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Manini Ríos, socio riesgoso y potencial adversario

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Militar. El líder de Cabildo Abierto fue jefe del Ejército. | cedoc

Guido Manini Ríos ha pedido y el presidente electo Luis Lacalle Pou le ha otorgado dos ministerios vinculados con el área social, como Salud Pública y Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. En términos políticos y estratégicos (y no nos olvidemos de que Manini es un militar) resulta muy significativa esa elección. Manini Ríos apunta lejos, su objetivo es la presidencia, y su actuación en la “coalición multicolor” con seguridad no será lineal.

Veo a Manini Ríos como un socio riesgoso y muy coyuntural, con la ambición de ser un potencial adversario de Lacalle Pou. Es la primera vez que un partido completamente nuevo, nacido en febrero del año electoral, que absorbe a la derecha de los partidos tradicionales, a la “familia militar” y a núcleos duros de reacción antifrentista, obtiene un resultado tan abultado. También entre sus votantes (que alcanzaron casi el 11% de los votos válidos en la primera vuelta, poco más de 260 mil votos) incorpora a sectores populares que antes votaron al ex presidente José Mujica y que responden a una lógica de convocatoria populista.

El “liderazgo carismático” de Manini se corresponde con la propuesta de una “arcadia regresiva”: el retorno de la autoridad, del orden, de la “normalidad” en la relación entre los géneros; el fin del “relajo” económico y social, del “recreo para el malandraje”; la afirmación de la honestidad frente a la corrupción. Desde esa pauta de discurso deliberadamente buscada y enfatizada, en su primera experiencia electoral Cabildo Abierto ha sido un partido exitoso: su primera comparecencia electoral coincide con la caída de los votantes del Frente Amplio en primera vuelta (más de un 8%), pero también con la de los dos partidos tradicionales, que bajaron sus sufragios respecto de 2014.

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El Partido Nacional y el Partido Colorado deberían mirar con inquietud el fenómeno exitoso de Cabildo y de Manini Ríos. No lo hacen, entre otras cosas, porque su obsesión y su máximo objetivo fue sacar al Frente Amplio del gobierno. Pero cabe advertir también que Cabildo Abierto no nació por generación espontánea. Su creación formal data de febrero de 2019 y su fundador oficial fue quien hasta poco antes había sido el escribano de gobierno del actual gobierno frenteamplista. Por su parte, el candidato presidencial del novel partido fue quien desde febrero de 2015 hasta marzo de 2019 ocupó insólitamente el cargo de comandante en jefe del Ejército bajo dos gobiernos del Frente Amplio, elegido por un ministro de Defensa que había sido un ex dirigente tupamaro: Eleuterio Fernández Huidobro.

El principal legado de su política militar fue Guido Manini Ríos, que en sus casi cinco años como comandante violó normas constitucionales e institucionales, por las que fue sancionado. Sus desbordes fueron consentidos de manera reiterada hasta que el presidente Vázquez lo cesó finalmente en marzo de 2019. Se iba del Ejército en el momento justo, victimizado y como caudillo de una institución que no se ha democratizado y que dice sentirse perjudicada. Muy pocos días después aceptó la candidatura presidencial por el recién formado Cabildo Abierto. Parece una jugada perfecta. Luego, ya como candidato oficial del nuevo partido, Manini Ríos, como hacen las ultraderechas contemporáneas, si bien no fue tan estentóreo como Bolsonaro o como los dirigentes de Vox, no se limitó mucho. No ocultó a los Eduardo Radaelli ni a los Antonio Romanelli; no escondió sus visiones sobre la dictadura cívico-militar, como tampoco a muchos integrantes de la Juventud Uruguaya de Pie (JUP), organización juvenil de extrema derecha acusada de vínculos con grupos paramilitares en el primer lustro de los años 70, que integran hoy las listas de Cabildo Abierto. Su figura y su partido durante la campaña fueron como un imán para la incorporación de jóvenes extremistas filonazis. Cuando narra su pasado, Manini solo relata orgulloso que definió su vocación militar en 1972, y luego salta sobre la dictadura hasta el momento de la transición. Y no se le pregunta mucho sobre qué pasó con él y con muchos de sus amigos y adherentes entre 1973 y 1985.

La elección hecha en 2015 por Fernández Huidobro solo puede explicarse desde la lógica de la clásica concepción del “encuentro de los combatientes”, ese vínculo que acercó al MLN y a los militares más nacionalistas y duros. El caudillo militar Guido Manini Ríos, que luego deviene en exitoso dirigente político, nace como expresión de una política militar equivocada y peligrosísima implementada durante buena parte de la presidencia de Mujica y parte del segundo mandato de Vázquez. Ha capturado adhesión desde muchos perfiles atractivos para posturas de ultraderecha: no es un liberal clásico en lo económico; es un católico ultramontano que tiene sensibilidad social y una referencia militar inexcusable; está muy enfrentado con lo que él llama “ideología de género”, así como con otros temas de la nueva agenda de derechos; es un “neopatriota” de estos tiempos, está contra la globalización, invoca vagas expresiones antiimperialistas y hasta habla de oligarquía. Este nuevo partido que tiene la llave de las mayorías parlamentarias y de buena parte del rumbo en el futuro gobierno “multicolor”, ¿resulta tan previsible hacia el futuro? ¿Sus vínculos con las fuerzas armadas siguen siendo las de un “caudillo militar”? ¿Genera garantías en términos de acuerdo de régimen? ¿Resulta prudente “naturalizar” su incorporación a un gobierno de alternativa para suceder al progresismo frenteamplista? Estas y otras son preguntas tan difíciles como inexcusables.

*Historiador y politólogo de la Universidad de la República de Uruguay.