lo consideró una oportunidad para realizar movilizaciones demandando por los derechos de los trabajadores. En 1930, el presidente Yrigoyen instituyó el 1º de mayo como Fiesta del Trabajo en todo el territorio de la Nación. El apogeo de las movilizaciones de los obreros el 1º de mayo se dio durante las presidencias de Perón, pero los sucesivos golpes militares fueron quitándoles la posibilidad de las marchas a los trabajadores y fueron decayendo en intensidad.

Hoy el 1º de Mayo se ha convertido, por encima de todo, en un día de descanso laboral más que en una jornada reivindicativa. Es curioso observar cómo relevantes hechos históricos han perdido su fuerza convocante al transformarse en días feriados; sucede con el 1º de Mayo pero también con fiestas religiosas y fechas patrias de nuestra historia. El 8M, Día Internacional de la Mujer, sin ser feriado logra una dinámica que lo resalta en el calendario sobre otros hechos movilizadores.

De aquel 1º de mayo de 1890, en el que los discursos y los volantes repartidos eran pronunciados y escritos en diferentes idiomas, llegamos a este 1º de mayo con un movimiento obrero que habla la misma lengua, el español, pero que no escapa ni a la fragmentación general de los partidos, ni a las conveniencias corporativas, ni a mezquindades diversas.

Tal vez estemos siendo “castigados” y ya no alcance tampoco con hablar el mismo idioma.

El consenso, tan reclamado por estos días preelectorales, también debe requerirse a los trabajadores y a nosotros, sus representantes, en un país y en un mundo en el que las condiciones del trabajador mutan con velocidad y llevan a situaciones de angustia.

Tenemos la obligación de rescatar el espíritu de antaño, pero, sobre todo, lograr condiciones para que el trabajo sea dignificado, porque es en el trabajo donde el ser humano puede realizarse y expresarse. Debemos recuperar la esperanza que nace de cada trabajador/a y de cada trabajo y que podamos decir el 1º de mayo: “Felicidades”.

 

*Secretario general de la Asociación del Personal de los Organismos de Control (APOC) y secretario general de la Organización de Trabajadores Radicales (OTR-CABA).


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