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NUEVOS TIEMPOS

En el país de la furia

Milei arma su futuro gobierno con pragmatismo, pero debe recordar que el enojo de su electorado sigue ahí.

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Irascibilidad. | Pablo Temes

“Es probable que tengamos que soportar seis meses duros”. Esta particular definición no provino de ningún dirigente kirchnerista o de otro espacio opositor sino del propio Presidente electo Javier Milei en una entrevista dada al consultor Manuel Adorni –quien ha sido nombrado vocero presidencial–, motivo por el cual no hay razón para no creerle.

Esta singular narrativa pesimista de anticipación se emparenta con la famosa frase de Carlos Menem “estamos mal, pero vamos bien”, dicha en 1990 en los peores momentos de los inicios de su primer mandato. La referencia presidencial se vincula a otra palabra que tomó por sorpresa a buena parte de la sociedad argentina que sigue con ansiedad e interés estos primeros instantes de transición entre el gobierno que se va y el que viene: Estanflación. Ampliaremos.

Triunfo del anti-Estado

Diferencias. Los comunicadores del nuevo oficialismo y el núcleo duro electoral de LLA recuerdan a diario que no se puede criticar a un presidente que aún no asumió, y probablemente tengan razón. Sin embargo, es un momento particular para analizar el diferencial de la enorme expectativa generada por Milei en la campaña electoral y el pragmatismo que muestra a estas horas en el armado inicial de su gobierno.

Un problema es el que las condiciones subjetivas de su electorado (enojo y desazón) no se han disuelto ni se han descargado tras el triunfo electoral de La Libertad Avanza. No hay dudas que Milei expresó muy bien esos sentimientos, pero en días tendrá la responsabilidad de gobernar un país complejo embarrado en sensaciones contradictorias, en donde Massa estuvo a 3,22 puntos de ganar las elecciones generales para perder en segunda vuelta por 11,3% de diferencia.

El clima social actual es completamente distinto al de 2015 cuando Macri le ganaba en segunda vuelta a Daniel Scioli, a pesar de que tampoco el expresidente obtenía mayorías en las Cámaras parlamentarias. Una explicación posible para entender la distinta recepción de 2015 a la actual es que las presiones sociales en aquellos días eran menores a las de hoy. El índice de precios al consumidor había escalado en todo el año 2015 en un valor incierto, –pero entre 23,4% según las estadísticas de CABA– y el 30% –según el replanteo que hiciera el Indec ya en la presidencia de Macri–. Era una inflación alta en la percepción de la época, pero menos de la quinta parte que la actual.

Cascadas. La validez de los meses duros a lo que se refirió Milei da cuenta de futuras situaciones como desenlaces necesarios a medidas que estarían evaluando como el acercamiento del dólar oficial al Contado con Liquidación, la liberación de las tarifas de los servicios públicos –¿total, escalonado? y la desregulación de la economía, aparte de la detención de buena parte de la obra pública–. Una cuestión clave para observar es que la economía es un sistema con redundancias, por lo cual cualquier cambio en las variables traerá un efecto en cascada, y se espera –al menos en el tablero teórico– que tienda a un equilibrio general. Es una intriga cómo despejar el cierto automatismo en los agentes económicos que utilizan el dólar como brújula de precios como se observó en la última devaluación importante cuando Sergio Massa corrió un 20% el tipo de cambio oficial, el día después de las elecciones primarias por imposición –como relató en plena campaña– del FMI. La inflación de ese mes fue del 12,4%, por lo que se observa que no interesa tanto los componentes importados de los productos o servicios sino la brújula que guía, es claro que la gran mayoría de los salarios se pagan en pesos.

Rugidos en La Rosada

La pregunta que se hicieron millones de argentinos esta semana no fue por el fonema “flación”, sino por su precedente “estan”. Muchos se volcaron a googlear esta palabra con la cual no están familiarizados. La definición de estanflación: “se refiere a una combinación inusual de estancamiento económico –bajo crecimiento económico o recesión– e inflación –aumento generalizado de los precios de bienes y servicios– en una economía”. En otras palabras, el nuevo presidente visualiza una detención de la actividad económica para parte de 2024. La perspectiva que tiene por delante Milei es que ante un aumento generalizado de precios los agentes económicos –individuales o empresarios– probablemente decidan bajar o postergar su consumo. Si a esto se lo asocia a una baja deliberada del gobierno nacional de bajar el gasto público en la famosa fórmula del cálculo del PBI =consumo+inversión+ gasto público+(exportaciones –importaciones) descenderán dos componentes que tendrían que ser reemplazados en el corto plazo por la inversión privada y las exportaciones para no pasar a la depresión. Por este motivo Lord Keynes creía que el gasto público era la “demanda agregada” para impulsar los niveles de actividad en el corto plazo. Por el contrario, la detención del consumo debería llevar al freno de los precios que entrarán en una lógica de mercado –según la teoría clásica–.

¿Y la variable social? La pregunta que sigue es cómo reaccionará la contradictoria sociedad argentina frente a una recesión. Existe cierto consenso en que el 55% del voto en el balotaje expresa un: “arreglá lo que tengas que arreglar, pero hacelo rápido”. Se puede pensar que este fermento social que ha sostenido la emergencia de la figura de Milei en los últimos dos o tres años acuerde a la aplicación de una “cirugía mayor sin anestesia” para traer otra de las frases favoritas de Carlos Menem. Pero como contraparte, en esta década se ha construido una especie de consenso social de la fórmula de pleno empleo con bajos salarios, motivo por el cual existen trabajadores formales con ingresos por debajo de la canasta básica, pero hoy esto también representa parte del malestar que llevó al peronismo a la derrota. En este sentido, en estos meses se comenzará a hablar de la Curva de Phillips, relación matemática bautizada por el economista inglés que buscó –o logró según cómo se vea– probar que existe una relación inversa entre inflación y desempleo. Viejos y nuevos problemas para un tiempo nuevo.

*Sociólogo (@cfdeangelis)