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COLUMNISTAS / MACRI Y CRISTINA / PANORAMA
sábado 20 abril, 2019

Trampa electoral

Los dos principales candidatos son sinónimos de fracaso. En tanto, un gobierno sin poder real.

por Nelson Castro

PAQUETE DE MEDIDAS Foto: Cedoc

La puesta en escena con la que el Gobierno comunicó las medidas económicas el miércoles pasado fue la representación de la frustración. La ausencia del Presidente no fue un detalle menor sino que representó la clara evidencia de la falta de convicción acerca de la efectividad de los anuncios. Nadie puede sorprenderse por esta actitud. Las medidas son producto de la presión ejercida por la Unión Cívica Radical –entre cuya dirigencia el nivel de crítica hacia la gestión del Gobierno viene creciendo–, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Ninguna de estas iniciativas funcionó en el pasado. Tampoco funcionará en el largo plazo durante esta gestión, cuyo margen de maniobra se va achicando día tras día. Estamos frente a un parche orientado a una sola finalidad: ganar la elección.

Es verdad que, en las actuales circunstancias, al Gobierno no le quedaban muchas otras alternativas. Macri ha dilapidado gran parte de su capital político. Y esto impacta directamente en su credibilidad. Hoy no le cree la persona que se ha quedado sin trabajo, ni el CEO de la empresa de primera magnitud. Hoy no le cree el kirchnerista furioso, ni muchos de sus votantes. Hoy no le cree el pequeño empresario ni el gran inversor que confió en la capacidad de gestión del Gobierno. Lo que verdaderamente Macri debería hacer es algo totalmente distinto: un cambio de gabinete y una propuesta electoral diferente, porque en realidad toda esta desconfianza viene de la mano de que el candidato que está gobernando –que aspira a ser reelecto– es poco creíble desde el punto de vista de lo que fueron sus promesas. El Gobierno le ha fallado no solo a la ciudadanía, sino también a los mercados internacionales.

Cuando el año pasado el mundo le dio la espalda a la Argentina, le dio asimismo la espalda al Gobierno. La inserción en el mundo implica hacer lo que se dice y se promete. En abril de 2018, momento en que empezó a regir el impuesto a la renta financiera, el mundo dijo “basta, financiamos hasta acá; si no se arregla la economía argentina, se acaba el financiamiento”, eso es lo que hizo el mundo financiero, Wall Street y los fondos que tomaron deuda argentina.

Pato rengo. Este gobierno tiene hoy muy poco poder real: se va en seis meses. Y si fuera reelecto, tendrá también un poder acotado. Si las encuestas se cumplen, en su actual conformación está más de salida que de entrada. Por lo tanto, lo que pueda anunciar con cierta credibilidad es muy poco. Lo único que podría cambiar el humor de los mercados es que el Gobierno anuncie algo que sea el producto de un acuerdo mínimo con los otros candidatos presidenciales. Algo que dijera que los que quieren tomar el timón y los que lo tienen están de acuerdo en que hay que hacer algo con esta crisis. Esa concordancia política, económica y social se debería plasmar en un acuerdo mínimo de convivencia, hecho que en la Argentina sigue siendo una utopía.

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El mundo real tiene egos, intereses que llevan a que cada uno siga aferrado a que tanto el macrismo como la oposición tengan liderando las encuestas a los dos peores candidatos. Es una competencia entre malos conocidos: una, Cristina Fernández de Kirchner con una concepción chavista del poder; el otro, Macri, con una monumental falta de visión política.

La ausencia de un programa económico para 2020 es otra de las preocupaciones del mundo. Si no se dan reglas claras a futuro, el cúmulo de dudas sobre la economía argentina pervivirá. Si lo que sigue muestra a un país con mayor presión tributaria y que está en el top ten de los países que tienen mayores dificultades para emprender, es razonable conjeturar que a este presente malo le seguirá un futuro de incertidumbre.

La Argentina es un país que, en muchos sectores, tiene cartelización y posiciones oligopólicas, producto de la pequeña escala de su economía. Uno de los sectores que mejor ejemplifica esta circunstancia es el alimentario. Los sectores cartelizados buscan generar, aun a través de precios cuidados, situaciones ventajosas. El tema de la leche es grosero, con precios cuidados, la semana pasada estaba en $ 25,50 el precio de góndola y entran la semana que viene a este nuevo programa con $ 35, un 40% de aumento. Este es un ejemplo patético de que estas cosas no funcionan, porque aumentan previendo inflación.

El ingreso a precios cuidados hace que las empresas, que saben que les van a congelar los precios, los suban antes de ingresar. Esto, a su vez, genera un adelantamiento de la inflación. Por eso, el programa no luce muy efectivo a priori.

Mediciones. Cuando la inflación se torna de dos dígitos, empieza a generarse un cambio en los precios relativos. Esto significa que no hay relación entre los precios del pan lactal con el de la leche, o el de la carne con el de las verduras, porque se empieza a perder la percepción de cuál es el precio de mercado. Esto es fundamental para la ley de oferta y demanda, que en nuestro país no funciona, ni con los alimentos ni con el dólar. Argentina es procíclica, cuanto más sube el dólar, más lo consume la gente.

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Esto impacta sobre los sectores de menores recursos, que han tenido una inflación del 64% en los últimos 12 meses y no han tenido ajustes salariales acordes con esto. Con esta inflación se ha producido un empeoramiento de los niveles de pobreza, subió un punto más.

Las encuestas que tiene el Gobierno contienen resultados cada vez peores para Macri. Cristina Fernández de Kirchner hoy gana. El cuco de CFK ha dejado de ser un amuleto electoral. Y esta novedad es devastadora para Cambiemos. “Si callara de aquí al día de la elección, las chances reales de la ex presidenta crecerían sin parar”, expresa un analista independiente.

La aparición de Roberto Lavagna sigue complicando al oficialismo. También complica a Sergio Massa y a Alternativa Federal. Massa ha quedado absolutamente desperfilado y con un complejo problema en sus bases. No son pocos los que le piden rehacer sus vínculos con CFK.

El país se debate entre dos alternativas principales: el kirchnerismo y el macrismo. Las dos alternativas son sinónimo de fracaso. Penoso presente de un país potencialmente rico que le da vigencia a una de las célebres frases de José Ortega y Gasset: “Acaso lo esencial de la Argentina es eso… ser promesa”.

Produccion periodística:
Lucia Di Carlo.


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