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Aves rapaces

¿Hay otra?

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Jujuy violento. ¿Un adelanto de lo que puede ser el peronismo en la oposición?. | NA

Las imágenes del día se desplazan a la velocidad de la sombra. En la sala de montaje editan la misma película de siempre, inspirada en hechos reales. Crímenes atroces, asesinos impunes, familiares de las víctimas acompañadas por multitudes que piden Justicia, funcionarios que compran votos con fondos públicos, guita ajena, a quien no tiene ya más que vender. El sueño de un país posible se repite como pesadilla. Una voz en off pregunta: “¿Hay otra?”

Madrid, 2003. José Sacristán y Paloma San Basilio protagonizan la comedia musical “My Fair Lady” en el teatro Coliseum. En el Infanta Isabel, Ricardo Darín, Oscar Martínez y Germán Palacios interpretan “Art”, la obra de Yasmina Reza. Ambos espectáculos agotan las entradas en todas las funciones, de martes a domingo. El encuentro, comprometido entre los actores, se da finalmente en el único día libre. Estaba ahí, estoy ahí, sentado a esa mesa.

Sacristán cuenta una anécdota. Café en la casa del gran actor español Fernando Fernán Gómez. Entra su representante: “Don Fernando, me parece que no les da el presupuesto”. Fernán Gómez, ordena: “Diles que no, entonces, veamos la otra”. El representante duda: “Es que no tenemos otra, don Fernando”. Fernán Gómez se sorprende: “¿No hay otra?”. El representante confirma: “No, es la única oferta”. Silencio. “Bueno, –dice Fernán Gómez– “habla otra vez, trata de mejorar ésta”.

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El clima afiebrado, seco de ideas, sopla un tornado de discursos dramáticos

El viejo marino recogía las velas a tiempo. Las ataba a la verga. Los actores oyentes, tripulantes de botes que en ese momento la cresta de la ola llevaba velozmente en andas del éxito, conocían también esa sensación de tener que remar el mareo cuando hay mar de fondo. Salían a flote con los afectos salvavidas del fracaso colocados. La escena se desvanece. La voz que parece salir desde adentro de la almohada, insiste: “¿Hay otra?”.  

Buenos Aires, 2023. En octubre se cumplen cuarenta años desde aquellos entrañables, amorosos días. La democracia iba a cicatrizar las heridas, a reparar las injusticias. Teníamos voz, voto. Se percibía el deseo, la voluntad, las ganas, la alegría propia de quien construye con otros, un país en común. Podíamos debatir ideas sobre el qué hacer de nuestras vidas. En principio, acordamos sobe el pasado: “Nunca Más”. Eso fue todo.

Nunca más recuperamos aquella energía solidaria. Las elecciones, la alternancia en el poder, iban a mejorar las propuestas, descartar a los ineptos, depurar la representación política en provincias devastadas por los cómplices de la dictadura. La cantidad de funcionarios, dirigentes sindicales, ensillados, abrochados desde hace treinta años en el Estado, sin hacerse cargo nunca de nada, revela el fracaso.

Te acompaño el sentimiento

Con el peronismo en la oposición, controlando los sindicatos, la gestión de Alfonsín, también la De la Rúa-Macri años más tarde, el conflicto social se agravó. La corrupción, el saqueo de los recursos públicos iniciado durante el menemismo, continuado, mantenido durante los gobiernos kirchneristas casi como práctica de acción política, descompuso el sistema, desató la codicia. Cristina se negó hasta de entregar el mando. Aquí estamos ahora. Convertidos en esto que se ve. ¿Hace falta describir el derrumbe? Mejor callar, sentir que decir.   

Comienza otra vez la campaña del miedo. Las aves rapaces levantan el vuelo. Asoman las hienas. Aníbal Fernández, el ministro de Seguridad que reconoce la victoria de los narcos, anuncia sangre en las calles. Eduardo Valdez, anticipa “convulsión social”. Grabois, “se van en helicóptero”. Viejas ratas políticas que ocultaron muertos en la inundación de La Plata, gobernadores de provincias que encubren asesinos, retrepan la montaña de miseria. Se les ve crecer los colmillos en los afiches.

El clima afiebrado, seco de ideas, sopla un tornado de discursos dramáticos. Remando en arena, sedientos de Justicia, con nuestros afectos salvavidas colocados, persiguiendo espejismos que se disuelven nada más llegar a ellos, sin rumbo, sin destino, sin señal, sin oasis a la vista, atravesamos el desierto que se extiende hasta los confines de, ¿quién sabe hasta dónde?, ¿quién sabe hasta cuándo?

La democracia prometida sigue ahí, tiene que estar ahí. No hay otra.

*Periodista.