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SACRIFICIO

Sobre la luna de miel de los presidentes

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-30. Fue con los jóvenes con los que construyó su vínculo más fuerte. | AFP

Tenemos un presidente que empezó a consumir encuestas y cuenta parte de los resultados en sus reportajes. Por algo está pidiendo paciencia a la población y puso stop en incrementos de algunas tarifas al tiempo que avanza con algún programa social para la clase media baja. El miedo no es sonso.

La luna de miel tarde o temprano se acaba. Lo cual no supone la caída de un gobierno. Simplemente crece el enojo social, se duda del rumbo, caen las expectativas y la sociedad pasa de creer a dejar de creer.

Dicen que la luna de miel de los presidentes dura cien días, pero si miramos un poco la historia, eso no es tan cierto. Desde Néstor Kirchner en adelante vienen durando mínimo seis meses. Hubo a quienes les duró más tiempo y otros la consumieron más rápido.

Eso no significó mecánicamente que pierdan ni ganen elecciones. Cristina en su primer mandato la gastó rápido y perdió las de medio término. En su segundo mandato la luna de miel duro más de un año y sin embargo volvió a perder. A Macri la luna de miel le duró solo seis meses y sin embargo ganó las de elecciones de 2017, luego de las cuales perdió toda estima pública. Lo de Alberto es conocido.

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No hay leyes en la opinión pública, no hay indicadores que mecánicamente nos puedan decir “mañana termina la luna de miel, y se acaba todo”. Ni a la inversa, “todo va bien y no cambiará para mal”. Hay coyunturas, acontecimientos demandas características de liderazgos que evaluados en perspectiva nos permiten generar hipótesis de trabajo sobre probabilidad de acontecimientos.

Además, siempre puede aparecer un cisne negro. Qué decir de Milei, apenas lleva tres meses de gobierno, es lógico que la mayoría de quienes lo votaron quieran seguir creyendo en él y esperen no haberse equivocado.

Sabemos que estamos ante una situación política y social nueva. Fácil de describir como descomposición social y cuestionamiento al viejo orden. No es un tema de Argentina, es un tema del mundo.

Alain Touraine nos iluminaba diciendo que “ha ganado terreno la idea de un individualismo democrático que se basa en una profunda desconfianza respecto del poder político y de todas formas de dominación”. No es extraño entonces el crecimiento de la nueva derecha y los movimientos libertarios. Claro que aquí tenemos un anarcoliberal capitalista. Una contradicción en sí misma. Maneja el poder del Estado, pero al mismo tiempo lo quiere destruir.

Ni Trump ni Bolsonaro tienen esa idea del Estado. Las nuevas derechas en el mundo son nacionalistas, proteccionistas, no universalistas y para eso necesitan Estados fuertes.

Milei no cree en ello y además nos propone un salto hacia un nuevo estadio de felicidad hacia el que se llega a través del sacrificio. Tal como lo proponen las religiones o como lo hacen los grupos iluminados, sean de derecha o de izquierda. No es casual que sea con un sector de menores de 30 años con quienes construyó más fuertemente su vínculo.

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Esas generaciones no conocieron la dictadura, no conocieron la lucha por la democracia, la que para muchos es solo una formalidad, sin contenido. Están fuera del sistema formal del trabajo y muchas veces fuera del sistema.

La juventud es rebelde y si se trata de oponerse a lo estatuido que más lógico que identificarse con un anarquista que les promete la destrucción de aquello que viven como asfixiante: la casta.

Ahí hay un lío porque el Presidente está rodeado del poder económico de siempre, basta leer las declaraciones de Paolo Roca o mirar La Nación+, pero por ahora no hay registro de ello.

Mientras Milei consiga desafiar a la casta por las redes y generar expectativas sin que la mirada se pose en quienes lo rodean, los jóvenes, sobre todo de sectores medios bajos, son quienes más tiempo están dispuestos a bancarlo. El resto de sus votantes tienen menos tiempo, están más alertas. Con su mirada crítica son los que van a definir la duración de la luna de miel.

*Consultor y analista político.