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La relación de Milei con las mujeres

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Siempre contra periodistas mujeres. En solo diez días Silvia Mercado, Luisa Corradini y María O’Donnell fueron acusadas de “mentirosas” por el Presidente. | captura twitter

Continúa de ayer: “De los fallos de mercado a los fallos de Milei”

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La columna de ayer se focalizó en uno de los negacionismos del discurso de Milei en Davos: la inexistencia de “fallos de mercado”. Síntoma coherente de una personalidad insubordinada con la realidad en sintonía con otros negacionismos como el efecto de los seres humanos en el cambio climático o la existencia de inequidades de género a las que vamos a dedicar hoy esta columna.

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Así como la negación de los fallos de mercado retrotrae la discusión económica al siglo XIX, lo mismo sucede con el antifeminismo. En el 1800 los antifeministas se oponían al voto de la mujer y estaban en contra de que fueran a la universidad (porque sus cerebros se harían mayores atrofiando su vientre y procrearían menos). En la actualidad, curiosamente, a las feministas más radicales desde la extrema derecha se las apoda feminazis (proyección diría Freud) cuando en aquella Alemania –Hitler declaró el aborto “crimen de Estado”– y la Italia de Mussolini se promovía el regreso de la mujer al hogar para dedicarse a las tres letras “k” en alemán: kinder, kirche, küche (hijos, iglesia y cocina).

Agravió a tres periodistas: Silvia Mercado, Luisa Corradini y María O’Donnell

En la segunda mitad del siglo XX parte del antifeminismo se expresaba oponiéndose a la despenalización del aborto, posición que hoy continúa –a la que Milei adhiere expresamente–, y en la actualidad los movimientos de extrema derecha hacen del antifeminismo y su oposición a acciones colectivas que mitiguen la inequidad de género parte de sus banderas identitarias.

La coincidencia de antifeminismo con movimientos de ultraderecha puede ser en parte una respuesta a que la mayoría de las revoluciones de izquierda del siglo XX –Lenin, Mao– heredadas luego por el progresismo, o reformistas como el peronismo en Argentina, fueron protagonistas del proceso de emancipación femenina. Y de la misma forma que el kirchnerismo se apropió indebida y excesivamente de la lucha porque se termine de realizar justicia por los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura, produzca en nuestro país el mismo rédito político oponerse o relativizar esas conquistas que atacar al peronismo en los sectores antiperonistas.

Lo que resulta un gran error histórico porque fue durante la presidencia de Perón en 1953 cuando la policía allanó su casa en Mar del Plata y arrestó a Victoria Ocampo junto con otras de sus amigas, trasladándolas al departamento central donde las interrogaron dos días sin comer para enviarlas luego a una cárcel común por sus actividades en la Unión Argentina de Mujeres (UAM) que luchaba por los derechos civiles de las mujeres desde 1936. De la misma forma que no fue el kirchnerismo sino Raúl Alfonsín y el radicalismo quienes condenaron y llevaron a la cárcel a los comandantes de la dictadura y todos los juicios que vinieron después se desprende de aquella gesta fundacional. 

Pero más allá de que “el antifeminismo como bandera política exprime el filón del machismo”, como tituló el diario El País para referirse al partido de extrema derecha español Vox, y que Milei tuvo entre sus votantes mayorías de hombres sin dejar de observar que también hay mujeres antifeministas que genuinamente creen que es útil socialmente su subalternidad a los hombres, es plausible conjeturar que haya algo que trascienda al marketing político en el caso de Javier Milei y su relación con las mujeres. Algo del ámbito personal que solo se trasforma en político por el rol institucional que hoy ocupa. 

En los últimos diez días realizó tres agresivos tuits desmintiendo personalmente las informaciones de tres periodistas en todos los casos sobre cuestiones que no eran de la gravedad de un delito de acción pública que mereciera ser aclarado o desmentido y, fundamentalmente, en los tres casos se trataban de periodistas mujeres a la que se dirige con especial desdén.

Antes de su viaje a Davos  llamó de “mentirosa” a la periodista Silvia Mercado por un tema relacionado con sus perros en la Quinta de Olivos. Desde Davos acusó a la periodista Luisa Corradini  de “mentir, calumniar y difamar” porque “le dijeron que dijo” que la sala donde dio su célebre discurso prediluviano no estaba llena . Y al llegar de Davos, en Ezeiza, otro tuit acusando a la periodista María O’Donnell de “mentir para ensuciar” por el tipo de transporte que había usado al bajar del avión, todos hechos menores. En el caso de O’Donnell ofendió a la mayoría del periodismo al agregar: “Periodistas mintiendo... un clásico de la progresía argenta”.

Es evidente que Milei sigue el manual de Trump y Bolsonaro de elegir a los periodistas y los medios como contrincantes casualmente para mantener su visibilidad polemizando con quienes tienen la visibilidad como una rutina profesional. Lo mismo que con el Congreso: los diputados que no aprueban su ley ómnibus serán “coimeros”, los periodistas y medios  que lo critican son “ensobrados” (recibían dinero en forma de publicidad del gobierno anterior) y uno de los motivos por los que propone llevar a cero la inversión en publicitar los actos de gobierno es para tener siempre la excusa: “Me critican porque les corté la publicidad oficial”.

Misos y gyne, en griego odio y mujer. Misoginia ideológica fue parte de la norma hasta el siglo XIX

Los medios son organizaciones con recursos que pueden defenderse pero atacar a los periodistas individualmente es absolutamente inaceptable, sin necesidad que se le agregue la cuestión de género haciendo que su eventual misoginia sea una cuestión moral que cada votante podrá juzgar y ponderar a la hora de aprobar su gestión.